Desarrollo de software. ¿Quién expone en los contratos?

Tenemos los extremos:

– En los contratos llave en mano el riesgo lo asume el proveedor: “Estas son los objetivos, las condiciones y el dinero… ¡suerte!”.

– En los contratos por horas el riesgo lo asume el cliente: La baja productividad y esas horas que se pierden en el limbo de las horas de los proyectos de desarrollo de software (que debe de ser, por cierto, muy grande, para dar cabida a tantas).

Ambos extremos, en frío, sin matices, deben ser evitados y sin embargo con muy pocos matices son los que se utilizan de manera mayoritaria y ambas partes: clientes y proveedores tratan de arrimar el ascua a su sardina, muchas veces sin tener en cuenta que lo que a priori parecen ventajas se puede convertir después en inconvenientes.

La llave en mano es demoledora cuando se falla en las estimaciones y ten seguro que será así, estadísticamente se suele ser demasiado optimista con las mismas y más optimista será si el cliente es el que se ha encargado de hacerlas. Y no es cuestión solo de pesimismo o de optimismo, la clave está en que no se dispone de información suficiente para poder hacer una estimación medianamente realista y el problema lo tenemos en que ese conocimiento se obtiene conforme vamos avanzando en el proyecto.

Cuando el error es sensible nos encontramos en una situación de Death March Project, en la que será necesario replantear el triángulo de hierro o el proyecto fracasará sin remedio y con gran desgaste entre las partes.

Y el problema no es solo fallar más o menos con las estimaciones sino también en la definición de los objetivos por un lado porque a lo largo del contrato pueden cambiar, pero sobre todo por la interpretación de cuál es el nivel de acabado que tienen que tener los mismos para darse por satisfechos: para el cliente pocas veces será suficiente para el proveedor será justo lo contrario.

Las bolsas de horas ofrecen una flexibilidad extrema pero soy de la opinión de que para optar por esta opción el cliente debe confiar muchísimo en el proveedor y más que en el proveedor en las personas que van a intervenir en el proyecto.

Incluso en las condiciones más favorables para aplicar esa estrategia es beneficioso para ambas partes la definición de objetivos como podría ser por ejemplo facturar por iteración.

Como veis es difícil encontrar una fórmula en la que se consiga el equilibrio pero tal vez sea más sencillo encontrar soluciones en las que el riesgo se comparta.

En la serie de artículos sobre Contratación Ágil podéis ver algunas posibles soluciones a aplicar, teniendo siempre en cuenta que independientemente de la fórmula utilizada, si las personas se quieren entender se entienden (y al contrario), pero dado que nadie puede garantizar a priori que quiénes toman las decisiones van a estar durante todo el proyecto (las personas vienen y van), es conveniente que exista un marco de referencia:

Contratación ágil I.
Contratación ágil II.
Contratación ágil III.
Contratación ágil IV.
Contratación ágil V.

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