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Archivos diarios: julio 8, 2012

A nadie le amarga un dulce y si nuestra organización tiene a bien pagarnos más u ofrecernos recompensas por determinados objetivos no pondremos mucha resistencia.

Realmente no está el problema en la recompensa en sí sino en nuestra posible adicción a las recompensas ya que tal vez si en el siguiente trabajo no la hay nuestra motivación posiblemente no sea la misma.

La expectativa de recompensa (si es significativa) normalmente tiene un efecto inmediato entre las personas afectadas pero su efecto termina cuando se obtiene (o tal vez, poco tiempo después).

Estoy absolutamente a favor de recompensar (y bien) a los trabajadores por la consecución de objetivos pero estos no deberían limitarse a tareas concretas sino a una visión más a largo plazo ya sea mediante el establecimiento de objetivos anuales que se pueden combinar con objetivos por el resultado de proyectos. Las recompensas por tareas concretas deben ser muy justificadas y en circunstancias excepcionales (no hay que cerrar la puerta a la excepcionalidad porque puede haber situaciones que hagan aconsejable aplicar este tipo de recompensas).

Estoy totalmente en contra de las políticas donde no se recompense de manera especial el trabajo bien hecho porque la consecución de objetivos no debe beneficiar solo al empleador, los empleados agradecen estos detalles. De lo contrario estamos igualando tanto a los que cumplen como a los que no cumplen y no es justo, ya que los que consiguen buenos resultados verán como su esfuerzo ha tenido la misma recompensa que quien no se ha sacrificado tanto y/o no ha estado tan acertado y los que no han cumplido podrán interpretar todo esto con el famoso nunca pasa nada (y lo peor de todo es que es cierto, casi nunca pasa nada, solo ahora con la crisis económica devorando todo lo que se encuentra, sí pasan cosas, pero habría que analizar cuanta culpa de la falta de competitividad y productividad de nuestras organizaciones tiene el haber aplicado políticas de punto gordo en donde se trate igual a quien se implica y obtiene resultados como a los que no).

Sin embargo el dinero no lo es todo. También es muy importante sentirse cómodo en la organización, creer en la misma, creer en sus jefes, en sus compañeros y en en su trabajo, que existan retos interesantes, que puedan vislumbrar una carrera profesional, que puedan apreciar que su esfuerzo tiene un impacto en los clientes y/o en la propia organización.

De hecho para muchas personas todo esto es mucho más importante que el dinero ya que buena parte de nuestro tiempo lo pasamos en nuestro trabajo y también una parte del tiempo que estamos fuera pensamos en él.