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Archivos diarios: enero 4, 2013

Nos encontramos con este antipatrón cuando la promoción profesional en una organización presenta limitaciones para personas o grupos concretos sin que los motivos o restricciones sean transparentes u objetivos.

¿Qué circunstancias pueden originarlo?

– La organización no tiene definidos itinerarios profesionales o si los tiene están basados principalmente en criterios subjetivos.

– Por supervivencia de las personas u oligarquías que ya se encuentran en determinados niveles de la organización y que pueden ver peligrado su status si determinadas personas empiezan a trabajar en puestos de más responsabilidad.

– Por la creencia de que determinados perfiles académicos, de género, de tendencias, de comportamiento, etc…, no están capacitados de base para asumir determinados roles.

¿Inconvenientes? Si una organización impone o se deja imponer restricciones artificiales que impiden que algunos o muchos de sus mejores profesionales puedan evolucionar en la misma, no solo estarán desaprovechando el talento, sino que les estará abriendo la puerta para que se marchen a la competencia.

La programación heroica todavía es predominante en el desarrollo de software en nuestros días. Se podrá disfrazar detrás de un determinado enfoque o metodología y hacernos pensar que tratamos de ser sistemáticos pero realmente lo que tendremos es un equipo de proyecto apagando fuegos de manera constante.

El desarrollo de software tiene su vertiente heroica, negarlo es dar la espalda a la realidad, ya que trabajamos en un contexto de incertidumbre en el que en cualquier momento se puede torcer el camino de tal forma que solo la voluntad de las personas que participan en el proyecto (con el equipo de desarrollo no siempre será suficiente), si las resistencias (procesos rígidos, deuda técnica, malas actitudes, falta de recursos, etc…) no lo impiden, permitirán, no sin poco esfuerzo, volver de nuevo a una situación de cierta estabilidad que volverá a estar envuelta de incertidumbre y así sucesivamente.

Pero una cosa es tener presente eso y otra que la solución pase siempre por la heroica, eso es tener una orientación a “apagar fuegos”, es cierto que a veces no tendremos otra posibilidad, pero también lo es que muchas veces existe la oportunidad de atacar al origen del problema y ya sea por no saber gestionar la presión o por los simples nervios se opta por la solución más cortoplacista.

Es decir, lo mismo se tiene una dinámica de trabajo (da igual la metodología) y la rompemos para atender a estos problemas, como consecuencia, no se resuelve el problema de base y además, surgen otros como consecuencia de esa ruptura de los esquemas de trabajo.

Tenemos que adaptarnos al cambio, si no lo hacemos, el proyecto se resiente, pero la adaptación al cambio, siempre que sea posible es mejor hacerla de forma ordenada, con heroicidad si me apuráis, pero intentando que la presión no sea quien gestione el cambio, sino nosotros.

Que un gestor no tenga comunicación con un cliente en un determinado proyecto puede interpretarse de manera positiva: “si no me dice nada, es que todo va bien” o como algo catastrófico: “si ni siquiera me dice nada, es que da todo por perdido”. En medio hay toda una escala de grises.

No obstante, la falta de comunicación en sí es un problema, pero más grave resulta, no hacerla por miedo a hacer ruido y que el cliente despierte.

Un gestor que interpreta el sentido del silencio del cliente, sin haber hablado con él, no es un buen gestor, ¿por qué especular si te basta con descolgar el teléfono o ir visitarlo?. Es posible que no consigas cambiar el signo al proyecto y que tengas que aguantar un chaparrón (no solo nos pagan por recibir aplausos), pero por lo menos te has preocupado por lo que está pasando y es lo mínimo que se le puede pedir a quien desempeña este rol.

Por otro lado, si no conoces el nivel de satisfacción del cliente, ni cuáles son sus expectativas, ¿cómo piensas dar un buen servicio?, ¿cómo lo puedes mejorar?, ¿cómo puedes hacerle propuestas de ampliación del mismo?. El silencio no genera negocio, en el mejor de los casos lo mantendrá gracias al esfuerzo del equipo, pero no habrá nada que agradecer al gestor, que no ha hecho absolutamente nada.