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Archivos diarios: noviembre 23, 2013

La idea que tienen los product owners o los responsables funcionales del software que quieren no es más que algo abstracto, es más, hasta que el producto empiece a materializarse y cobrar una cierta entidad es más acertado decir que su idea inicial es lo que creen que quieren porque hasta que no se empiece a experimentar no saldrán a la superficie comportamientos y funcionalidades deseados pero que estaban ocultos o el caso contrario, comportamientos y funcionalidades que se creían efectivos y útiles y que no son ninguna de esas dos cosas.

De ahí la conveniencia de aplicar desarrollo iterativo incremental y con más razón en aquellos casos donde el sistema se prevea complejo y/o los responsables funcionales no terminen de verlo claro.

Pero desarrollo iterativo incremental es una idea muy general, si definimos ciclos largos hemos fraccionado algo el problema pero probablemente será insuficiente y será mayor la cantidad de desperdicio generado.

También es cuestión de enfoque, mejor siempre partir de soluciones simples consolidadas y validadas para a partir de ahí crecer hacia otras más complejas.

¿Se trata de obtener una versión rápida a toda costa? Versión rápida a toda costa es algo demasiado general, sí que resulta interesante cuanto antes obtener un feedback del usuario pero también que el desperdicio generado sea el menor posible (por lo que los ciclos de desarrollo deben hacerse con intención, de no hacerse así estaremos haciendo desarrollo por permutación y eso tiene un coste importante) y que no perdamos de vista que para seguir generando nuevas versiones es necesario que las modificaciones a realizar sobre el producto se puedan hacer en unos plazos razonables, por lo que en el momento en el que la deuda técnica supere unos determinados umbrales perderemos esa capacidad de respuesta rápida o por lo menos no tan rápida, efectiva y económica como sería deseable.

Tal vez al principio consideres que lo más importante es desarrollar una versión aunque sea prototípica para verificar si el producto va por el camino deseado y que determinados factores como la calidad del código son secundarios. Al final es algo que tendrás que valorar tú en base al contexto en el que estás desarrollando.

La palabra proceso nos crea la imagen mental de burocracia y esto es así no porque nos hayamos levantado de esa manera una mañana sino porque la mayoría de nosotros ha sufrido procesos de desarrollo de software que daban lugar a un mayor coste que a un beneficio real y que estaba lleno de hitos y entregables que se convertían en un obstáculo más que solventar en el ya de por sí complejo camino que son los proyectos de desarrollo de software.

Sin embargo, por mucho que no soportemos los procesos, muy probablemente aplicamos determinadas metodologías, estrategias o prácticas que en esencia también son procesos, lo que pasa es que como muchas de ellas para nosotros son automatismos o confiamos en sus resultados, no las vemos de esa forma.

¿Qué quiero decir con esto? Pues que tal vez el problema no se encuentra en el concepto sino en su definición e implementación, en la falta de una visión orientada a su mejora continua (si un proceso no sufre ajustes algo está pasando) y a la falta de flexibilidad que se ofrece a la hora de adaptarse a las particularidades concretas de cada proyecto.

Un proceso debe aportar, no restar. Si nos pone límites ficticios que dificultan nuestro margen de maniobra quiere decir que nuestros resultados en el proyecto estarán condicionados por impedimentos que perfectamente podrían haberse eliminado, ¿no es absurdo en estos casos abogar por la ortodoxia en lugar de la solución que más conviene?.

En los proyectos de desarrollo de software intervienen infinidad de variables y es el resultado de la colaboración de una serie de personas y no hay nada más impredecible que un ser humano, por ese motivo la definición de los procesos debe tener en cuenta esa circunstancia.

No se trata de acertar a la primera sino de tener capacidad de ir adaptándolo y mejorándolo con la experiencia y de dotar a su aplicación de la flexibilidad suficiente (incluyendo excepciones) para adaptarse lo máximo posible a las necesidades concretas que requiere el proyecto.