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Archivos diarios: marzo 16, 2012

Comenta Jay Elliot en el libro “El camino de Steve Jobs” que gran parte de la culpa de los fracasos o errores que tuvo Steve Jobs a lo largo de su trayectoria profesional fueron debidos a su creencia de que era infalible.

Precisamente uno de los mayores riesgos del éxito es creerse que uno es infalible y que ha encontrado las recetas para todo.

Creernos infalibles afecta a nuestra capacidad de análisis de las situaciones (total, ya sabemos la respuesta de todo), a nuestra capacidad de análisis del riesgo (total, no nos vamos a equivocar) y a nuestra capacidad de escuchar.

Conozco a mucha gente que se dedica al desarrollo de software, muchos de ellos excepcionales profesionales y con una gran aptitud y actitud, sin embargo no conozco a nadie que sea infalible, por eso si en algún momento te lo llegas a creer, te aconsejo que adquieras un enfoque más humilde.

Ser infalible en el desarrollo de software implica, entre otros muchísimos factores, dominar la incertidumbre y eso no se puede conseguir.

Hay una cita de Steve Jobs que refleja sin lugar a dudas la importancia que daba a la calidad y al diseño (aunque en realidad para él los dos conceptos eran parte de lo mismo): “Para poder dormir bien por la noche, la estética, la calidad, tiene que ser llevadas hasta el final”.

Steve Jobs tenía menos de treinta años y más de cien millones de dolares cuando lo dijo.

¿Cómo marcar la diferencia ante un mercado tan competitivo como el de la prestación de servicios de desarrollo de software? A través de la calidad.

¿Qué es algo evidente? Lo es, pero no debe ser tan fácil cuando se entregan los productos que se entregan y el prestigio de nuestra profesión está por los suelos.

¿No notas que esté por los suelos?, ¿has comparado tu sueldo con el de otras profesiones?, ¿qué crees que piensan de nosotros los departamentos no TIC de una organización?.

En la mayoría de los casos los resultados que se obtienen en un proyecto o en general en la actividad que se desarrolla con clientes o con proveedores son consecuencia del mensaje que se transmite.

Transmitimos mensajes a miembros de nuestros equipo, a otros miembros de nuestra organización, al cliente, al proveedor y no todos ellos a través de la palabra, sino también a través de nuestros actos.

Y tan importante resulta lo que se dice como lo que no se dice.

Aunque pueda parece lo mismo no es lo mismo decir “tenemos que terminar este trabajo” que “tenemos que terminar este trabajo bien” o “nuestro objetivo es que el proyecto rentable” que “nuestro objetivo es que el proyecto sea rentable y cumplamos con las expectativas del cliente”.

Y lo peor de todo esto es que lo mismo das por entendidas muchas cosas y transmites un mensaje equivocado sin pretenderlo.

Al final este tipo de frases, a veces con unas palabras otras veces con otras se terminan repitiendo como un mantra en el proyecto y aunque parezca que es inofensivo, no lo es, al final si el objetivo es terminar el trabajo ese será el motor que mueva al equipo (¿acaso el mensaje dice otra cosa?), eso sí, que esté bien es otra historia.

¿Y los actos?, ¿cuántos venden una cosa y después se comportan de otra?.

Es muy importante saber qué se quiere transmitir y cómo transmitirlo a la vez de ser coherente con el mensaje.