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Archivos diarios: julio 28, 2013

Supuestamente dentro de un proyecto de desarrollo de software todo el equipo tiene acceso al código que se está desarrollando y, por tanto, se podría considerar que existe una propiedad colectiva del mismo, sin embargo esa apreciación es más teórica que real, porque lo que suele suceder es que los desarrolladores pongan reparos en que otros toquen lo que han construido. Somos así, ¿qué le vamos a hacer?.

Considero un acierto por parte de XP que considere como práctica la propiedad colectiva del código, es decir, que se fomente que cualquiera pueda trabajar y mejorar con cualquier sección del código la hubieran desarrollado ellos o no. Y no lo comento solo por motivo de dar una mayor flexibilidad o disponibilidad al equipo, sino porque otro punto de vista generalmente suele ser positivo (por eso ese mismo enfoque de desarrollo tiene entre sus recomendaciones la programación por pares).

Para que este concepto se aplique de manera efectiva en un proyecto es fundamental el respeto. En el momento en que se pierden las formas por la solución en que una persona ha realizado un desarrollo, se empiezan a levantar muros. Y es que es fácil reirse o llevarse las manos a la cabeza por determinadas codificaciones pero realmente haríamos lo mismo si revisásemos código nuestro construido hace años (o tal vez no desde hace tanto tiempo).

También es importante no olvidar que se tiene que desarrollar con intención con propiedad colectiva o sin propiedad colectiva, es decir, no se trata de ponerme a retocar tal o cual funcionalidad o a refactorizar tal o cual clase o módulo, sin un propósito o poniendo en riesgo los compromisos que el equipo ha pactado para el sprint.

Hay una famosa cita que dice que: “una persona que dice que no se puede hacer, no debería interrumpir a la persona que lo está haciendo”.

Precisamente una de las causas que impide la evolución de muchas organizaciones (y de muchas personas) es esa, dar por sentado que no se puede y no dar ni siquiera la posibilidad a intentarlo pese a que, incluso fallando, se obtendrá en el proceso un aprendizaje importante, pese a que, incluso no existiendo otra posibilidad que la de progresar se cierran en banda a cambiar cualquiera de esos conocimientos y experiencias que se consideran leyes inmutables (tal vez lo fueron en su día, pero el mundo sigue dando vueltas).

Tan malo resulta lo anterior como poner todo tipo de resistencias a quien está tratando de conseguir ese objetivo aprovechando sobre todo los momentos de debilidad, cuando las cosas parecen peor dadas, y en donde parece que los acontecimientos quitan la razón a quien lo intenta y se lo da a quien no tardará en comentarte: “te lo dije“.

Y es que lo mismo variando el enfoque es posible encontrar caminos donde se piensa que no hay. Lo importante es progresar, evolucionar, adaptarse al cambio y para ello hay que tener una mentalidad más abierta para nosotros y para los demás y dar la posibilidad a que (dentro siempre de una coherencia) las personas se equivoquen.