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Tecnología

Un error muy típico lo tenemos en el diseño de los formularios de presentación telemática en los cuales, en lugar de buscar soluciones simples y sencillas para el ciudadano o para personas jurídicas se ha optado por el diseño de angostos formularios para los cuales se necesita tener quince doctorados para rellenarlos con una información medianamente decente (en el caso de que el ciudadano tenga la paciencia necesaria para rellenarlo, la calidad del dato no será muy buena, lo que después dará probablemente a uno o varios trámites de subsanación).

Con estos formularios se pretende que el ciudadano descargue de parte de trabajo a la Administración, cuando en realidad el objetivo de la Administración Electrónica es distinto: facilitar y simplificar las relaciones que tiene el ciudadano con la Administración. Y no me vale el criterio del ahorro económico para dar un mayor “trabajo” al solicitante, ya que salvo excepciones ese ahorro económico es ínfimo.

Por otro lado hay que tener en cuenta que el desarrollo de formularios complejos requiere unos mayores costes de desarrollo y unas plataformas de Oficinas Virtuales a la vez más complejas. Lo mismo lo que te consigues ahorrar por un sitio (a costa del ciudadano) te lo terminas gastando por otro.

Los formularios deben ser simples siempre que sea posible (y es posible incluso en aquellos casos donde parece que no es viable realizar esa simplificación) y no pedir al ciudadano que realice tareas redundantes o que podría realizar la Administración, por ejemplo, si un determinado trámite telemático requiere una memoria que se adjunta en la solicitud, no se le debe hacer al ciudadano grabar en el formulario información contenida en el mismo (salvo que sea absolutamente necesarios).

¿Por qué no termina de arrancar la administración electrónica? La respuesta es compleja y en los siguientes artículos voy a comentar algunos factores que, desde mi punto de vista, tienen gran influencia.

No obstante antes de entrar a analizar esos factores es importante poner sobre la mesa una realidad (al menos para mi) y no es otra de que las expectativas puestas en la administración electrónica eran demasiadas, se disparó la inversión y se empezaron a hacer leyes sin tener en cuenta el contexto real en el que nos encontramos.

Las Administraciones Públicas se lanzaron a montar oficinas virtuales, aplicaciones que en tenían en sí una oficina virtual embebida, a contratar sistemas de autenticación y firma electrónica y todo con poco orden y concierto. El fin evidentemente era positivo pero las acciones para llegar a ese fin no.

¿Por qué digo demasiadas expectativas? Pues porque se pensaba que a base de dinero se conseguiría una implantación eficaz de la misma y no ha sido así. Se han conseguido resultados, es evidente, pero ¿están acordes a la inversión realizada?.

No quiero que entendáis que estoy en contra de la Administración Electrónica, antes al contrario, soy un defensor a ultranza de la misma y lo que critico es cómo se han hecho las cosas, se ha ido a un ritmo de 1000 km/h cuando en realidad se hubiera requerido un ritmo inferior y que hubiera conseguido unos resultados como mínimo similares y con una inversión mucho menor.

De lo que es la figura de Steve Jobs me quedo con:

– Su capacidad de liderazgo (pese a que tuviera comportamientos que no comparto en absoluto). Aún así, las personas que asumían cómo era, iban con él hasta el final, porque sabían que independientemente de que fuera de una determinada manera, nunca traicionaba a sus principios y nunca traicionaba a Apple.

Sin esa capacidad de liderazgo hubiera sido imposible conseguir todo lo logró, porque cuando a las personas se les exige más allá de lo que humanamente parece posible y eso se prolonga en el tiempo, la mayoría termina por reventar y levantar el pie del acelerador, sin darse cuenta de que lo mismo se encuentran a poca distancia del objetivo. Con Jobs lo apretaban hasta el final.

– Su energía, su hambre, su espíritu emprendedor.

– La fidelidad a sus ideas y sus principios.

– Su visión de que el éxito de un producto llega a través de su calidad (expresada en todos los detalles del mismo).

– Su capacidad para ver mercados donde nadie los había visto.

– Su capacidad para inventar e innovar y convertir esas ideas en realidades.

– Su capacidad para crear una cultura dentro de Apple que le sobreviva.

Después de todo esto, ¿seguiré sin comprarme un producto de Apple? De momento sí, aunque tras el estudio de la vida de Steve Jobs, me he sentido muy tentado de hacerlo.

Creo en las tecnologías abiertas y eso choca con la concepción de producto de Apple. Pero hoy, a diferencia de hace unos meses, contemplo a los productos de Apple como una opción más, no les cierro las puertas.

Y desde el año 1997, no sin unos inicios complicados y sin algún que otro altibajo, Apple se convirtió en lo que es actualmente, la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo.

Y en medio de todo eso:

– Tuvo la capacidad de buscar una salida económica a una industria en crisis como la discográfica (que lo sigue estando entre otras cosas porque no termina de entender que su modelo de negocio no es compatible con la realidad en la que vivimos) tras la irrupción de Napster (que fue el detonante de toda la revolución posterior) y eso lo hizo a través del iPod y de iTunes.

El iPod supuso a su vez una revolución en el consumo de la música, hay un antes y después del iPod.

– Revolucionó el concepto de tienda minorista, como necesidad para la defensa de sus productos y de su concepto, ya que en otras tiendas donde compartían espacio con otros productos, no tenían un tratamiento preferente por parte de los vendedores que entendían que era más sencillo vender dispositivos más asequibles económicamente. En estas tiendas, con un diseño y disposición de los productos muy cuidada, surgió también el concepto de Genius Bar, para dar asistencia técnica por parte de expertos.

– Transformó el negocio de los dispositivos móviles con el iPhone, dotándoles de una tecnología que por fin hacía agradable y útil la realización de operaciones o la simple navegación a través de Internet.

– Creó un nuevo paradigma, la llamada era post PC, con la aparición del iPad.

Si sumamos todos los logros que se encuentran tras la figura de Steve Jobs, nos encontramos probablemente con la persona que más ha contribuido al campo de la innovación en la industria de la tecnología en los últimos cincuenta años.

Jobs, se fue dejando un mundo mucho mejor que el que lo acogió en el año 1955.

Y es una pena que se fuera tan pronto porque hubiera seguido innovando, porque seguía teniendo hambre y además contaba con el respaldo de la empresa más valiosa del mundo y con una legión de incondicionales que crecía cada día.

Otras de las decisiones importantes que tuvo que tomar Jobs tras su vuelta fue la de intentar convencer a Microsoft para que continuase produciendo Microsoft Office para la plataforma Apple.

La cuota de mercado de los productos de Apple era poco significativa en relación a la de los PCs y no terminaba de ser suficientemente rentable seguir pensando en esa plataforma.

Se puede tener un gran hardware y un gran sistema operativo pero los usuarios realizan sus trabajos y tareas a través de aplicaciones y Apple no podía permitirse que la suite ofimática más importante (y más en 1997) quedase descontinuada en sus productos.

Jobs consiguió convencer a Gates, con el que tuvo conversaciones para cerrar el acuerdo hasta horas antes de presentar el mismo en el MacWorld de Boston en 1997.

Finalmente se llegó al acuerdo de que Microsoft seguiría desarrollando software para Apple y además se comprometía a invertir 150 millones de dolares en la compañía (en términos económicos para los números que manejan este tipo de empresas se trataba de una inversión simbólica, pero que venía a decir a los usuarios y al mercado que Microsoft se comprometía con Apple y que este acuerdo miraba más allá del corto plazo).

Bill Gates tuvo la oportunidad de hacerle un daño a Apple del que desconozco si se podría haber recuperado (con Jobs todo es posible), sin embargo no lo hizo. Es cierto que el acuerdo también fue ventajoso para Microsoft pero perfectamente podría haber prescindido de él.

Ahora bien, tengo serias dudas de que Jobs hubiera ayudado a Microsoft si las circunstancias hubieran sido al revés.

El mérito de Jobs fue tragarse su orgullo y entender que en esos momentos las necesidades de Apple estaban por encima de las suyas (no siempre un empresario o cualquiera de nosotros en nuestro trabajo terminamos por dejar que lo más conveniente venza a nuestro orgullo). Es cierto que tanto en el pasado como en el futuro, puso Jobs su orgullo por delante, pero las condiciones eran distintas, tenía en la mayoría de los casos margen de maniobra para elegir otras alternativas.

La relación entre Jobs y Gates tuvo sus altibajos, tenían una personalidad muy diferente y muy distinta forma de concebir los productos.

Jobs defendía la unión entre hardware y software como estrategia para el desarrollo de productos de máxima calidad, Gates desarrollaba software para diferentes plataformas. Jobs defendía la calidad absoluta en los productos que sacaba al mercado, Gates defendía la practicidad.

A esto hay que sumarle que Gates nunca terminó de asumir muy bien que Jobs fuera considerado un visionario y un gurú del mundo de la tecnología cuando ni siquiera sabía programar y Jobs tampoco terminó de asumir muy bien que una persona con el perfil técnico de Gates se le considerase un genio del mundo de los negocios.

Al final, estas dos grandes figuras del mundo de la informática, ambos nacidos en 1955, tenían una buena relación y un gran respeto entre ambos, independientemente de la rivalidad que pudiera existir entre sus empresas (o incluso entre sus figuras).

Ordenador personal, ordenador personal con interfaz gráfica de usuario y revolución en el campo de la animación por ordenador. Tres grandes hitos a las espaldas de Steve Jobs, en los casi cuarenta y dos años con los que volvió a Apple.

Muchas cicatrices, interminables horas de trabajo.

Y seguía con hambre.

Volvió a Apple y tomó decisiones esenciales que permitieron sobrevivir a una empresa que estaba en profunda decadencia y con un futuro más que incierto.

Jobs seguía sintiendo a Apple como suya, como algo inseparable de él y así fue hasta el final. De hecho ese fue otro de sus grandes secretos, su identificación con una marca, a la que asoció a su causa, la continua innovación proporcionando nuevos productos a la sociedad que a su vez fomentaron a la competencia a ser cada vez mejor.

Tuve que hacer un importante recorte de gastos que tuvo como eje, la reducción del portfolio de productos a solo cuatro, un ordenador de sobremesa y un portátil dirigidos por un lado al ámbito doméstico y por otro al ámbito empresarial.

Se focalizan los esfuerzos en menos productos pero con el objetivo de centrar en ellos toda su atención. En este caso, menos es más, menos productos más calidad y más innovación.

Se rodeó de un equipo de confianza, esperaba una larga travesía en el desierto y para ello necesita contar con personas que compartieran sus decisiones. Eso lo llevó tanto al ámbito del Consejo de Administración como en los principales responsables de área.

Llevar la calidad a su máxima expresión, introduciendo el diseño como parte del propio producto y no solo como su envoltorio e innovar para sacar productos que no tengan competencia.

Para ello confió en una figura que en esta etapa sería relevante tanto para Jobs como para Apple. Jony Ive al frente del diseño industrial trabajando codo a codo con Jobs, desarrollaron diseños innovadores y transgresores para los productos, que si bien trajeron de cabeza a los ingenieros de Apple, proporcionaron una experiencia de usuario, en muchos casos incomparable al de otros productos similares.

Se intentó recuperar su imagen de marca, esa imagen que hacía que contase todavía con infinidad de incondicionales dado que debería pasar todavía bastante tiempo para enderezar el rumbo (cuesta mucho trabajo dar la vuelta a una deriva negativa), era necesario que esa masa de fieles se sintieran identificados con la causa y confiasen en que más pronto que tarde se recuperaría el espíritu que se estaba perdiendo.

Para ello puso en marcha la campaña Think Different, que trataba de expresar los valores de la compañía y de sus seguidores.

Jobs fue un revolucionario en la aplicación de las técnicas de marketing, ya lo hizo con el famoso anuncio de presentación del Mac en la Super Bowl y llevó esa práctica a lo largo de toda su carrera, si bien fue en su segunda etapa en Apple donde la explotó al máximo, no solo en los anuncios, sino en las propias presentaciones de los productos tanto en los meses previos a la misma como en su puesta en escena.

En 1986, Jobs compró Pixar por 5 millones de dolares, además de otros 5 millones de dolares que invirtió inicialmente en la misma, en total 10 millones de dolares. En 2006 Disney se hizo con Pixar pagando más de 7000 millones de dolares y convirtiendo a Jobs en el principal accionista a título individual de Disney.

Sin embargo, la aventura no resultó nada fácil, ya que Jobs ejerció de banquero principal de Pixar y la inversión inicial se multiplicó con el paso de los años. A estos hay que sumar que Pixar triunfó en el mundo de la animación (y en ello tuvo mucho que ver el software que desarrolló) pero la idea inicial era la venta de su hardware y software especializado en el tratamiento de imágenes.

Cuando todo estaba casi perdido, se llegó a un acuerdo con Disney para la realización de tres largometrajes. El éxito de Toy Story (que costó muchísimo esfuerzo sacarla adelante) y de la salida a bolsa de Pixar, crearon un cimiento muy sólido al que le siguieron éxito tras éxito.

John Lasseter fue la persona clave en este período, como lo fue Steve Wozniak en su primera etapa en Apple. Director creativo de Pixar y realizador, de su cabeza salió Toy Story y los siguientes éxitos de Pixar. Fue muy respetado por Jobs, que como artista sentía una profunda admiración por aquellos que poseían un talento superior al suyo