archivo

Archivos diarios: agosto 28, 2013

¿Cuántas veces se ha arreglado el mundo, un departamento o un proyecto en una reunión y cuántas veces se ha quedado solo en palabras y más palabras? Y es que de las palabras a la acción hay un largo camino. Las primeras son gratis, las segundas requieren esfuerzo y posiblemente desgaste, con las primeras nos quedaremos probablemente (en el mejor de los casos) como estamos, con las segundas tendremos la posibilidad de evolucionar (el intento es a mejor, después las cosas, salen o no salen).

Decía Aristóteles que “El movimiento es el paso de la potencia al acto”, y efectivamente así es, esperar la evolución o que las cosas cambies sin actuar es dejar en manos de terceros tu futuro (y tu presente) y en el mundo del desarrollo de software y de los negocios en general eso resulta muy peligroso porque solo se saldría adelante si los demás se equivocan, algo que probablemente no ocurra, teniendo en cuenta que seguirá saliendo mucha mejor competencia y más adaptada.

Cada canción tiene su tempo y fuera de él ya no suena igual de bien. Cada proyecto también lo tiene y puede variar en función de su contexto.

Es muy difícil conseguir ese ritmo porque queramos o no siempre vamos detrás de las circunstancias que rodean al proyecto. Podremos gestionar riesgos (algo que es recomendable) pero no podremos salvar todos.

Y no solo es cuestión de un ritmo de proyecto, sino de nuestro propio ritmo dentro de él, porque aunque seamos solo una parte del mismo y creamos que nuestro papel no es tan trascendente, sí que lo es. Es cierto que el peso dependerá del rol que desempeñemos, pero lo que se construye es la suma de los ladrillos que ponemos (y quitamos).

Ir muy rápido no es sinónimo de ir bien, tener un buena velocidad es positiva si se incrementa el valor del producto de manera proporcional a la inversión realizada, con una deuda técnica adecuada a las características del proyecto y de los recursos disponibles.

Miyamoto Musashi, realizó la siguiente reflexión (traducción libre): “Cualquiera que sea el camino, el maestro de la estrategia no parece rápido… Por supuesto, la lentitud es mala. La gente realmente hábil nunca llega fuera de tiempo, todo lo hacen con intención, y nunca parecen ocupados”.

Es muy frecuente que un potencial proveedor para vender los productos o servicios de su organización hagan uso de un vocabulario que no se adapta a la audiencia con la que trata.

De hecho se abusa en numerosas ocasiones de excesivo tecnicismo, spanglish y frases hechas del mundo de la consultoría software. Esto se hace con el objeto de demostrar que se sabe de lo que habla, si bien, cuando la audiencia no es la apropiada se consigue el efecto contrario, porque que no se entienda no es lo mismo que dejarte impresionado.

Hay que saber adaptarse al perfil de personas que están tratando contigo, a veces tendrán un perfil más técnico, a veces tendrán un perfil más de gestión y otras tendrás a personas de los dos tipos.

Nunca es fácil vender, es muy complicado, sobre todo si no te conocen (aunque si te conocen y tu organización ha fallado una y otra vez, lo tendrás más difícil todavía), pero no compliquemos más las cosas con un discurso genérico que ignora a las personas que tienes delante.

Aristóteles decía: “Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla”.

Afortunadamente líder puede ser cualquiera. El que manda tiene la potestad de solicitar determinadas actuaciones o tareas pero eso no te hace líder.

Toda organización tiene un conjunto de líderes, unos visibles y conocidos por muchos y otros anónimos que son los que la sostienen.

En un proyecto pasa exactamente lo mismo.

El líder o los líderes deben aparecer porque de los contrario el proyecto no tendrá alma y sin alma va a ser complicado recorrer esa milla extra que separa unos buenos resultados de simplemente cumplir.

¿Debe ser el jefe de proyecto un líder? Debería serlo, sin embargo se olvidan de ello. En el momento en que se fijan más en la calculadora que en el equipo, pierden toda capacidad de liderazgo.

Decía Sócrates: “Reyes o gobernantes no son los que llevan cetro, sino los que saben mandar”. Quién manda no es un líder, pero quien sabe mandar sí que puede serlo.