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Archivos diarios: noviembre 9, 2013

¿Qué es Scrum?, ¿un proceso o un marco de trabajo?, una cosa es lo que piense y otra lo que se hace realmente.

La agilidad es colaboración entre personas y capacidad de adaptación al contexto y al cambio, esto implica que en esencia y de partida no te debes “casar” con ninguna estrategia, metodología o práctica de desarrollo ya que debes seleccionar aquella que mejor se adapte a las condiciones y contexto del proyecto y cambiarla parcial o totalmente si hiciera falta por la propia evolución del proyecto (por la propia necesidad de adaptación al cambio).

Querer aplicar Scrum sí o sí no es ágil en esencia. Aplicarlo en contextos donde sí sea una estrategia favorable pero limitarte por la ortodoxia de las prácticas tampoco es ser ágil. Lo que es ágil es tener la mente abierta a elegir las prácticas que más pueden convenir al proyecto, adaptar aquellas otras que lo requieran y descartar las que no procedan.

La ortodoxia por encima de todo convertirá a Scrum en un proceso y precisamente no es eso lo que queremos. Por eso siempre insisto a las personas que se están iniciando en el agilismo en que no se limiten exclusivamente a leer o asistir a conferencias y cursos (que por otra parte serán interesantísimos y serán atajos para comprender conceptos y comportamientos que llevan tiempo y experiencia aprender y sobre todo asimilar) sino que experimenten desde las bases del Manifiesto Ágil.

No me cansaré de repetir que las personas encargadas de definir los procesos de desarrollo de software de una organización deben basarse en las especificaciones de las personas que están en el día a día de los proyectos y que conocen de primera mano cuáles son los principales problemas que se producen en el contexto de la organización porque, independientemente de que cada proyecto sea un mundo distinto, sí que es cierto que hay resistencias que de alguna u otra forma afectan a todos los proyectos por igual.

Los planteamientos teóricos quedan muy bien en los libros y en reuniones de planificación en donde todo parece encajar porque se trata simplemente de escribir sobre una hoja en blanco pero la realidad es muy distinta y la elección de unas malas políticas (o incluso buenas) aplicadas de manera restrictiva, sin tener en cuenta el contexto de la organización y de cada proyecto en sí puede tener (y tendrá) un impacto negativo en términos generales y en cada proyecto en particular.

Ese impacto se materializará en unos resultados más alejados del objetivo final que no es otro que satisfacer las necesidades y expectativas del usuario porque probablemente se hayan tenido que invertir esfuerzos en tareas que no aportan un valor real al producto, al proyecto y si nos ponemos a analizar, tampoco a la organización.

El impacto económico, por tanto, tendrá una doble vertiente, productos peor terminados y que afecten a la productividad de determinados procesos de negocio y unos mayores coste de desarrollo.

La responsabilidad y actitud (suelen ir de la mano) son dos ingredientes fundamentales para ser un buen desarrollador de software. Encuentra personas así y tendrás mucho ganado, ¿qué son técnicamente mejores o peores? Creedme, eso es secundario, esos conocimientos lo adquirirán con el tiempo pero la responsabilidad y actitud no son tan fáciles de aprender porque requieren un cambio en los esquemas mentales para aquellos que no la poseen y eso solo se consigue a través de un proceso de introspección personal que requiere bastante tiempo porque se trata de un cambio de percepción de lo que debe ser su día a día como profesional.

Como os suelo decir, no hay fórmulas mágicas, son dos virtudes importantes pero no dejan de ser dos variables más para hacerte un buen profesional y para asegurarte un equipo de personas que sabes que no te van a fallar, por lo que tampoco serán suficientes por sí mismas. Ahora bien e insistiendo en lo que indiqué en el primer párrafo, si no poseen esas cualidades, difícilmente vas a encontrar en esas personas lo que estás buscando que simplificando mucho son personas en las que puedes confiar en que van a tratar de hacer sus tareas de la mejor forma posible (independientemente de que a veces tengan mayor o menor éxito) y más si miramos sus resultados reales y comportamiento con más perspectiva, más a medio y largo plazo.