Calidad del software y valor VI

Este tipo de razonamientos se cae por su peso, cuando no son ni uno, ni dos, ni diez, los desarrolladores que no consiguen buenos resultados siguiendo esos procesos, ya que es difícil que en este juego haya un listo y n tontos. Tampoco creo que sea cosa de un tonto y n listos, se trata de ver qué es lo que aporta realmente al valor de los productos y a la organización la aplicación de determinadas normativas y qué coste tiene la aplicación de las mismas, ya que el mismo no solo repercute sobre quiénes vigilan el cumplimiento de los procesos sino que también impactan, sobre manera sobre los proyectos, sus costes y sus expectativas.

Muchas organizaciones han visto en la calidad procedimental una fuente de negocio y pese a unos resultados y unos costes discutibles, han logrado que sus ideas terminen, no sé cómo, cuajando. Tal vez sea por la falsa sensación de control y de cosas bien hechas que da tener un volumen ingente de documentación por proyecto más o menos organizada, independientemente de la utilidad real que tenga la misma pasado un cierto tiempo. Sin embargo, por más documentos que se apilen, la calidad del producto software no será mejor y si lo es no será debido a ellos.

Otro de los problemas que provocan quiénes piensan que la clave se encuentra en los procesos es que al considerar a las personas como un elemento secundario en todo esto, tienden a restar importancia a su cualificación y experiencia, centrándose más en la cantidad que en la calidad o lo que es lo mismo, a buscar el menor precio/hora posible, pese a que esto impacte de forma significativa en la productividad y la calidad del trabajo realizado.

Un argumento que suelen esgrimir los defensores de los procedimientos es que la solución alternativa es volver al caos. Y no es así, no se trata de elegir un extremo, sino de buscar el término medio que mejor venga a una organización y a un proyecto.

No se trata de no documentar, no se trata de no seguir procesos, sino de que realmente aporten valor al producto y a la organización, esto último tiene su peligro si no se interpreta adecuadamente, ya que el valor a la organización se ha utilizado precisamente para que los procesos tiendan a sobredocumentar proyectos con la excusa de que reducen la cautividad del proveedor y favorecen la mantenibilidad del producto.

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