archivo

Archivos diarios: abril 17, 2014

Los presupuestos fijos en los proyectos sobre una base de funcionalidades que hay que desarrollar (y que son o pueden ser innegociables) dan lugar a fuertes desviaciones en las previsiones iniciales que se pueden ver reducidas o acentuadas en función del conocimiento del negocio, tecnología y de las personas (componentes de los stakeholders) que van a participar en el proyecto y de la materialización o no de los riesgos previstos e imprevistos.

Cuanto mayor sea la incertidumbre más probabilidad hay de que las estimaciones sean erróneas. Por tanto, cuanto más cerca estemos del inicio del proyecto, más probabilidad de error habrá.

Mike Cohn lo cuantifica de la siguiente manera (traducción libre): “Durante la fase de estimación de la viabilidad de un proyecto la estimación realizada se sitúa entre el 60% y el 160%”.

Sobre esa afirmación se podría pensar que todos los proyectos están abocados al desastre. Tal vez quien piense eso no anda muy mal descaminado, sobre todo si el proyecto se realiza en un contexto de inflexibilidad en el que las distintas partes no se centran en el problema: que es desarrollar un producto software de la mayor calidad posible teniendo en cuenta los recursos disponibles.

¿Qué es ese contexto de inflexibilidad? Este es el presupuesto y esto es lo que hay que hacer, no hay posibilidad de negociación ni voluntad de analizar las causas que han dado lugar a esa situación.

Es importante que tengamos en cuenta lo que nos dice el Manifiesto Ágil al respecto: “Se valora la colaboración con el cliente, por encima de la negociación contractual”, a lo que habría que añadir también que “Se valora la colaboración con el proveedor, por encima de la negociación contractual”.

Y es que las causas hay que analizarlas con el objeto de determinar cuál o cuáles han sido los orígenes de esta situación porque en base a eso hay que dialogar y negociar. Generalmente los problemas de ese diálogo o de esa negociación lo tenemos también como consecuencia de una situación de inflexibilidad y la negativa a reconocer errores por parte del cliente y del proveedor.

Dado que el desarrollo de software es evolutivo soy de la opinión de que el presupuesto en un proyecto debe evolucionar de la misma manera que lo hace el software teniendo siempre presente el cliente y el proveedor el coste de cada actuación. Sobre esta materia recomiendo leer la serie de artículos sobre Contratación ágil que escribí hace un tiempo.

Todas las medidas que supongan un obstáculo a la comunicación entre los componentes de un equipo de trabajo o entre equipos de trabajo diferentes suponen una resistencia importante al proyecto de desarrollo de software.

Se pueden establecer ciertas reglas orientadas a conseguir un mayor orden y una comunicación más eficiente pero es necesario evitar todas aquellas que creen entre personas y equipos que den lugar a que la comunicación sea mayoritariamente asíncrona (cuando no prácticamente inexistente) provocando un distanciamiento entre los equipos (no se trata de un hecho físico ya que pueden estar distanciados equipos que incluso trabajan en la misma sala), la aparición de antipatrones como: “Arrojar al otro lado del muro y que las funcionalidades se desarrollen o las decisiones se tomen sin contar con toda la información disponible lo que dará lugar a unos mayores costes debido al más que probable incremento del número de iteraciones necesarias para tener el producto.

A veces la comunicación se deteriora por conflictos entre personas o entre equipos que provocan que como medida de autodefensa se pongan como un escudo que dificulta o impide la comunicación. Por el bien del proyecto y de las personas que participan en él este tipo de situaciones hay que atajarlas cuanto antes y no dejarlas ir porque cuando se entra en enfrentamientos personales los mismos no terminan por arte de magia cuando acaba el proyecto.

También los gestores cuando no tienen una visión global tienen mucha que ver con el aislamiento de los equipos de trabajo.

Frederick Brooks en su libro “The Mythical Man Month” comenta lo siguiente: “Entonces, ¿cómo se comunicarán los equipos unos con otros? De tantas formas como sea posible”.

No hay mejor formar de gestionar las expectativas del área funcional o del cliente que evitando las sorpresas. Es como jugar a las cartas conociendo las del resto de jugadores y eso debería ser un proyecto de desarrollo de software, un conjunto de personas, equipos y organizaciones que trabajan con respecto a los demás de forma transparente (y esto es perfectamente compatible con los intereses particulares o de empresa que puedan existir).

En los proyectos en los que trabajo tengo como objetivo minimizar las sorpresas, gestionando de esta forma las expectativas del área usuaria desde el mismo momento en que puede haber un cambio en las mismas. Casi nunca gusta que acortes alcances pero te aseguro que es mucho mejor negociar en esas circunstancias que cuando, sin margen de reacción, no cumples los compromisos con el usuario.

La confianza es fundamental en el desarrollo de software y más en proyectos con la intensidad que requieren los enfoques iterativos incrementales, por ese motivo es absolutamente necesario gestionar las expectativas, modularlas a la realidad del proyecto.

Ocultar el estado real del proyecto o de un sprint no sirve para nada porque al final, más pronto o más tarde se termina descubriendo el pastel, tal vez todo salga a la luz después de haber terminado los trabajos, pero esa huida hacia adelante termina pasando factura si quieres volver a seguir trabajando con ese cliente.