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Archivo de la etiqueta: Aristóteles

Decía Aristóteles que: “El cambio en todas las cosas es dulce”.

Es dulce si se asimila el cambio, si se entiende que es inevitable porque cada día el mundo sigue girando.

Si no se asimila y se entiende que la situación actual es la adecuada y no va a cambiar es cuando llegan los problemas. Tal vez la situación sea adecuada, confortable, positiva, dulce incluso, y es bueno disfrutarla y sacarle todo el provecho posible, pero se debe estar dispuesto y, sobre todo, preparado, para el cambio.

La tecnología está en continua evolución, las personas también. Las organizaciones deben ser conscientes de eso, quien antes era un competidor insignificante tal vez sea hoy quien te esté quitando el mercado y lo peor no es eso, cada día surge nueva competencia más adaptada al contexto actual.

Los sistemas de información no son ajenos a los cambios, teniendo en cuenta que soportan procesos organizativos y que estos se van a ir modificando. El software tiene sentido si existe un usuario, si el usuario y/o su contexto, cambia, evoluciona y sabemos que es una característica inherente, podemos decir que la necesidad de cambio es también inherente al software.

Tener un gran conocimiento teórico siempre resulta interesante porque te permite una capacidad de análisis basada en las diferentes percepciones de personas que probablemente han tenido una gran experiencia en la materia.

No obstante, el verdadero conocimiento es la aplicación real del mismo en la práctica. Algo que no resulta nada sencillo porque siempre aparecen multitud de variables no recogidas en los libros y que tendrás que gestionar.

No estamos libres de equivocarnos, es más, los errores nos permiten crecer, pero la probabilidad de error cuando estamos trabajando en las trincheras es mayor cuanto más te separe la teoría de la práctica.

La experiencia (real) es la que termina enriqueciendo los conocimientos teóricos.

Ya lo decía Aristóteles: “La inteligencia no consiste sólo en el conocimiento; sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”.

Generalmente cuando nos enfadamos hay alguna variable en la que sobrepasamos su límite, también es bastante probable que hayamos creado un mundo de un grano de arena.

Decía Aristóteles que: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” y efectivamente no lo es.

Es humano enfadarse, como humano es equivocarse. Ahora bien, es fundamental modular nuestra reacción a la causa que nos lo ha provocado, por lo que nos deberíamos preguntar: ¿realmente tiene importancia?, ¿realmente soluciono algo con un enfrentamiento? y en cualquier caso, no actuar nunca en caliente porque puede darse el caso de que en una situación en la que teníamos toda la razón, un comportamiento inapropiado haga que todo se vuelva en nuestra contra.

La ira hay que saber gestionarla y eso no es algo que se aprenda de la noche a la mañana, reprimirla y expulsarla de manera inadecuada, nos provocarán problemas. Aprender a dominarla es un proceso en el que muchas veces te terminas tropezando en la misma piedra.

¿Cuántas veces se ha arreglado el mundo, un departamento o un proyecto en una reunión y cuántas veces se ha quedado solo en palabras y más palabras? Y es que de las palabras a la acción hay un largo camino. Las primeras son gratis, las segundas requieren esfuerzo y posiblemente desgaste, con las primeras nos quedaremos probablemente (en el mejor de los casos) como estamos, con las segundas tendremos la posibilidad de evolucionar (el intento es a mejor, después las cosas, salen o no salen).

Decía Aristóteles que “El movimiento es el paso de la potencia al acto”, y efectivamente así es, esperar la evolución o que las cosas cambies sin actuar es dejar en manos de terceros tu futuro (y tu presente) y en el mundo del desarrollo de software y de los negocios en general eso resulta muy peligroso porque solo se saldría adelante si los demás se equivocan, algo que probablemente no ocurra, teniendo en cuenta que seguirá saliendo mucha mejor competencia y más adaptada.

Es muy frecuente que un potencial proveedor para vender los productos o servicios de su organización hagan uso de un vocabulario que no se adapta a la audiencia con la que trata.

De hecho se abusa en numerosas ocasiones de excesivo tecnicismo, spanglish y frases hechas del mundo de la consultoría software. Esto se hace con el objeto de demostrar que se sabe de lo que habla, si bien, cuando la audiencia no es la apropiada se consigue el efecto contrario, porque que no se entienda no es lo mismo que dejarte impresionado.

Hay que saber adaptarse al perfil de personas que están tratando contigo, a veces tendrán un perfil más técnico, a veces tendrán un perfil más de gestión y otras tendrás a personas de los dos tipos.

Nunca es fácil vender, es muy complicado, sobre todo si no te conocen (aunque si te conocen y tu organización ha fallado una y otra vez, lo tendrás más difícil todavía), pero no compliquemos más las cosas con un discurso genérico que ignora a las personas que tienes delante.

Aristóteles decía: “Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla”.