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Archivos diarios: mayo 31, 2013

Los detalles pueden parecer insignificantes. Pero la suma de pequeños detalles sí que terminan teniendo importancia.

Y ese es el problema de muchas organizaciones, que se centran en unos objetivos generales y enfocan su atención en conseguirlos, mirando solo hacia ellos y olvidando o dejando de lado, tareas, gestos, oportunidades, detalles al fin y al cabo, que tal vez no los considere importantes (otra cosa es que sí lo sean), pero que tarde o temprano terminan pasando factura.

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure consideraba que: “Si una alberga seguridad en sus cimientos, no se verá aquejado por pequeños detalles o asuntos imprevistos. Pero, al final, los detalles de todo asunto son importantes. El acierto o el error en nuestra forma de proceder se encuentra en los asuntos más triviales”.

Sobre unas bases sólidas preparadas para el cambio, los imprevistos hacen menos daño, pero su acumulación, junto a esos fallos y detalles que se consideran poco importantes y junto a esas decisiones incómodas que no se toman o se aplazan indefinidamente porque la situación actual permite no tener que tomarlas, pueden terminar haciendo la grieta lo suficientemente grande como para poner en riesgo que el barco siga a flote.

Watts Humphrey, presenta una visión pragmática de la innovación en la siguiente reflexión: “La innovación es el proceso de convertir las ideas en algo que se pueda fabricar y comercializar”.

La innovación comienza con una idea pero si no se ejecuta, no hay ningún cambio respecto a la posición de partida.

Si se ejecuta, has innovado, pero después puede pasar que no tenga repercusión comercial. A partir de ahí entra en juego lo que has tenido que invertir para materializar el concepto, los beneficios que has obtenido y la capacidad que tiene tu organización o tu, de tratar de sacar otros productos y/o de seguir intentando buscar mercado para el nuevo producto (tal vez la estrategia de venta no ha sido buena).

Dado que no la innovación no es tu monopolio, si tienes la idea, no la ejecutas (o no lo haces bien) u otro lo hace antes que tú (tal vez la idea no sea exactamente la misma o tan buena, pero es capaz de quitarte mercado), has perdido o tendrás que pelear mucho para remontar la partida. Tal vez tu producto termine siendo mejor, pero no siempre el mejor termina imponiéndose.