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Archivos diarios: enero 30, 2013

No se trata de saltar al vacío, no se trata de perder la cabeza. A veces hay que arriesgar porque no siempre contamos a priori con todas las respuestas.

La adaptación al cambio tiene riesgos porque sueles introducirte en terreno desconocido, tienes que tomar decisiones para pasar de una situación que controlas o que has empezado a controlar a otra totalmente nueva.

Se asociar error a riesgo y es algo comprensible, pero también nos equivocamos muchas veces por esperar demasiado o por mantener una posición dentro de nuestra zona de seguridad. Y probablemente si lo ponemos en la balanza tengamos más o menos nivelados nuestros errores por actuar como por no hacerlo.

Ya lo dice Peter Drucker: “Las personas que no toman riesgos suelen hacer sobre dos grandes errores al año. Las personas que hacen correr riesgos suelen hacer sobre dos grandes errores al año”.

La diferencia entre arriesgar o no es que en el primer caso lo haces con intención y en el segundo eres sujeto pasivo esperando a que el problema pase o que se encargue otro de él.

Este antipatrón surge cuando no se consigue poner remedio a esa sensación de bloqueo que tenemos cuando nos encontramos ante nosotros con una carga de trabajo de gran magnitud y/o ante un problema de gran complejidad, sabiendo además que nuestros recursos son limitados y que nos espera mucho esfuerzo, tiempo y hacer las cosas muy bien para superarlo.

Esa montaña se nos hace todavía más grande de lo que es y no por el hecho de evitarla va a terminar desapareciendo, es más, resulta probable que el problema siga creciendo a la par de que dispongamos menos tiempo o medios para hacerle frente.

Esa sensación nos las encontramos con frecuencia en los proyectos de desarrollo de software y la única manera de que no se termine convirtiendo en antipatrón y nos traiga todos sus inconvenientes, es empezar a trabajar en la solución, ya que de esa forma, poco a poco, el muro se hará más pequeño.

Es curioso, lo sabemos y sin embargo seguimos sintiéndonos bloqueados por esa situación, no obstante de la misma forma que otras veces hemos encontrado el camino (con más o menos éxito), lo volveremos a encontrar si dejamos de mirar hacia el obstáculo y de autocompadecernos.