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Archivos diarios: agosto 25, 2013

Decía Séneca: “Trata a tu inferior como quieras ser tratado por tu superior”. ¡Cuánta razón!. Para empezar porque todo da muchas vueltas y mañana quién está a tu cargo puede ser tu jefe.

Esa persona se equivocaría si aplica contigo la misma filosofía que aplicaste con él, es decir, si trata de “vengarse” una vez que sea tu jefe porque no haría más que proseguir el error que empezaste y eso no produce nada positivo. Ahora bien, lo más probable es que se deje llevar por las sensaciones que le provocaste, es un error, pero es humano equivocarse en eso, sobre todo si aún no ha descubierto que de nada vale aplicar contigo tus propios métodos.

Pero por encima de eso hay que tener en cuenta que no se puede ser impermeable hacia tu equipo y totalmente permeable hacia arriba. Es lo fácil pero este atajo se convertirá en un camino mucho más largo si tu equipo no está contigo y no lo estará si entiende que no estás con ellos.

También tratar a las personas como personas y no como recursos es una actitud positiva que produce buenos resultados porque todos nos sentimos más integrados cuando se nos trata de esa forma. La distancia crea distancia, los impersonal crea distancia y la distancia separa a las personas de sus jefes y organización.

Quien piense que desarrollar con metodologías ágiles es más tranquilo o más sencillo, está totalmente equivocado, bien porque no sabe realmente qué es esto o porque los proyectos en los que ha participado o seguido y en los que teóricamente se aplican principios y prácticas ágiles no lo son en realidad.

Si hay algo que caracteriza a los desarrollos aǵiles es la intensidad. ¿Cómo si no se puede sacar cada poco tiempo una versión del producto potencialmente dispuesta para pasarse a producción?. Esto solo se consigue si todas las partes: desarrolladores, usuarios y restos de implicados participan con gran implicación en el proceso de desarrollo.

Si te duermes no cumples los compromisos.

A cambio de eso encuentras otras satisfacciones como el hecho de que se valore más el trabajo de las personas, la comunicación e interacción entre las mismas y el concepto de equipo (hay de todo, pero si las personas y el producto no son el centro de todo, estaremos hablando de metodologías ágiles pero no de agilidad real), la posibilidad de autogestionar tu trabajo y algo muy importante, ver como poco a poco vas construyendo un producto que sabes que va a resultar de utilidad y que no se va a quedar en una rama perdida en el sistema de gestión de versiones.

Los enfoques clásicos son mucho más irregulares en ritmo y si no hay premura en los plazos tienden a eternizarse, esto se hace más evidente en el desarrollo de grandes sistemas de información que parece que no terminan de ponerse en producción nunca y no es raro encontrarnos con sistemas que llevan más de dos o tres años de desarrollo (incluso con exigencia) y que no terminan de rematarse, algo que no es, en absoluto, una buena señal, porque se pondrá en marcha una aplicación mastodóntica sobre la que se tendrán que realizar ajustes, siendo el número de ellos proporcional a su tamaño y complejidad.

Se asocia ágil a desorganizado, a improvisación y no es así, si así fuera sería impensable tratar de cumplir unos compromisos cada poco tiempo. Muchas veces lo que parece organizado por el simple hecho de tener definidos ciertos entregables no es más que una fachada que esconde una gestión caótica.