archivo

Archivos diarios: diciembre 29, 2012

Contar con presupuesto te permite el suficiente margen de maniobra para solucionar los posibles problemas que puede tener un sistema de información. Sin embargo, el dinero por sí mismo no arregla nada si las decisiones que se toman son incorrectas, si no se desarrolla con intención o no se resuelven los problemas que existen de raíz.

Puedes echar decenas y decenas de miles de euros a un sistema y no incrementar proporcionalmente su valor.

Este antipatrón surge cuando se cuenta con un importante presupuesto que bien utilizado podría mejorar el producto pero que en lugar de centrarse en los problemas existentes en el sistema, se invierte en un crecimiento desproporcionado y/o difícil de controlar del sistema que mezcla la resolución de esos problemas con una ampliación funcional generalmente de aspectos secundarios.

En esta situación se divide el enfoque y el presupuesto entre lo principal y lo accesorio poniendo ambos al mismo nivel, a la que vez que se dota de una mayor complejidad al sistema, generándose resistencias que afectan al directamente al esfuerzo (y coste) necesario para desarrollar. Por tanto, el presupuesto para arreglar los verdaderos problemas del sistema queda debilitado a la vez que la deuda técnica va creciendo y en consecuencia los costes de desarrollo.

Llegado a un extremo (y a veces no es necesario escorarse tanto) nos habremos “comido” el presupuesto y los problemas (o la mayoría de ellos) seguirán ahí, y lo que es todavía peor, con otros nuevos que posiblemente se han añadido, con un producto más complejo de evolucionar y con una confianza muy erosionada por parte del cliente o del área usuaria (independientemente de que ellos hayan tenido mucho o poco que ver en la priorización de las tareas y en la estrategia utilizada).

El enfoque clásico, predictivo o en cascada del desarrollo de software tiene como objetivo final el cumplimiento de a la agenda: “Estas son las condiciones contratadas y esto es lo que hay: alcance, coste y plazos”.

La premisa es que las condiciones de partida no van a cambiar y que la información existente para realizar las estimaciones era suficiente para que la desviación en lo vértices el triángulo de hierro no afecte a la calidad final de los trabajos.

Puedo no estar de acuerdo con esta estrategia de desarrollo de software, teniendo en cuenta que mi apuesta es por los enfoques iterativos incrementales siguiendo prácticas ágiles, pero no por ello es una estrategia descartable ya que puede ser válida o la solución más óptima en determinados tipos de contextos.

Además, a priori, suena bien eso de cumplir la agenda, porque de ello se desprende tranquilidad y predecibilidad (sé lo que me gasto, sé lo que voy a obtener y cuándo) y es cierto, en teoría parece que no presente grietas.

Pero solo en teoría, el castillo de naipes se desmorona en el momento en que las condiciones de partida cambian (es posible que incluso se desmorone antes, si la estimación ha sido deficiente) y eso es algo que se producirá con una probabilidad muy alta, causas puede haber muchas, como por ejemplo que cambie el proceso que se quiere informatizar, que la implicación de una de las partes sea menor que la esperada, que la complejidad sea superior a la prevista, etc… pero lo más frecuente es que el propio usuario se de cuenta en el proceso de desarrollo de ciertas mejoras o cambios que permitan dar al producto un mayor valor.

¿Dónde comienza el antipatrón? Cuando se pasa de velar por el cumplimiento de la agenda a una situación de culto por la agenda, de manera que no se trata de buscar una solución mediante la flexibilización de alguna de las variables: coste, plazos, alcance y calidad, sino que se pretende conseguir la cuadratura del círculo de manera que se asuman los cambios sin variar las condiciones de partida.

Y esto no suele traer buenos resultados, para empezar se producirá un desgaste en las relaciones entre los diferentes equipos implicados que hará todavía más complicada la consecución de los objetivos, dará lugar a un sobreesfuerzo por parte de muchas personas con el objeto de compensar esa desviación lo que terminará pasando factura en la calidad y en la productividad y por último el producto final será el reflejo de todos estos problemas y situaciones.

Tener a tu cargo amigos es el camino más rápido para perderlos y/o hacerle perder dinero a tu organización.

Es muy importante trabajar con gente con la te llevas bien porque te hace todo más fácil: existe entendimiento, se conoce a las personas, sus días buenos, los malos, sus fortalezas, sus debilidades, etc… El problema surge cuando ese llevarse bien se torna en amistad y se pierde la objetividad (amistad no implica necesariamente pérdida de objetividad, el problema es cuando alguna de las partes se deja llevar por esta situación).

¿Problemas?

– No aceptar que alguien a quien consideras tu amigo te rectifique comportamientos o te pida resultados.

– No tratar a tu amigo por el mismo rasero que al resto de compañeros.

Las emociones y los sentimientos son importantes siempre y cuando no sirvan para manipular o para crear injusticia: no estás solo en tu equipo o en la organización, hay muchas personas cuyo trabajo depende de lo bien que se hagan las cosas y la propia entidad depende de su productividad, la cual puede verse lastrada por este tipo de comportamientos.

El antipatrón no es tener amigos a tu cargo y la solución no pasa necesariamente por evitar esta situación, sino que trata de los problemas que trae consigo cuando se anteponen los sentimientos a la objetividad.

Si la amistad ha surgido como consecuencia del trabajo diario en un proyecto suele haber menos problemas porque ha nacido dentro de un contexto en el que cada cual juega un rol. Si en un momento dado, alguno cambia de proyecto, se mantiene la amistad y mucho tiempo después se vuelve a trabajar juntos, la situación no es la misma ya que tenemos la virtud o el defecto de que olvidamos pronto.

Debemos entender que la amistad son 24 horas al día y que hay un período del mismo en el que se superpone la relación profesional y es fundamental entender esto para, por un lado, conservar la amistad y por otro ser consecuente con tus responsabilidades.