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Archivos diarios: diciembre 2, 2013

Cuando trabajamos desde una actitud ágil aplicando prácticas, estrategias o metodologías ágiles, tendemos a centrarnos en el incremento del valor del producto, sin olvidarnos de tener una deuda técnica sostenible, mientras solemos dejar de lado algunas tareas de gestión que llegado el momento nos pueden ahorrar algún problema.

Partamos de la base de que la agilidad funciona en un marco de trabajo en el que existe confianza entre las partes, cuanto mayor sea la separación entre las personas y los equipos más dominará la metodología y la burocracia y menos la agilidad (antipatrónarrojar al otro lado del muro“), sin embargo a veces en los proyectos intervienen factores externos que terminan por afectar a su desarrollo normal produciéndose problemas.

Por ejemplo, una de las partes cambia sensiblemente su posición en el proyecto exigiendo alcances o incrementos de presupuesto, siendo la situación del proyecto tal que no es posible alcanzar un acuerdo sin que alguna de las partes ceda de manera considerable.

En esos momentos, por muy buena voluntad que sigamos teniendo los que estamos en las trincheras tanto por parte del cliente y del proveedor, el partido se suele jugar en otras instancias, las cuales empiezan a solicitar a los equipos evidencias para tratar de utilizarlas en el proceso de negociación (o confrontación), evidencias que no irán más allá en muchos casos que el contenido de la pila de producto o de los sprints, lo que será insuficiente y luego se empezarán a pedir explicaciones por determinados tipos de acuerdos verbales que no se han registrado por escrito.

¿Cuál es la solución? Puedes optar por aplicar una táctica defensiva en todos los proyectos o realizar ajustes en función del mismo. La táctica defensiva consiste en tratar de registrar documentalmente todos los acuerdos parciales en el proyecto sin salirnos de la línea base del acuerdo inicial, esto puede servir como coraza (aunque quien quiera liarla, la liará con esto y sin esto).

Una táctica que considero más adecuada al desarrollo ágil consiste en analizar realmente qué tipo de proyecto estamos realizando, qué exigencias tiene nuestra organización y cuál es nuestra experiencia con el proveedor o con el cliente y a partir de ahí tomar tus propias decisiones sobre qué debe tener evidencia documental y que no (además de estas evidencias la propia metodología o procesos de las organizaciones pueden imponer otras, que tendrás que seguir quieras o no).

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