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Archivos diarios: diciembre 25, 2012

En el fútbol se puede jugar bonito pero la línea entre el éxito y el fracaso la marca el gol. Cuando miras atrás ves los trofeos y partidos ganados y nadie se acuerda de lo bien que jugó el que perdió.

El desarrollo de software es igual. Lo difícil es rematar. Conforme se va avanzando en el proyecto cada vez se ve la portería más pequeña y cada vez la cuesta se hace más empinada. Se juega fácil en tres cuartos de campo, se juega fácil dando toques, pero llegado el momento tienes que ir cerrando tareas y poner versiones del producto en producción.

Jugando bien es más fácil ganar, pero jugar bien no es suficiente. Si te falta gol o le falta a tu equipo, el proyecto se resiente generalmente en la calidad del producto final y en los plazos. Lo primero porque no se terminan de capturar bien las especificaciones y/o no se terminan de rematar bien las tareas y lo segundo porque resulta complicado salir de tu zona de comodidad (al final con o sin problemas te acostumbras a lo que te va deparando el proyecto).

Cuando hay abundancia de peces es mucho más fácil pescar, tanto que si has dado con uno o varios buenos caladeros solo tienes que situarte en sus proximidades y echar las redes.

En un contexto como el actual en el que el número de peces ha disminuido considerablemente, las piezas son cada vez más pequeñas y la competencia va a por todas, se requiere que salgan a la luz habilidades que lo mismo no eran necesarias cuando la pesca era abundante y relativamente sencilla.

En estas situaciones la teoría de la evolución ejerce todo su poder y solo los mejores sobreviven. Para ello la habilidad comercial es un gran punto de partida, pero también juega un factor importante la perseverancia y no bajar nunca los brazos.

Lo que no funciona es quedarte como un paciente pescador en la orilla esperando a que de nuevo vuelvan a picar los peces, ya que lo mismo te tocan solo los que los demás no quieren o incluso aún peor, te vuelves todos los días a casa con el cesto vacío.

Hay antipatrones que superan a otros, estamos ante uno de ellos. Hay algo peor que barrer bajo la alfombra y es saber que personas que están bajo tu responsabilidad lo hacen y no tomar ningún tipo de medida al respecto.

Aquí no vale lo del ojos que no ven, corazón que no siente, aquí estas prácticas son conocidas y sin embargo no se hace nada. Quién las admite, no solo es cómplice, es como si las estuviera haciendo él mismo. Eres lo que proyectas y lo que dejas que se proyecte y ten en cuenta que tus equipos son una extensión tuya.

Existen muchas formas de llegar al éxito, una de ellas es esconder basura y mostrar solo lo bueno o lo que interesa. También pienso que no vale todo y que el éxito conseguido de esa manera no vale igual que el que se alcanza de manera legítima por mucho que sus resultados puedan ser (y suelan ser) incluso mejores.

Si quieres crear una cultura de confianza en los clientes debe empezar por tu propia actitud y a continuación exigir la misma en tus equipos. Alcanzar esa situación es complicado, obliga a tomar decisiones que no son gratas, incluso te puede llevar a una situación de desgaste personal, pero nadie dijo que lo bueno fuera fácil.

De hecho lo fácil es mirar para otro lado y esperar solo la frialdad de los resultados sin interesarnos en conocer cómo se han alcanzado los mismos. En el momento en que este esquema se desmorona prácticamente no hay solución salvo que te dediques a explorar otros clientes o mercados, ya que en tus relaciones solo quedará desierto.