Castigos y recompensas por la mala calidad del software II

Los principales castigos que ofrece la mala calidad del software lo podemos encontrar en la mala reputación y en las pérdidas que puede provocar en determinados proyectos. Vamos a analizarlos.

Crearse una mala reputación, salvo que la misma salga en los medios, algo que por otra parte no sucede en la mayoría de los casos, no es tan fácil como se cree. Tienes que hacerlo mal, haber provocado mucho desgaste en diferentes clientes para que salga a la luz, para que el nombre de tu organización salga a relucir en una conversación entre amigos, en el descanso de una formación o en una charla entre personas de diferentes entidades.

Cuando te has esforzado en tener una mala reputación es muy difícil darle la vuelta a la situación. Siempre puedes pensar en que el mercado es lo suficientemente grande como para seguir huyendo hacia adelante, y lo mismo te funciona durante un tiempo, pero sin embargo, si no decides cambiar de manera radical tus hábitos y tu forma de enfocar los proyectos y el desarrollo de software, te darás cuenta más pronto que tarde (aunque pasen algunos años) que el pozo efectivamente tiene fondo y que la situación de crisis económica actual, la aparición de competidores ya adaptados a este entorno y la supervivencia de otros que han sabido adaptarse, no hace más que acercarte más rápidamente al final del mismo.

Y sí, de igual forma que crearte mala reputación tarda su tiempo, hacer pensar lo contrario a quienes han sufrido desgaste y pérdidas económicas contigo cuesta todavía más. La confianza cuesta muchísimo recuperarla, eso lo sabemos todos.

Otro castigo es la existencia de proyectos extraordinariamente deficitarios de los cuales resulta muy complicado desvincularse contractualmente y en lo que te encuentras con una ferrea resistencia por parte del cliente a hacerlo.

Quienes hacen mal las cosas, muchas veces encuentran como aliado la necesidad por parte del cliente de llegar a un acuerdo que permita conseguir algún retorno de la inversión ya que el bloqueo en el desarrollo del producto le provoca más pérdidas que el mal acuerdo al que se pueda llegar. Con esto os estoy adelantando parte de la recompensa, algo que veremos en el próximo artículo.

Sin embargo, en muchas ocasiones, si el producto no es tan crítico y el cliente tiene ganas de pelear, el proyecto se puede eternizar provocando unas pérdidas que parecen no tener fin.

Si este problema se suma a la falta de negocio, no hay que dar muchas vueltas para llegar a la conclusión de la situación no puede ser sostenible durante mucho tiempo.

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