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Archivos diarios: marzo 10, 2012

Steve Jobs no se equivocaba cuando comentó que: “Nuestra creencia es que si seguimos poniendo grandes productos frente a los clientes, estos seguirán a abriendo sus billeteras”.

Además de las incontestables cifras de venta de Apple y de sus rotundos éxitos continuados, hay otro hecho objetivo y es que la capitalización bursátil de Apple supera a la que tienen Google y Microsoft juntos.

La estrategia es simple: Este tipo de beneficio tan rotundo viene a través de la calidad del producto y de la experiencia de usuario (y cumplimiento de sus expectativas) y no a través de otras políticas (productos de menos calidad a menor precio).

Con esas otras políticas también se puede ganar dinero, pero la competencia en ese segmento es mucho mayor y los márgenes de beneficio menores, ya que ante productos de calidad similar decidirá el precio en la mayoría de los casos.

En el desarrollo de software, existe una mediocridad (y tal vez sea incluso generoso con este apelativo) generalizada, basada en productos software de mala calidad que se encuentran alejados de las expectativas del usuario y obtenidos en un contexto de desgaste en los proyectos entre cliente y proveedor.

En este mundo que entre todos hemos creado, se ha convertido el precio en el elemento que marca la diferencia, lo que a su vez repercutirá con el paso del tiempo en una reducción de ese estándar de calidad y en consecuencia de la visión que tiene el mercado respecto de nuestros trabajos.

Quien haya trabajado en proyectos de desarrollo de software y sepa la problemática real de los mismos no se plantea tanto los hitos económicos como el nivel de calidad del producto porque sabrá que al final un producto de calidad deficiente terminará costando muchísimo más dinero que uno de gran calidad (y no solo por el coste directo del mismo, sino también por el impacto que tiene en la producción la utilización de un producto ineficiente y con errores).

Cuando la contabilidad en los proyectos se convierte en un mantra se corre el riesgo que los componentes del equipo pierdan su enfoque en el producto y se centren en los números.

Si en el equipo hay personas que son nuevas en este negocio, desde su inicio se le está marcando con fuego que lo que importa es que el proyecto sea rentable y que lo demás es secundario.

Quienes se hayan criado en la cultura del producto se sentirán frustrados cuando se les pida explícita o implícitamente que vayan terminando, incluso sabiendo que van a existir funcionalidades que no se van a entregar o que se sabe que no funcionan. Quienes se hayan criado en un ambiente libre de basura vivirán muy incómodos en un ambiente que genera basura.

El problema no es tener presente los números, es necesario hacer un seguimiento de los mismos, el problema es cuando el proyecto gira alrededor de los números y no del producto.

Es cierto que cuando un proyecto está mal vendido o cuando las condiciones impuestas por el cliente son muy negativas se produce un desequilibrio importante si se quiere aplicar la cultura del producto, ya que ir hasta las últimas consecuencias, lo cual es una apuesta muy importante y arriesgada, te puede traer consigo un proyecto con unos resultados catastróficos y esto en determinadas organizaciones puede suponer tener que despedir a gente, cuando no poner en juego su propia viabilidad.

¿Qué se hace en estos casos? La respuesta es difícil.

En primer lugar lo que hay que entender es que se tome la decisión que se tome, se trata de una decisión en el ámbito de un proyecto, es decir, si una organización o un equipo de proyecto tiene una cultura de trabajo orientada al producto, una actuación concreta no tiene por qué en tela de juicio una trayectoria.

Sin embargo hay que tener en cuenta dos cosas: Cuando se acumulan las excepciones se crea una trayectoria y que crear un precedente puede ser peligroso

En segundo lugar hay que analizar qué supone para la organización unas pérdidas en ese proyecto, ¿qué vale más el dinero que se va a perder o no seguir una estrategia y filosofía general de calidad en el producto?.

En tercer lugar hay que tratar de reconducir el proyecto en consenso con el cliente, habrá muchos que no acepten una renegociación (y en muchos casos estarán en su derecho, sobre todo si el precio no lo han puesto ellos) pero habrá otros que estarán dispuestos a poner de su parte para que el proyecto esté más equilibrado.

En cualquier caso, incluso en las circunstancias más extremas es necesario intentar conseguir la satisfacción del usuario o por lo menos aproximarnos a ella, eso es algo que no se debe despreciar nunca, hay que intentarlo, poner lo mejor de nosotros para conseguirlo, pero para eso es necesario creer en una cultura orientada a la calidad del producto.