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Archivos diarios: agosto 19, 2013

Se trata de otra reflexión de Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure que me parece muy interesante: “Uno deja escapar el momento crucial porque cree que el ahora mismo y ese momento crucial son momentos diferentes. Ahora es el momento crucial y ese momento crucial es ahora mismo”.

Nos perdemos en planificar, en mirar lo que puede pasar dentro de un tiempo. No digo que no sea importante ya que la adaptación al cambio es presente, pero los medios para llevarla a cabo de manera efectiva empezaron a plantearse en el pasado y eso se consigue levantando la vista sobre nuestra propia realidad para analizar nuestro entorno y contexto, y con un ojo sobre las tendencias y lo que puede pasar.

Si las cosas no nos van bien, siempre podemos esperar a que escampe, y aunque a veces puede ser la solución, la realidad es que quiénes han sabido moverse en la tormenta son los que salen con ventaja de la misma. Y eso es así porque tomaron la decisión de que independientemente de que todo fuera más complicado, preferían ser ellos mismos los que se equivocasen o acertasen, y no dejar su suerte en manos de los errores y aciertos de los demás.

En nuestro día a día profesional cometeremos errores y tendremos éxitos. A veces se reconocerán los éxitos y los errores pueden terminar con nuestra aventura en una organización.

Es difícil aprender del éxito porque hay que ser de mentalidad muy fuerte para tener capacidad de análisis cuando el viento sopla a favor.

De todas formas y ante cualquier circunstancia tenemos que tratar de analizar todo lo que hemos podido hacer mejor, ya que es la única manera de tratar de mantener la racha y seguir progresando.

Ya lo dice Spencer Johnson en su libro “Cimas y Valles”: “Las cimas y los valles está conectados. Los errores que cometes en los buenos momentos del presente crean los malos momentos del mañana. Y tus aciertos en los malos momentos del presente crean los buenos momentos del mañana”.

Y el viento también soplará en contra, tomarás decisiones equivocadas, no podrás dedicar todo el tiempo que un proyecto necesita o te encuentras sin energía para ello, ante esto solo te quedan dos opciones: seguir luchando o rendirte, solo con la primera tendrás posibilidades de revertir la situación y te encontrarás además con una situación de ventaja con respecto a otros muchos profesionales de tu sector, siempre y cuando hayas aprendido de tus errores, ya que ya has pasado por ellos y tienes más posibilidades que otros de no volver a tropezarte de nuevo con la misma piedra (es probable que lo vuelvas a hacer, pero tómalo como una experiencia más, con el objeto de evitar que vuelva a suceder).

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure lo expresa de manera muy simple: “Cae siete veces, levántate ocho”. Esa es la clave para seguir evolucionando y progresando.

Los proyectos de desarrollo de software son un caldo de cultivo fantástico para estar permanentemente enfadado.

Saber gestionar esa sensación, ese sentimiento, así como tratar de que tu equipo se mantenga en equilibrio proporciona un ingrediente importante para que el proyecto se pueda llevar a cabo.

La ira es un combustible muy poderoso pero no podemos basar nuestro funcionamiento en base a ella. Puede ser motivante, pero también desgasta mucho y como toda elección que no guarda un equilibrio, al final puede resultar más negativa que positiva.

Lao-Tsé dijo: "El mejor guerrero nunca está enfadado". Conseguir eso puede resultar quimérico, pero sí que podemos tratar de controlarlo y encauzarlo de manera adecuada. Teniendo en cuenta que somos humanos y que no siempre podremos mantener la calma.

Es muy difícil que un proyecto salga bien con partes enfrentadas, ya sea entre stakeholders o dentro de un propio equipo de trabajo. Dado que los objetivos colectivos e individuales suelen ser diferentes (se encuentren o no enmarcados dentro de otros más generales determinados por la organización o el proyecto), las circunstancias que pueden provocar roces se multiplican.

Un gestor de proyectos debe tener esto presente y sin embargo es algo en los que muchos fallan.

Para tratar de obtener los mejores resultados posibles nuestra capacidad de empatizar con los demás, de entender su comportamiento, de conocer su forma de ser, de entender el contexto de la organización y/o del departamento puede marcar la diferencia. Determinadas reacciones pueden provocar enfado pero si se entiende el contexto, a la persona (porque el desarrollo de software es cosa de personas), la cosa puede cambiar.

Si algo no te gusta siempre te queda la posibilidad de dialogar, eligiendo para ello el momento más adecuado. Mi experiencia me dice que una solución dialogada suele ser más fructífera que una solución impuesta. Siendo cierto que para ello, las partes implicadas tienen que estar abiertas a escuchar.