Desarrollo de software. Abarcar demasiado nunca fue bueno

En estos días previos a las vacaciones una vez que se ha dejado encarrilado (gracias a todo el equipo de personas que trabaja conmigo) el que va a ser el primer sprint del sistema de información que prácticamente ha ocupado la mayoría de mi tiempo en estos últimos meses (realmente la definición del sprint es relativamente reciente pero antes hubo que trabajar mucho para que el proyecto se pudiera hacer con el enfoque que va a tener) me he dado cuenta que, por mucho que lo haya intentando, la mayoría de los otros proyectos en los que estoy metido se han visto afectados.

Tocaba priorizar y lo he hecho. También he interrumpido mis tareas en el proyecto más prioritario o he intercalado otras tareas cuando ha sido necesario pero no ha sido suficiente, al menos para el nivel de calidad que me gustaría haber alcanzado.

Ahora toca intentar poner las cosas otra vez en su sitio y afortunadamente voy a contar con días suficientes (si los aprovecho bien) como para volver a reenfocar buena parte de las tareas que habían quedado fuera de lugar. No se trata de hacer magia, hay que volver a priorizar, estudiar el estado actual de cada proyecto y de tomar decisiones, de asumir las responsabilidades que tengo en cada uno de ellos. En algún caso me equivocaré, en otros acertaré y espero que la suma e impacto de los aciertos superen a los errores.

Si no hubiera dedicado tiempo al resto de proyectos (aunque no haya sido el suficiente) esto sería mucho más complicado ya que requeriría un mayor nivel de estudio conocer el estado actual del proyecto y que lo ha llevado a él.

He tenido suerte, si el cierre del primer sprint hubiera sido más tarde me hubiera marchado de vacaciones y todos esos problemas hubieran quedado pendientes para mi vuelta, cuando sin respiro tendré otra vez que centrar mi atención en el proyecto prioritario. ¿Resultado? Evidentemente no podría ser bueno.

Todos tenemos un límite a partir del cual el efecto negativo en los proyectos crece sin medida (como en el Tetris cuando se empiezan a acumular piezas). Yo no tengo un límite mayor que el que puedas tener tú, no soy nadie del otro mundo, solo un profesional de este negocio.

Mi límite está superado y lo único que puedo hacer, porque no hay otra opción, es intentar llevarlo de la mejor manera posible tratando de equivocarme menos, buscar soluciones más simples, ser más práctico y escuchar más, dejándome aconsejar y ayudar por las personas que trabajan conmigo (sin ellos sería imposible) sabiendo que efectivamente abarcar demasiado no es bueno.

Otro capítulo interesante sería analizar por qué llegamos a sobrepasar los límites: Puede ser ambición, la falta de desapego de los sistemas de información con los que hemos trabajado, una mala política de sistemas de información de una organización (demasiados sistemas que gestionar), circunstancias sobrevenidas, proyectos más complejos de lo inicialmente previstos, reducción del presupuesto TIC, etc… o la suma de todos esos factores y algún otro más.

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