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Archivos diarios: abril 15, 2012

Dentro de la mediocridad generalizada existente en el desarrollo de software (afortunadamente existen excepciones y cada vez son más) en la que la mentalidad que predomina es ejecutar trabajo sea como sea (de manera real o virtual, es tan doloroso como habitual lo de virtual) para facturar cuanto antes el importe del proyecto y pedir una ampliación, dejando en un segundo o tercer plano (cuando no aparcadas) las expectativas del cliente o del usuario, resulta normal que muchas organizaciones no tengan en su plantilla especialistas en testing y en integración para los proyectos que desarrollan para terceros (aunque paradójicamente ofrezcan en muchos casos esos servicios a terceros).

Es cierto que hay equipos de proyectos de alto nivel y con gran experiencia en determinados tipos de desarrollos que si tienen buenos hábitos podrían ser autosuficientes pero, ¿es eso lo normal?, ¿podrían tener estos equipos más rendimiento con un especialista en testing y en integración que colaborase con ellos?.

Como es bastante frecuente que los propios errores en los productos que se entregan vuelvan a ser imputados al cliente (de alguna u otra forma), los que miran el proyecto desde una hoja de cálculo y no a los ojos de los usuarios no terminan de darle la importancia que tiene que te devuelvan una entrega o que te entreguen un listado interminable de incidencias.

Sin embargo, los clientes están evolucionando y más en una circunstancia de crisis como esta y ya no se muestran tan flexibles y generosos en las negociaciones, lo que provocará un impacto económico en el proveedor que si además no responde bien (que no lo hará si tiene grabada en su cabeza una actitud contable y no una actitud responsable) terminará por perder el cliente.

Tener este tipo de especialistas tiene un coste, también unos beneficios (si se integran bien en el proceso de producción) pero es necesario antes de afrontar este tipo de contrataciones, las características de los proyectos con los que vas a trabajar, su duración y la evolución prevista del negocio.

El software nunca resolverá problemas relacionados con la organización y sus procesos. Cada problema debe arreglarse en el nivel que le corresponde y por las personas y departamentos que tienen la responsabilidad adecuada.

No se puede esperar que un sistema de información resuelva los problemas que las personas no quieren o no pueden solucionar.

Si en una organización no se ponen de acuerdo sobre cómo debe ejecutarse un determinado proceso o existiendo unas normas específicas se incumplen de manera sistemática no se debe esperar que el software solucione ese problema por mucho que se defina en él las acciones que se tienen que realizar y los datos que se tienen que grabar.

Salvo que la organización se ponga muy seria y de instrucciones precisas y tome medidas en caso de incumplimiento de las mismas o los usuarios o determinados grupos de ellos terminarán haciendo exactamente lo mismo que hacían antes de tener el nuevo sistema de información.

Se han tirado muchos millones de euros en muchas organizaciones por no resolver el problema de fondo antes de buscar una solución informática que gestione el proceso o procesos.

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