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Archivos diarios: noviembre 1, 2012

La rigidez en los procesos afectan por regla general a la autonomía de las personas que trabajan con los mismos. Tiene su lógica, más procedimientos y mayor nivel de detalle suele ser equivalente a un menor margen de maniobra.

Puede resultar razonable procesos rígidos en contextos donde el trabajo sea mecánico, de hecho el siguiente paso a eso sería la cadena de montaje donde cada secuencia en el desarrollo de un producto está mecanizada y si hay intervención humano está tremendamente reglada.

Trabajar en un contexto de este tipo donde la autonomía y la creatividad están limitadas o son inexistentes no resulta sencillo, al menos, para mi no lo es. En estos casos el trabajo se convierte en un automatismo en el que hay que tener el aguante suficiente para hacer lo mismo un día sí y otro también.

Sé que hay quienes se sienten cómodos con este tipo de trabajos: se ha adquirido un conocimiento y/o una habilidad y se pone en práctica todos los días, no hay que ir más allá ni tener otro tipo de preocupación que producir en cantidad y en calidad lo que tu organización te haya marcado. Se termina la jornada laboral y mañana será otro día.

Incluso quienes se sienten cómodo con estos trabajos no encuentran más aliciente en el mismo que el propio sueldo, es decir, el trabajo en sí no les supone ningún aliciente más.

El desarrollo de software es diferente siempre y cuando no estés encorsetado en el proceso.

Los procesos son necesarios, proporcionan un background común a los proyectos, ahora bien, deben ser flexibles y no meterse en demasiado nivel de detalle. Armonizar los trabajos resulta interesante pero no debe condicionar los proyectos si hay circunstancias que justifican una desviación de los procesos establecidos (circunstancias objetivas y no caprichos personales).

Procesos rígidos además de afectar a la propia adaptación al cambio afectan a la autonomía que los desarrolladores necesitan para hacer su trabajo con un mayor nivel de motivación y con un mayor enfoque en el problema o problemas con los que se está trabajando: la atención está en el producto y no en el proceso.

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El desarrollo de software es cuestión de contextos. Los proyectos se desarrollan en contextos que pueden variar a lo largo de su ejecución. Trabajas en el contexto de una organización, en el contexto de un tipo concreto de clientes, etc…

Una cualidad muy importante que debemos tener los desarrolladores de software es la humildad. Nos cuesta ser humildes, tal vez consigamos dar esa imagen hacia afuera pero en nuestro foro interno pensamos otra cosa. Generalmente cuando nos falta humildad la realidad está ahí fuera para darnos fuerte y cuanto más alto pensemos que estamos más dura será la caída.

Puedes ser muy bueno pero no serás muy bueno en todos los contextos o por lo menos tardarás años en alcanzar ese nivel (si tienes la oportunidad de adquirir experiencia en esos contextos) y por supuesto nada te garantiza el éxito.

Es importante tener eso presente porque cuanto más conscientes seamos de eso más centrados estaremos en el proyecto. El exceso de confianza no es bueno (como tampoco lo es su falta) ya que pierdes el enfoque en el proyecto y tomas decisiones sin contar con toda información (en muchos casos, la opinión de tus compañeros que viven más de cerca el proyecto o que llevan más tiempo trabajando en ese contexto).

No lo olvides, ser bueno en un contexto no te garantiza serlo en otro. Las condiciones no son las mismas aunque existan determinados elementos en común. Necesitarás adaptarte a ese nuevo entorno y eso requiere tiempo.

La innovación supone la ruptura de modelos establecidos y como toda ruptura tendrá detractores y se encontrará con una resistencia que será complicada de superar y que persistirá más allá de que la innovación se haya llevado a la práctica.

Después habrá una fiscalización de los resultados, no lo dudes y no bastará con unos primeros resultados prometedores, sino que durante bastante tiempo se estará comparando el coste del cambio y sus consecuencias con la situación anterior o con otros posibles escenarios de innovación que no se contemplaron.

Innovar no siempre supone acertar de igual forma que todo cambio no necesariamente tiene que ser para mejor. Existe ese riesgo y hay que valorar si efectivamente vale la pena afrontarlo y si la solución que se va a aplicar va a producir el esperado retorno de la inversión.

El mundo está en movimiento por lo que si no nos movemos con él estamos condenados a quedarnos atrás. Innovar plantea un riesgo pero permanecer parado un riesgo todavía mayor. Incluso si tienes la hegemonía en un sector concreto del mercado tienes los días contados si no apuestas por innovar, por hacer tus productos cada vez mejores, por adaptarte a los cambios en el gusto de los consumidores y por sacar nuevas soluciones al mercado.

Por tanto, para innovar hay que vencer las resistencias internas que se sienten cómodas (y pueden tener razón) por cómo están ahora las cosas y por otro lado ser mejor que la mayoría de tus competidores (y si puedes ser, el mejor) y el más rápido (si llegas tarde es mucho el camino que tendrás que remontar).

¿En qué circunstancias sueles entrar con más frecuencia en lo que los estudiosos de la productividad llaman “la zona”?, ¿suele coincidir con la resolución de problemas en los que te han dado un cierto grado de autonomía y que suponen un reto personal superarlos?, ¿suele coincidir con aquellos momentos en los que aplicas tu creatividad para dar solución a un problema o a una tarea?.

Cuando en el artículo anterior hablaba de entornos que te llenasen profesionalmente estaba refiriéndome precisamente a aquellos en los que se fomente la autonomía y la creatividad (dentro de los límites del trabajo que estás desarrollando, ya que como en otros muchos campos el exceso, en este caso, de creatividad puede dar lugar a muchos problemas).

Esa mayor autonomía hay que ganársela (y mantenerla) y eso se consigue a base de conseguir resultados dentro de los márgenes de responsabilidad que te vayan asignando.

Te pedirán unos resultados, existirán unas ciertas reglas del juego (procesos, condiciones contractuales con el cliente, etc…) y unos ciertos puntos de control (que serán más frecuentes y con más detalle en función de la naturaleza de los trabajos y del grado de autonomía que te hayas ganado).

¿No prefieres trabajar en un entorno así?, ¿no te importa eso y sí el sueldo que recibes? Cada cual tiene en la vida unas prioridades y las respeto, este artículo y el anterior los publico con el objetivo de que reflexionemos sobre esto.

Nuestro primer instinto puede ser intentar conseguir el mayor sueldo posible pero pasado un tiempo se empiezan a valorar más otras cosas si estás en un trabajo en el que no progresas (y no me refiero necesariamente a conseguir ascensos), en el que todos los días hay una crisis o en el que estás encorsetado y no tienes prácticamente margen de maniobra no es precisamente el sueldo lo que tiene más importancia. Es posible que el salario que cobres, la situación del mercado laboral o tu situación personal te tengan atado a tu organización pero probablemente si tuvieras la oportunidad aceptarías irte a otro entorno laboral que te llenase más profesionalmente incluso cobrando menos (siempre y cuando se supere el umbral de lo que consideras necesario para vivir).

Motivar con dinero es cortoplacista y crea adicción. En un entorno de estas características siempre se va a querer más dinero porque es lo que se fomenta. Si no se recompensa con dinero el rendimiento termina resintiéndose porque al fin y al cabo el trabajo se convierte en un instrumento para conseguir dinero y pierde importancia en sí mismo.

¡Claro que el dinero es importante! pero utilizarlo como un suplemento vitamínico para conseguir un mayor esfuerzo por parte de personas o equipos concretos es muy peligroso: en primer lugar por lo comentado en el párrafo anterior (se pierde el enfoque en el trabajo y se centra en el dinero) y en segundo lugar porque hay que conocer muy bien el trabajo que realiza cada uno para dar unas recompensas que sean justas y eso es muy difícil. Si se hace mal, la injusticia afectará al rendimiento de todos aquellos que piensen que esa persona no se merece la recompensa (y salvo casos muy claros, siempre habrá quien piense eso incluso cuando el premio sea más que merecido ya que no todo el mundo sabe con suficiente nivel de detalle qué es lo que hacen todos los demás).

¿Cómo solucionar este problema? No es sencillo. Para empezar estoy totalmente convencido de que creando un ambiente de trabajo que favorezca la realización profesional de las personas (que te llene): autonomía, desarrollo profesional, etc… y con un sueldo que supere el umbral que una persona tiene para considerar que puede vivir bien, el deseo por ganar más dinero se aplaca o, al menos, queda en un segundo plano

¿Donde se sitúa ese umbral? Para cada uno es distinto ya que cada cual tiene sus propias expectativas en ese sentido. Hay quien se conforma con más y quien se conforma con menos. La organización debe crear ese entorno laboral y tener como base unos sueldos que superen la media del mercado (en mi opinión, si se tiene personal bien formado, comprometido y motivado es mucho más rentable que tener a personal menos cualificado cobrando una miseria, se trata por tanto, de una apuesta por la productividad y no de una simple contención de gastos).

Trabajar en un entorno así es un privilegio y tanto para entrar como para permanecer en él se requiere cumplir con unas expectativas. Importa el presente sobre los logros pasados, los cuales te pueden dar algo de crédito pero este no puede ser ilimitado.

Es compatible todo esto con una progresión en tu carrera profesional que te pueda reportar otros beneficios que pueden ser desde aumentos de sueldo a tener parte de la jornada semanal o mensual para proyectos propios. Hay muchas fórmulas. También existirá la posibilidad de regresión, si no cumples con las expectativas puedes volver a la situación de partida o salir de la organización.

También es compatible con recompensas puntuales, ¿por qué no?, siempre que sean puntuales y justas, en este caso lo importante es que los resultados no sean consecuencia de la recompensa sino que la recompensa sea consecuencia de los resultados.

El dinero es importante pero pasamos tanto tiempo en el trabajo y llevamos tanto tiempo el trabajo en la cabeza que no es lo más importante una vez que podemos satisfacer nuestras necesidades básicas y nos podemos permitir algún que otro capricho. Eso permite centrarnos en el trabajo si realmente el mismo nos llena, el propósito por tanto, no es solo ganar dinero, sino mejorar: nosotros, la sociedad, el cliente con el que trabajamos, etc…

¿Qué hay quiénes quieren más y más? Hay muchas empresas donde si tienes éxito y aguantas (más lo segundo que lo primero) puedes ganar más dinero, cada cual debe elegir lo que cree que le resulte más conveniente (como decía antes, el listón sobre nuestras necesidades económicas es distinto para cada uno).

¿Qué hay quienes quieren otros trabajos donde el nivel de exigencia no sea tan alto? También existen otro montón de posibilidades.