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Archivos diarios: julio 26, 2013

La innovación, el progreso y nuestra propia evolución personal y profesional solo son posibles desde el cambio. Puede ser disruptivo o más pausado y supone el abandono de un estado para pasar a una siguiente fase.

Precisamente la dificultad del cambio se encuentra en la necesidad de dejar de lado o reformular determinadas ideas y concepciones, así como aceptar que otras opciones son posibles.

Esto resulta muy complicado cuando se trata de conocimientos o experiencias adquiridas en tu etapa formativa o dentro de tu experiencia profesional, que además se encuentran consolidadas dentro de tu entorno, lo que las convierte prácticamente en un dogma.

En este contexto, toda idea que sugiera un cambio encontrará con la resistencia de ese entorno, ya que no entiende la necesidad de salirse de la ruta establecida y con nuestra propio temor por haber iniciado una línea de actuación diferente, un nuevo camino en el que tal vez, al principio, estemos solos.

Precisamente, uno de los principales problemas de la implantación de enfoques y estrategias ágiles en las organizaciones lo encontramos en la negativa a considerar nuevas alternativas al desarrollo de software que vayan más allá de las tradicionales y de los procedimientos que ya se encuentran establecidos, ya que al fin y al cabo, con más o menos éxito, con más o menos coste, con más o menos sacrificio, son las que se han aplicado hasta ahora y la organización sigue funcionando, de hecho ese será el principal argumento esgrimido tanto exteriormente como internamente (cuando lo estén analizando) por los principales detractores al cambio.

El británico John Maynard Keynes es considerado como uno de los mejores economistas de todos los tiempos y una de las personas más influyentes del siglo pasado. Sobre la dificultad que suponen los cambios realizó la siguiente reflexión: “La dificultad no consiste tanto en el desarrollo de nuevas ideas como en escapar de las antiguas”.

En el artículo de enero de 2001 en la revista IEEE Computer, que Barry Boehm y Victor R. Basili publicaron con el título: “Software Defect Reduction Top 10 List” y que ya mencioné en la entrada: “El impacto del esfuerzo evitable“, hay otra estimación que me pareció muy interesante: “Las prácticas personales disciplinadas pueden reducir la tasa de introducción de defectos en más de un 75%”.

Boehm y Basili en su artículo indican algunos datos empíricos en la aplicación de determinados tipos de metodologías como la PSP de Watts Humphrey, si bien lo importante no es realmente que el término medio sea un 75% o no, sino que todos sabemos en base a nuestra propia experiencia que si se siguen buenas prácticas y una cierta disciplina a la hora no solo de programar sino de probar lo que se desarrolla tanto a nivel de componente, de integración y de sistema el número de errores que se introducen es mucho menor, permitiendo además, detectarlos gran parte de ellos de forma temprana.

Pese a eso, sabemos que existe un mal endémico en los desarrolladores y es que “no se prueba” y eso no es siempre problema de actitud, sino más bien un problema cultural, algo que está ahí, que parece normal y que, sin embargo, provoca un sobrecoste en los proyectos, problemas en el entorno de producción, un desgaste en las relaciones con el usuario, etc…

Alguien resolutivo no es quien te codifica antes un determinado artefacto sino quién es capaz de hacerlo, dentro de un tiempo razonable con el menor número de defectos posible. Es preferible tardar más y hacer un trabajo limpio, que hacerlo en menos tiempo y después estar arreglando problemas mucho más tiempo que el que se entendió que se ganó por hacer el desarrollo tan deprisa.

El cambio de enfoque se puede hacer de manera progresiva, incluyendo esas buenas prácticas y controles de manera paulatina, de manera que las decisiones adoptadas se vayan ajustando a lo que el proyecto necesita. Conforme se vayan consolidando, se considerarán prácticas del trabajo diario, independientemente de que haya proyectos que, por sus condiciones especiales, requieran una mayor exhaustividad.