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Archivos diarios: diciembre 23, 2012

Una sesión de Brain storming tiene como objetivo la generación de nuevas ideas ya sea para resolver un problema o para generar nuevas alternativas de negocio. Es un proceso constructivo.

El Blame storming no tiene como objetivo construir, solo sobrevivir (mantener un status o un puesto de trabajo), a nivel individual o de un conjunto de personas, justificando actuaciones que han fracasado echando la culpa a terceros (personas concretas, clientes, proveedores o el entorno) de todo lo que ha pasado.

La finalidad es reunir pruebas contra ellos que puedan servir para argumentar por qué se ha fracasado, evitando mencionar todo el conjunto de decisiones, malas prácticas y actuaciones propias que han influido en el resultado final.

Si el Blame storming funciona, nada cambiará, se ha fallado por culpa de otros, por lo que podemos seguir actuando de la misma manera. El camino para la mejora continua pasa por asumir los errores y sus consecuencias para de esta forma aprender de ellos, por lo que el Blame storming solo lleva a más de los mismo, a seguir acumulando proyectos o líneas de actuación que van mal y que golpean la cuenta de resultados de la organización.

Detectar a quién o quienes hacen esta práctica es fácil, nunca la culpa es de ellos y siempre hay una excusa, además, llegado el momento no dudan en señalar a otros, por lo general más débiles y/o que no se encuentran en su organización y que no tienen la oportunidad de rebatirle.

Todo lo que suponga vender o mantener un contrato a través de la mentira o de las medias verdades, de entrada debería considerarse un antipatrón porque el fin, en este caso, no justifica los medios.

Los cebadores de estadísticas se encuentran cómodos en contextos en donde la persona que tendría que valorar la calidad real de los trabajos se basa casi de forma exclusiva en el análisis de datos que le proporciona el proveedor de servicios, sin utilizar una fuente alternativa que audite realmente esos datos y/o sin comprobar de primera mano la calidad de los servicios y si el presupuesto que efectivamente se está destinando se ajusta a las necesidades reales o no.

Los Acuerdos de Nivel de Servicio (ANS) son un interesante instrumento de gestión pero si no se verifica la información que se suministra no vale para nada, tampoco sirve para nada si no se trabaja con ellos para ajustarlos al contexto existente en cada momento: lo mismo es cierto que es servicio es excelente pero la carga de trabajo real no justifica la inversión que se está realizando.

Es muy fácil cebar estadísticas y es muy fácil quitarse tareas de encima, “arrojándolas al otro lado del muro” y que el minutero deje de contar (y que le empiece a contar a otros).

Si en tu organización te encuentras con cebadores de estadísticas valora bien la fugacidad del dinero que te hace ganar y de si es posible que también te estén haciendo lo mismo.