archivo

Archivos diarios: abril 13, 2013

En el artículo de ayer vimos diversas formas de gestionar las solicitudes de modificaciones sobre la pila de sprint en donde no se aceptaban las mismas (inspiración Scrum) o en donde cabía la posibilidad de aceptarlas (inspiración Kanban siempre y cuando haya un orden). En cada una de esas estrategias el tiempo de espera cambia:

– Si nos inspiramos en Scrum el tiempo de espera medio para empezar a trabajar en nuevas tareas, será la mitad del tiempo de duración de los sprints.

– Si nos inspiramos en Kanban el tiempo de espera medio para empezar a trabajar en nuevas tareas será el tiempo que se tarda en que haya un hueco (Kanban establece límites en ciertas fases del flujo de trabajo), por lo que el tiempo de espera en este caso será mucho menor.

En ambos casos se tiene un control sobre la cantidad de trabajo en progreso (WIP: Work in progress) y eso es importante en cuanto a que estamos tratando de limitar el trabajo a la capacidad del equipo con el objetivo de conseguir predecibilidad y una mayor productividad pero, nada es gratis, es decir, se requiere pagar un precio que es el tiempo de espera.

¿Merece la pena pagarlo? Mi opinión es que sí ya que el caos no es productivo.

La presión permite alcanzar y mantener la concentración durante un tiempo, pero más pronto que tarde termina desgastando de tal manera que la curva de rendimiento de la persona o del equipo termina bajando de manera considerable, así como la efectividad de los trabajos, que tendrán por termino medio, un mayor número de errores.

Cuando estudiábamos, esos días previos al examen eran muchos más productivos que los anteriores, y esto era así mientras nos quedasen fuerzas, una vez superada nuestra capacidad de aguante, más nos valía haber estudiado lo suficiente con anterioridad.

Como la presión, siempre y cuando no se venga de un período continuado de la misma y no sea desmedida, consigue resultados, tiende a ser considerada como una vitamina por parte de los gestores y la empiezan a aplicar no cuando puede ser necesario, sino prácticamente en cualquier circunstancia, perdiendo ese efecto cortoplacista que puede obtener objetivos y convirtiéndolo en un problema, porque no olvidemos que trabajamos con personas y que éstas no son un pozo sin fondo, capaces de estar siempre por encima del 100% y con miedo o temor a lo que pueda pasar si no se cumplen los objetivos.

Como en todo, hay momentos y momentos. Momentos en los que hay que darlo todo para sacar un proyecto adelante y también debe haber momentos en los que la carga de trabajo se compense. Un compañero mío utiliza una analogía muy acertada con los barbechos en la agricultura.