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Archivos diarios: septiembre 1, 2013

Decía Eurípides que: “Todo cambia en este mundo, e inconstante es la vida humana, y sujeta a muchos errores”.

Pensar que no va a haber a cambios de contexto que pueden afectar sensiblemente a nuestra organización, a nuestro departamento o proyecto, es algo que no se ajusta a la realidad.

El cambio vendrá, antes o después, queramos o no. Por ese motivo tenemos que estar atentos a lo que pasa afuera y también a lo que sucede dentro. Lo primero para detectar cuanto antes esos cambios de tendencia, de mercado, de competencia o relacionados con la economía. Lo segundo para aprovechar lo mejor posible el momento (si nos va bien) y para estar preparados para que cuando tengamos que cambiar, se pueda realizar de la forma más ágil posible.

Pero no todo es contexto. Lo mismo somos nosotros mismos los que hemos cogido un rumbo equivocado y tenemos que dar un giro a la situación. De ser así, debemos cambiar en el momento en que los indicadores o los resultados demuestren nuestro error (muchas veces tampoco hay que esperar a los números para saber que las cosas no marchan), cuanto más tardemos, más perderemos y más coste necesitaremos para volver a una situación más propicia.

Que gran razón tenía Confucio en este reflexión: “El buen líder sabe lo que es verdad; el mal líder sabe lo que se vende mejor.”

Un síntoma claro de que una organización no va bien es cuando los puestos de responsabilidad lo van ocupando personas con méritos discutibles que lo único que han hecho ha sido ponerle un envoltorio muy bonito a sus éxitos y barrer bajo la alfombra sus fracasos, si es que antes no lo ha desviado a terceros.

Una bonita fachada o una leyenda de medias verdades no te hace un líder, más pronto que tarde las personas que trabajan contigo se darán cuenta no solo de que no inspiras, sino que tu trabajo no ayuda a mejorar nada, antes al contrario.

Estas personas, que pierden en las distancias cortas, tienen una gran facilidad para ganar en las largas antes los jefes, sobre todo teniendo en cuenta que probablemente muchos de ellos hayan llegado hasta arriba de la misma forma que ellos y porque se fiarán de los cuatros datos que les vayan proporcionando sin entrar a fondo en la raíz del problema.

Decía Confucio: “No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino”.

Esta cita me recuerda a la teoría de las ventanas rotas y en el hecho de que la inacción no haga más que empeorar la situación y, por tanto, hacer más difícil la resolución del problema.

Las equivocaciones forman parte de nuestro día a día, quien toma decisiones, y todos nosotros lo hacemos dentro de nuestro ámbito profesional y personal, corre el riesgo de cometer un error. El problema no es en sí tenerlo (que lo puede tener en función de su gravedad), sino en no querer rectificar.

Lo mismo pasa cuando un departamento o una organización se niega a adaptarse al cambio pese a que todos los indicadores te lleven a la conclusión de que seguir de esta manera solo conduce a obtener cada vez peores resultados.

Y también lo tenemos cuando las políticas de personal castigan a la gente productiva poniéndolas en el mismo saco que todas aquellas personas que no lo son.

Un día sin escribir una línea de código puede ser más productivo que una semana picando código sin parar. Nunca el número de líneas, métodos o clases debe considerarse como métrica de avance del proyecto, al menos, mirándolo desde una perspectiva general.

El mejor código es aquel que nos ahorramos de escribir porque la funcionalidad no era necesaria, el enfoque no era bueno, existía una estrategia mejor, hemos podido reutilizar tal código o hemos encontrado una librería que hace justo lo que queríamos.

Partamos de la base de que va a ser prácticamente imposible que nuestro código tenga esos kilos de más entre otras cosas porque el desarrollo de software es evolutivo y lo que hoy parece una funcionalidad imprescindible mañana puede ser algo que no se utilice o que se tenga que rehacer por completo.

Teniendo presente eso, tenemos que tener en mente tanto nosotros como los responsables funcionales o products owners que la prueba y el error no es lá técnica a seguir (salvo en casos muy puntuales) sino que se debe desarrollar con intención con el objetivo de evitar la cómida rápida y que nuestro producto tenga una dieta equilibrada baja en calorías.