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Archivos diarios: julio 14, 2012

No hace mucho publiqué un artículo en el que analizaba la siguiente cita de Dwight David Eisenhower: “En la preparación para la batalla siempre he encontrado que los planes son inútiles, pero la planificación es indispensable”.

Hay otra cita que encontré hace poco que va en la misma línea. En este caso es del mariscal de campo alemán Helmuth von Moltke the Elder, considerado por muchos como uno de los mejores estrategas militares del siglo XIX: “Ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo”.

La realidad sobrepasa a la teoría y la forma y el tiempo en que nos adaptamos a ese cambio que resulta necesario para realizar ese ajuste condicionará, tanto al momento presente como al resto del proyecto. Las condiciones de partida que pensamos que van a existir después no van a ser tales por muy consolidadas creamos que van a ser por ese motivo hay que tener mucho cuidado en definir planes que condicionen nuestra capacidad de adaptación.

No hay que despreciar el importante feedback que nos proporciona la aplicación de técnicas de integración continua y de automatización del testing en un proyecto de desarrollo de software.

Es un feedback diferente al que proporcionan los usuarios (centrado fundamentalmente en aspectos funcionales y de experiencia de usuario) pero no por ello se debe considerar irrelevante ya que informa precisamente de si el software se está alejando o no de ese comportamiento funcional que se espera se tenga y esa desviación se puede producir en diferentes niveles, desde el unitario, pasando por la integración y terminando en el sistema (da mucha confianza saber que lo que vamos construyendo es coherente y que no está estropeando nada de lo ya implementado).

La integración continua y la automatización del testing requieren un esfuerzo (que hay que medir bien en función de la naturaleza del sistema que se está desarrollando) que obtiene su retorno de la inversión en la detección rápida de errores y en la disminución o erradicación (en función del nivel de alcance del testing) de efectos colaterales y que no requiere, una vez implementado, ningún tipo de intervención humana, más allá de los mantenimientos que sean necesarios realizar o de la corrección de las incidencias y problemas que sean detectados a través de los mismos.

De poner tantas veces la otra mejilla se termina cansando uno. Que pese a todo no levantes el pie del acelerador, te sigas formando por tu cuenta y sigas poniendo todo el empeño en hacer las cosas lo mejor posible (pese a que veces se tenga más éxito y otras menos) habla bien de uno mismo pero todo tiene un límite.

Si uno va poniendo la otra mejilla es porque como profesional que es, termina anteponiendo el compromiso que se tiene consigo mismo, con sus compañeros y con las personas afectadas por tu trabajo. Ese compromiso es fuerte si se entiende que existen más personas en el mundo que uno mismo (coas que no todo el mundo sabe).

Pero llega un día donde no hay más cara que poner porque en cada golpe se han ido llevando un trozo de la misma.

Uno puede entender que por el bien de tu organización es conveniente hacer sacrificios, más allá del que haces todos los días intentando sacar proyectos complicados adelante, pero lo que uno no entiende es cómo las mismas políticas se aplican a todos, tanto a los que se dejan la piel cada jornada como a los que aprovechan cualquier situación para evadir sus responsabilidades y sus tareas.

Eso de entender a la masa laboral como un ente único es demoledor para la productividad de las organizaciones, esa media aritmética no hace más que empobrecer a la misma. Y todavía peor que eso es cuando las excepciones las encontramos no en quiénes hacen mejor su trabajo sino en quienes tienen mayor o mejor relación con personas clave. Cada vez que sucede esto es como si te golpeasen en la mejilla y sobre la herida te echasen sal y limón.

Ser tratado como si fueras el culpable de todo cuando lo único que has hecho es hacer tu trabajo de la mejor manera posible es muy duro. Más todavía cuando te tratan así por segunda vez y más cuando lo hacen por tercera vez y cuando tienes conciencia de que no será ni la antepenúltima, ni la penúltima, ni la última vez.

Uno puede poner todo de su parte para intentar ser productivo porque además de salir de uno se cree en ello pero la productividad requiere ser alimentada, somos seres humanos y pese a que el mejor reconocimiento es el que se tiene de uno mismo y de los que realmente conocen tu trabajo tenemos necesidades que deben ser cubiertas cada uno en el nivel donde se ponga el listón.

A veces no entiendes nada pese a que en realidad lo entiendas todo.