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Archivos diarios: noviembre 16, 2013

Una cita de Jerome Bruner dice lo siguiente (traducción libre): “La profundidad se aprecia mejor al mirar desde dos puntos a la vez”.

Añádele más puntos y se verá todavía mejor.

En algo tan complejo como es el desarrollo de software en el que existen infinidad de variables que afectan al trabajo del día a día, contar con diferentes puntos de vista ayuda a tomar mejores decisiones.

Incluso opiniones que puedan estar equivocadas te pueden dar la oportunidad de revisar y mejorar tu propia percepción.

Déjate asesorar, confía en la visión de otras personas ya que no se trata de ser el que metió el gol de la victoria sino de conseguir la victoria.

En el momento en que entiendas eso verás como consigues mejores resultados.

No lo da un cargo. No lo da una apariencia porque se construye día a día. Lo da una actitud.

El respeto se parece mucho a la confianza, si bien, es algo menos frágil. Para conseguir respeto necesitas tiempo, para perderlo mucho menos. También suelen ir de la mano ya que sueles respetar a quien confías y confiar en quien respetas.

El respeto tiene mucho que ver con la objetividad (también con la implicación), primero contigo mismo, ¿exiges a los demás lo que te exiges a ti?, ¿crees realmente que si las cosas no van bien no tiene nada que ver contigo?, ¿tratas con respeto a quiénes quieres que te respeten?, después con los demás, ¿creas situaciones de injusticia por dar un trato desigual a diferentes personas por la relación personal que mantienen contigo? (ten en cuenta que estamos hablando en el terreno profesional y no en el personal o familiar), ¿escuchas en la misma proporción que te escuchan?, ¿estás dispuesto a ir a las trincheras cuando hay problemas?…

El respeto no se compra, se gana, no se provoca, surge.

Hablamos de Internet, de la nube, de redes privadas virtuales, de redes de área local y los entendemos y asimilamos, generalmente, sin mucho problema, pudiendo incluso explicar a otras personas qué nos ofrecen y cómo funcionan, siempre y cuando no entremos en mucho detalle, porque es ahí donde las cosas empiezan a complicarse, y de qué manera, porque no es nada sencillo explicar cómo un grupo de personas pueden jugar en red, como tus correos electrónicos llegan sus destinatarios o cómo se sincronizan tus carpetas con tu gestor de almacenamiento en la nube favorito, sobre todo si empiezas a adentrarte en el proceloso mundo del TCP/IP, sus diferentes capas y las infraestructuras software y hardware que la soportan o lo que es lo mismo, a cómo viaja esa información entre un origen y un destino.

Los expertos y profesionales en redes de comunicaciones son los que podrán explicarte con mayor profundidad eso que no vemos, si bien, para ellos la complejidad también se incrementa conforme seguimos descendiendo en el nivel de detalle ya que no para de aumentar el número de tecnologías y soluciones que aparecen, así como el número de servicios a todos los niveles que se pretenden ofrecer en una red de comunicaciones.

Para ellos existen “piezas” que utilizan, que saben como interconectar, configurar y administrar pero que son como cajas negras limitadas a las especificaciones del fabricante, que si bien cubren determinados estándares, generalmente cada una de ellas requiere unos conocimientos específicos no solo para extraerle el mayor provecho posible, sino para hacerlas funcionar de la manera que necesitamos y nos interesa.

A medida que es mayor la red con la que se trabaja, intervienen un mayor número de elementos software y hardware heterogéneos, que se van a ir actualizando con el tiempo de manera no homogénea (y probablemente no organizada), lo cual sumado a que el tráfico no tiene por qué ser plano (pudiéndose establecer determinados niveles de calidad del servicio) hace que las tareas de administración se compliquen sobre manera.

Uno de esos elementos son los conmutadores que son dispositivos o elementos de infraestructura de red cuya función es interconectar diferentes segmentos de red o múltiples subredes para que funcionen de manera integrada como una sola.

Su función principal es la recepción y envío de paquetes, haciendo uso de su capacidad de almacenamiento y aprendizaje de direcciones, de manera que todo paquete dirigido a un mismo destino seguirá una misma trayectoria y será tratado de la misma manera. Cuanto mayor sea el nivel de funciones que se requieran del conmutador mayor será su coste teniendo en cuenta que en este caso, los upgrades no se solucionan generalmente con “parches” sino con la adquisición de nueva infraestructura.

Por tanto, podemos considerar que existe una gestión/administración distribuida dependiente de cada uno de esos conmutadores y de sus limitaciones o lo que es lo mismo, dependiente de un conjunto de cajas negras que tienen que ser reemplazadas en el caso de que se requiera un nivel de “inteligencia” que vaya más allá de las que tiene definidas, con el coste que eso supone (si alguna de las cajas negras es un componente software, además de estar limitada a la propia funcionalidad que ofrece, salvo que sea un desarrollo a medida o sea una solución de software libre, será necesario montar un mecanismo para tratar de automatizar en lo posible la configuración de las reglas definidas).

Las redes definidas por software tienen como objetivo simplificar la gestión/administración de las redes, centralizándola e independizándola de las soluciones específicas para el direccionamiento, es decir, se pretende establecer dos planos diferenciando lo que es el plano de control que es donde se toman decisiones sobre el destino del tráfico y lo que es el plano de datos que es la infraestructura que hace el “trabajo sucio” de enviar el tráfico al destino seleccionado.

Es decir, seguimos teniendo cajas negras pero se extrae de ellas la mayor parte de su “inteligencia” y se integran en un único punto, que se denomina controlador.

Además de las posibilidades que este paradigma presenta en cuanto a la flexibilidad en la implementación y mejora de servicios, que se gestionará en de manera centralizada, tenemos su independencia respecto al proveedor de cada uno de los conmutadores de la red, lo que ofrece un marco de trabajo apropiado para un entorno de red que debe ser escalable y adaptarse a la demanda existente en cada momento.

Tenemos dos planos: inteligencia y músculo, se necesita, por tanto, un mecanismo de comunicación entre ambos y que sea un estándar. Con este fin surge OpenFlow promovido por la ONF (Open Networking Foundation)

No creo en la gestión reactiva de proyectos y, sin embargo, es todavía la política de gestión de proyectos que nos podemos encontrar con más frecuencia: gestión de plazos, incurridos y cumplimiento de normativa interna y la que solicite el cliente (orientación al cumplimiento).

Y, que no se me olvide, gestión del desgaste en las relaciones con el resto de implicados en el proyecto.

Para lo primero solo se requiere una cierta disciplina, para lo segundo bastante estómago.

Este esquema de gestión está a expensas del contexto del proyecto y el margen de maniobra, cuando es necesario adaptarse al cambio, es reducido porque generalmente se reacciona demasiado tarde y la energía, en lugar de enfocarse a volver a posicionarnos de manera adecuada en el proyecto se emplea en parchear la situación actual (gestionar el desgaste, alcanzar acuerdos que no suelen dejar contentos a nadie, etc…).

Una gestión proactiva trata de marcar unas líneas de actuación, siempre de la mano con el resto de implicados en el proyecto, está abierta a la adaptación al cambio, por lo que es flexible pero sin olvidar los objetivos generales establecidos contractualmente y trata de conseguir el mayor valor posible en el producto (el valor debería estar por encima de todo pero cuando se trabaja para terceros no hay que olvidarse de lo que está escrito, salvo que se hayan ido alcanzando acuerdos que de igual manera os recomiendo que queden por escrito) de acuerdo con los responsables del área usuaria, gestionando de manera adecuada sus expectativas, teniendo en cuenta siempre la inversión realizada y el contexto en el que se ha desarrollado el proyecto.

Este modelo de gestión requiere una mayor cercanía al proyecto, a tu equipo, al resto de implicados, al negocio y conocer de primera mano qué es lo que está pasando. Implica, en pocas palabras, bajarse a las trincheras.

Las horas de jefe de proyecto son las más caras, sin embargo, el problema real no es el precio sino en la rentabilidad que se le saca a esas horas. Si la gestión es reactiva, siempre me parecerá cara, si es proactiva y además, es efectiva, probablemente la podamos considerar hasta baratas.