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Archivos diarios: abril 1, 2012

El desarrollo de software no puede quedar entre las cuatro esquinas de una hoja de cálculo, debe ir más allá que cualquier herramienta de gestión de proyectos, incluso si me apuráis el límite debería trascender cualquier relación contractual.

Se desarrolla por personas para personas, lo demás son medios, contextos y restricciones.

Cuando el desarrollo pierde esta esencia y se convierte en algo regido por procesos que consideran a las relaciones entre personas como un elemento secundario, las posibilidades de que el proyecto salga mal se multiplican.

El problema no son los procesos, salvo que estos se hayan definido de espaldas a las personas y de espalda a la realidad del desarrollo de software, algo que desgraciadamente ocurre demasiado a menudo, sino muchas veces el problema se encuentra en la interpretación que se hace de los mismos.

Cuando el desarrollo se centra en el control económico del proyecto estamos desviando la atención de los verdaderos objetivos y se transmite un mensaje equivocado. Claro que hay que controlar los gastos en un proyecto, por supuesto que hay que controlar lo que cuestan los cambios, pero el proyecto no se puede ver a través de ese filtro porque limitas muchísimo tu margen de visión y distorsionas la realidad.

No basta con creer en una forma concreta de desarrollar software. Se requieren ganas, se requiere motivación.

Como he dicho en muchas ocasiones la motivación no tiene por qué tener relación directa con una contraprestación económica sino que va más allá de todo eso. De hecho, es cierto que trabajamos por dinero, yo no trabajaría gratis, entre otras cosas porque no me lo puedo permitir, pero también lo es que si solo trabajara por dinero no tendría la fuerza, la motivación de intentar sacar adelante los proyectos en los que participo (digo intentar porque no todos, tal vez demasiados, salen como me gustaría).

No soy un robot, ni lo seré jamás, por supuesto que he pasado por momentos en los que solo trabajaba por dinero, es posible que el mes que viene o el otro pueda pasar por una racha similar pero pienso en esos momentos como algo gris, como algo triste, en los que he mejorado profesionalmente y lo que es peor, no tenía deseos de seguir mejorando. Seguía haciendo mi trabajo, seguía esforzándome al máximo, pero profesionalmente me encontraba vacío.

La motivación como decía no es cuestión de creer en una filosofía de desarrollar software, sino de sentir que lo que haces sirve para algo.

Pero todo tiene unos límites, Steve Jobs se autoimpuso un sueldo de un dolar al año cuando volvió a Apple (independientemente de lo que cobró por la venta de NeXT y de la prima por volver) y pasado un tiempo pidió que se le recompensara de alguna manera por su esfuerzo y por sus resultados y se quejaba de que tuviera que haber salido de él esa iniciativa y no del seno de la propia empresa (Jobs mantuvo ese salario hasta que tuvo que dejar la compañía aunque recibió premios, más que merecidos, por el éxito de su trabajo y por encima de eso un reconocimiento como pocos han tenido jamás por su labor profesional).

Tenemos que tener una motivación pero también sentir que nuestro esfuerzo, nuestra dedicación, ¿por qué no decirlo? nuestro sacrificio, es valorado por la organización a la que pertenecemos. Es de justicia que si damos lo mejor de nosotros mismos, si obtenemos resultados, también, de alguna manera nos beneficiemos.

Los baches en los que pierdo la motivación son precisamente como consecuencia de no sentir que recibo lo que doy, pese a reconocer que soy un privilegiado y sentirme bien pagado, pero sentirse valorado no es solo cuestión de dinero. El tiempo que salgo en salir de esos baches es el tiempo en que tardo en encontrar un reto que vuelva a motivarme y/o el tiempo que tardo en volver a convencerme de que necesito seguir evolucionando profesionalmente.