La fragmentación como obstáculo para la expansión de la firma electrónica

¿Por qué algo que a todas luces es beneficioso e incrementa la productividad en las organizaciones y en las relaciones entre ellas y sus clientes (sean otras empresas o particulares) no termina de extenderse de manera generalizada?.

Los motivos pueden ser muchos. Yo no soy un profesional del mundo de la firma electrónica y los certificados digitales por lo que lo más probable que aquellos que se dedican directamente a esto tengan un criterio más acertado y sólido que el mío.

Un problema importante que nos solemos encontrar cuando queremos realizar la firma electrónica o la autenticación es la fragmentación tan importante que existe en el software que permite hacer estas funciones, algo que podemos notar sobre todo en su compatibilidad con los navegadores. Es decir, para una organización concreta hacer un trámite implica una conjunción planetaria para instalar una versión de navegador que te permita realizarlo (probablemente una versión obsoleta del que ya utilizas u otro navegador que juraste desterrar para siempre jamás de tu sistema operativo), después de haber conseguido esta magia, toca de nuevo hacer un sortilegio cuando vayamos a intentar hacer otro con otra organización.

Es evidente que tener una amplia matriz de compatibilidad con los navegadores es una ventaja competitiva para este tipo de software y que todas las empresas que se dedican a esto invierten en esto, sin embargo los clientes de las mismas, sobre todo si se trata de administraciones tardan en recibir e instalar las actualizaciones, entre otras cosas por la fragmentación que existe en las mismas en relación a los servidores locales que tienen instalados.

Otra ventaja competitiva de las empresas de este sector podría ser minimizar el tiempo que existe entre la liberación de una nueva versión del software y su instalación en el cliente con el menor impacto posible (a ser posible nulo) sobre el software que hace uso de los servicios de autenticación y firma electrónica.

Sin embargo los propios acuerdos de licencia que se suelen establecer favorecen la fragmentación ya que suelen restringir las actualizaciones del software, obligando a volver a realizar un nuevo contrato de licencia tras una evolución significativa (o tal vez no tanto) del producto.

Es lógico que las empresas quieran ganar dinero pero a veces lo que se gana por un lado se pierde por el otro, ya que este tipo de circunstancias no favorecen ni mucho menos la expansión del negocio.

Otro aspecto que se suele olvidar es que el ciudadano de a pie está acostumbrado a que documentos serios tengan una rúbrica, eso da legitimidad al documento desde el punto de vista psicológico. Eso está impregnado en la sociedad y dudo muchísimo que a corto/medio plazo eso varíe.

No se trata de emular la rúbrica, en cierto modo eso ya se hace con el “sello de firma” que se suele colocar en los documentos que se han firmado electrónicamente cuando son descargados o se envían a una persona o entidad concreta, entonces, ¿dónde está el problema? pues en la escasa capacidad que tiene el receptor del documento en un formato físico de verificar si efectivamente ese documento es válido o no, en unos casos porque no se ofrece esa posibilidad y en otros por la fragmentación existente en este tipo de sistemas, lo que te obligaría a tener que llamar a prácticamente tantas “puertas” distintas (en el caso de que las haya) como entidades u organizaciones de las que has recibido este tipo de documentos.

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