archivo

Archivo de la etiqueta: carga de trabajo

Cuando un proyecto entra en una espiral en la que el equipo de proyecto tiene que enfrentarse continuamente a una horda de problemas que dificulta, sin duda, su avance y el cumplimiento en los compromisos en las diferentes iteraciones es que algo se ha hecho mal o que la situación de partida no era buena o, tal vez, ambas cosas.

También es cierto que si el equipo no se deja vencer por esta situación, va respondiendo, va ganando la batalla aunque parezca que nunca termina y se cumplen buena parte de los compromisos, es que algo se está haciendo bien.

La verdadera naturaleza de un equipo de proyecto, como en la vida, sale en los momentos malos, ahí es donde no solo vale la capacidad técnica o los conocimientos, sino la intención y las ganas de luchar por tratar de cumplir unos objetivos. Cuando el desgaste, la presión y los nervios te van haciendo más pequeño, solo te quedan dos opciones, dejarte vencer o tratar de enfrentarte a la situación, ahí es donde te haces grande y en donde demostrarás que no solo puedes ganar cuando el viento sopla a favor.

Si los problemas no dejan de aparecer, llegado el momento adecuado (porque una solución aplicada en mal momento por muy buena intención que lleve, puede empeorarlo), es necesario actuar.

Muchos de esos problemas (más de lo que se piensan) son el resultado de someter a los equipos a una carga de trabajo superior a la que pueden admitir, lo que provoca que cualquier contingencia se convierta prácticamente en un obstáculo insalvable. Si a eso le sumamos otros riesgos como un entorno tecnológico inestable, un código con mala deuda técnica, la participación de diferentes equipos que tienen que sincronizar desarrollos, etc…, la aparición de problemas, uno tras otro, será inevitable, mientras pasan los días y es necesario cumplir lo pactado.

Hablo de solución y debería hacerlo en plural porque generalmente e independientemente de que haya algún problema principal hay otros secundarios que por si mismos o por alimentar a terceros, también deben ser tratados.

He leído últimamente en Twitter con relativa frecuencia una cita que refleja en gran medida lo que es el desarrollo de software: “Hasta que el producto (o su versión correspondiente) no se pasa a producción no se sabe realmente cuál ha sido el esfuerzo y tiempo necesario”.

Una gran verdad. Los métodos de estimación son eso, métodos de estimación. Después, a lo largo del proceso de desarrollo pueden pasar muchas cosas (incertidumbre) que echen al traste todo lo estimado y sea necesario ir realizando reajustes a lo largo de todo el proyecto (bienvenidos sean esos ajustes porque lo que no tiene sentido es seguir engañándonos con estimaciones irreales).

En las metodologías ágiles, independientemente de que podamos establecer un objetivo final (en cuanto a la delimitación del alcance del producto y el tiempo y esfuerzo para llegar a eso), nos encontramos ante la misma situación, si bien, en este tipo de desarrollos al factor incertidumbre hay que sumarle el factor feedback del usuario que pueden obligar a hacer ajustes continuos en determinadas funcionalidades hasta que consigamos ponerla a la medida de las expectativas creadas en la misma (e igualmente, bienvenidos sean esos ajustes, ese feedback y esos cambios).

Pero es que incluso a nivel de sprint, por muy cerrado que tengamos la carga de trabajo máxima (velocity) e incluso por mucha experiencia que tengamos a la hora de estimar y la estrategia de estimación sea adecuada (por ejemplo Planning Poker), también podemos equivocarnos. Lo importante en este caso es determinar la causa de la desviación para realizar, si proceden, las mejoras correctoras necesarias.

Otro artículo relacionado: “Desarrollo de software. Metodologías ágiles. Replanificar la fecha de entrega o cumplir con la misma“.

Todos nosotros contamos con una capacidad de trabajo y energía para cada jornada, no siempre es la misma porque no todos los días son iguales.

Son muchos los factores que pueden afectar a nuestro rendimiento pero una de ellos es, sin duda, la carga de trabajo que llevamos acumuladas. Si el día anterior eché doce horas, tendrá consecuencias en el rendimiento que tenga hoy, si hoy echo otras doce, tendrá consecuencias en el rendimiento que tenga mañana y serán mayores que las que tuve hoy.

Si ese esfuerzo se acumula en el tiempo la capacidad productiva de los trabajadores afectados disminuirá y no solo eso, muchos de ellos terminarán buscándose otros horizontes profesionales ya que una carga excesiva de trabajo sostenida en el tiempo tendrá consecuencias en la vida personal de cada uno. Tal vez si la recompensa económica o de desarrollo profesional es proporcional al esfuerzo realizado se consiga aguantar más sin que la productividad se resienta considerablemente, teniendo en cuenta que eso será a cambio de importantes sacrificios personales. Lo que pasa es que no todo el mundo está dispuesto a afrontar esos sacrificios y lo que es más común, difícilmente te encuentras con organizaciones que premian en proporción a tu esfuerzo y compromiso y todavía es más difícil conseguir esa proporcionalidad si además te encuentras en los niveles inferiores de la jerarquía.

Es razonable que existan períodos de tiempo donde existan picos de trabajo y que por muy productivo que se sea se necesiten echar más horas. Eso es asumible (aunque injusto si no se premia al trabajador en el caso de que ese sobreesfuerzo haya traído beneficios de algún tipo para la organización), lo que no es asumible es que se viva en un continuo pico de trabajo.

Las jornadas laborales deben ser racionales, no por echar más horas se produce más. El efecto es que se distribuye la energía entre el número de horas que hay que tener la mente en el trabajo o que estás ligado al trabajo (lo mismo tienes una jornada de ocho horas, pero el tiempo de comida entre la jornada de mañana y tarde hace que estés al ligado diez u once horas).

Quien es productivo y quiere serlo, pondrá los medios para conseguir los mejores resultados posibles en el tiempo disponible para hacerlo. Quien no lo es, casi que da igual el tipo de jornada laboral que haya o el número de horas que trabaje. No se trata de cantidad sino de calidad.

Se tiende a cargar de trabajo a las personas más productivas de una organización hasta que se supera el umbral que pueden soportar. Cuando esto se produce la única forma que tienen de sacar el trabajo adelante es invirtiendo más horas. Como también existe un límite para el sobreesfuerzo, llegará un momento donde no se pueda seguir obteniendo la misma calidad en los resultados y se incumplan los plazos.

Resultado: se tiene a personas cansadas y que empiezan a desmotivarse y que se preguntarán con cada vez más insistencia, ¿por qué me piden que esté en todos lados y no se le exige eso a otros?.

En eso caemos todos, cuando hay un problema siempre tendemos a asignárselo a quienes sabemos que lo va a sacar adelante de la mejor manera posible, pero si siempre son los mismos, tendríamos que plantearnos por qué el resto del equipo no funciona igual (o, al menos, parecido) y si es mejorable de alguna manera su contribución o hay que hacer sustituciones en el mismo.

Por otro lado, es necesario ser objetivos con aquellas personas que nos sacan las castañas del fuego una y otra vez, que se sienten parte del equipo y permitirles un desarrollo profesional acorde a todo lo que están aportando.

La productividad, la experiencia, los conocimientos y saber delegar pueden hacer que la carga de trabajo asumible sea mayor que la media y eso en un momento dado puede marcar la diferencia respecto a los demás, no obstante, todo tiene un límite y llegado a un determinado umbral, la calidad del trabajo se resiente, en forma, en ejecución, en plazos, etc…

A todo lo anterior hay que sumarle el tiempo necesario para ajustarnos a los diferentes cambios de contextos que nos exige la existencia de muchos tipos de tareas de diferente índole.

La mayoría de nosotros tiene asignadas potencialmente más tareas que nuestra capacidad, sin embargo, contamos con la ventaja de que no todas se activan simultáneamente y así podemos ir tirando. El gran problema es cuando se activan demasiadas a la vez y la probabilidad de que eso suceda crece en la medida del número de tareas que se tienen asignadas y de su complejidad.

Por ese motivo hay que tener cuidado con nuestra ambición y tener medida con las tareas que asumimos, también es necesario dar nuestra voz de alarma a nuestros superiores si prevemos que más pronto que tarde podemos llegar a este tipo de situaciones, podrán hacernos caso o no, pero por lo menos hemos avisado.