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Archivo de la etiqueta: Cimas y Valles

En nuestro día a día profesional cometeremos errores y tendremos éxitos. A veces se reconocerán los éxitos y los errores pueden terminar con nuestra aventura en una organización.

Es difícil aprender del éxito porque hay que ser de mentalidad muy fuerte para tener capacidad de análisis cuando el viento sopla a favor.

De todas formas y ante cualquier circunstancia tenemos que tratar de analizar todo lo que hemos podido hacer mejor, ya que es la única manera de tratar de mantener la racha y seguir progresando.

Ya lo dice Spencer Johnson en su libro “Cimas y Valles”: “Las cimas y los valles está conectados. Los errores que cometes en los buenos momentos del presente crean los malos momentos del mañana. Y tus aciertos en los malos momentos del presente crean los buenos momentos del mañana”.

Y el viento también soplará en contra, tomarás decisiones equivocadas, no podrás dedicar todo el tiempo que un proyecto necesita o te encuentras sin energía para ello, ante esto solo te quedan dos opciones: seguir luchando o rendirte, solo con la primera tendrás posibilidades de revertir la situación y te encontrarás además con una situación de ventaja con respecto a otros muchos profesionales de tu sector, siempre y cuando hayas aprendido de tus errores, ya que ya has pasado por ellos y tienes más posibilidades que otros de no volver a tropezarte de nuevo con la misma piedra (es probable que lo vuelvas a hacer, pero tómalo como una experiencia más, con el objeto de evitar que vuelva a suceder).

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure lo expresa de manera muy simple: “Cae siete veces, levántate ocho”. Esa es la clave para seguir evolucionando y progresando.

La suerte está ahí a veces te llega sin buscarla, otras veces nunca te llega por más que trates de alcanzarla. La suerte es un recurso que no depende de ti por lo que si realmente quieres conseguir tus metas tienes que pasar a la acción.

Y la acción requiere un esfuerzo, un sacrificio. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?.

Andy Hunt realiza la siguiente reflexión: “Decide que quieres, decide que estás dispuesto a pagar por ello. Establece tus prioridades y pasa a la acción”.

Muchas veces perdemos el ánimo cuando vemos que otros consiguen objetivos similares a los nuestros sin exponer tanto como nosotros, sin tanto sacrificio. En muchos casos nuestra percepción no es real, ya que no conocemos de manera cierta el esfuerzo que han dedicado esas otras personas. En el caso de que realmente les haya resultado más fácil será consecuencia de un contexto que en este caso ha jugado a su favor, en estas situaciones hay que entender que la vida es una sucesión de contextos en el que se suceden cimas y valles y en donde un día el viento corre a favor y otro en contra.

La teoría de la evolución deja patente que aquellas especies que mejor y más rápido se adaptan a su entorno son las que sobreviven.

Esta teoría es aplicable también al mundo de los negocios donde el mercado provoca un ecosistema que cambia continuamente, donde la competencia es feroz y que está lleno de incertidumbre.

Supuestamente en un entorno como este solo quedarán aquellos que se hayan adaptado mejor a su funcionamiento y que más flexibilidad presenten ante el continuo cambio. Solo deberían sobrevivir los mejores (no los más grandes, si no que le pregunten a los dinosaurios) ante las circunstancias que vaya marcando el mercado.

En el desarrollo de software debería pasar lo mismo. De hecho está pasando. En la situación actual de crisis muchas organizaciones lo están pasando muy mal y otras están desapareciendo y esto ha sido provocado en gran medida porque en la época de bonanza económica y burbuja del desarrollo de software (provocada especialmente por la modernización de la administración pública) el principal interés ha sido contar el dinero que se ingresaba mensualmente y no la de establecer unas estructuras para la organización que permitiera su crecimiento y evolución.

Alguna que otra vez he hecho referencia a una cita del libro “Cimas y Valles” de Spencer Johnson (del que recomiendo su lectura) que dice lo siguiente: “Las cimas y los valles está conectados. Los errores que cometes en los buenos momentos del presente crean los malos momentos del mañana. Y tus aciertos en los malos momentos del presente crean los buenos momentos del mañana”.

No puedo estar más de acuerdo con Spencer Johnson.

Según Darwin, esas organizaciones que no han sabido adaptarse deberían desaparecer, sin embargo, no es así y eso realmente es una demostración de por qué en nuestro país no conseguimos un nivel de competitividad medianamente decente.

¿Por qué sobreviven? Factores hay muchos, pero uno de ellos es la cultura de la subvención (a lo que se suman otras medidas como la reducción de masa laboral y/o salarial, incremento de la jornada laboral, una mayor austeridad, etc…). Lo que no se logra en los negocios te lo proporcionan las administraciones públicas. Como siempre tienes esa carta bajo la manga que te va a salvar, ¿para qué voy a esforzarme por ser más competitivo? ya vendrán tiempos mejores donde vuelvan los ingresos sin necesidad de tanto esfuerzo como ahora.

La supervivencia de estas organizaciones es un ataque directo a la crisis del software porque son entidades que no han sabido y/o no han querido entender la idea de que lo realmente importante para fidelizar clientes y ganar mercado es la calidad del software, junto a la innovación, además de establecer unos procesos internos que permitan dinamizar el funcionamiento de la organización.

Pese a que en casi todo naufragio hay supervivientes, la coyuntura económica actual junto a la aparición de empresas pequeñas pero muy competitivas debería ser un toque de atención para aquellos que siguen con políticas de desarrollo de software negativas y/o con procesos internos inexistentes o inapropiados y que no terminan de cambiar: o te adaptas (y con ello ayudas a todo el sector y a ti mismo, con un enfoque del desarrollo de software orientado a la calidad que permita dar una vuelta a la consideración que tiene el resto de sectores con nosotros) o desapareces.

Una cita de Peter Drucker que refleja un hecho sobre el que no me caben dudas es la siguiente: “La mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso.”.

No se le da suficiente importancia a las estructuras. Las organizaciones se van transformando y sin embargo no se cuida el desarrollo de esa metamorfosis sobre todo si las cosas vienen bien dadas. Cuando hay dinero, las estructuras crecen, se superpoblan, se tiende hacia lo irrelevante, olvidando de consolidar lo relevante, se potencian áreas donde se es débil en lugar de potenciar aquellas donde se es fuerte, donde se marca la diferencia, la que si funciona bien o mal condiciona nuestros resultados presentes y futuros.

¿Qué pasa después? Pues que cuesta mucho dinero mantener lo que se ha creado (además de que las grandes estructuras tienen menor capacidad de adaptación) y en el momento en que se ingresa menos de las expectativas de beneficio o, lo que es peor, menos que los gastos toca adelgazar la estructura algo que supone mucho más esfuerzo y problemas que lo que costó crearla (básicamente igual que cuando se quiere perder peso), algo que se ve empeorado porque se tiende, con esta visión salomónica que nos caracteriza a todos, a que aunque algunas áreas se adelgacen más que otras, la mayoría terminan perdiendo estructura y muchas de ellas son las más relevantes para el funcionamiento y/o negocio de la organización.

En el artículo “altibajos” donde hice una serie de reflexiones sobre el libro “Cimas y Valles” de Spencer Johnson puse una cita del mismo, que viene muy bien para dar cierre a este tema, que decía: “Las cimas y los valles está conectados. Los errores que cometes en los buenos momentos del presente crean los malos momentos del mañana. Y tus aciertos en los malos momentos del presente crean los buenos momentos del mañana”

Estoy leyendo un libro llamado “Cimas y Valles” de Spencer Johnson, que trata de manera metafórica de enseñarnos que aunque la vida sea un vaivén de buenos y malos momentos provocados por circunstancias externas e internas a nosotros mismos, no somos, si nos lo proponemos y sabemos manejar las situaciones, una barquilla que se deja arrastrar por la corriente. Si tenéis la oportunidad os recomiendo la lectura del libro, que si bien es cierto que simplifica demasiado cosas que no son tan sencillas de manejar y puede provocar escepticismo si se interpretan literalmente, permite mostrarnos aspectos de la vida y del comportamiento humano que aún siendo evidentes están tan cerca que no los vemos. Es un libro que resulta sencillo de leer y el mensaje que intenta trasmitir llega con facilidad.

Todos los seres humanos tenemos altibajos, forman parte del juego de la vida. Unas etapas donde las cosas salen bien y otras donde bienen mal dadas. Estos altibajos se pueden producir en cualquier aspecto de nuestra vida, por lo que tanto personal como laboralmente a veces tendremos momentos excelentes, otros regulares y otros malos. Es importante asumir que esto sucede y que no siempre es posible estar en un estado donde todo fluya de manera adecuada o de la forma que nos gustaría.

Que el tener altibajos sea un aspecto inevitable, no quiere decir que no podamos hacer nada al respecto, ya que en nuestra mano está reducir el número de malos momentos, así como la duración de los mismos, así como aumentar los momentos buenos y hacer que se prolonguen más. Es decir, habrá circunstancias que no podremos controlar y que nos lleven a buenos y malos momentos, pero también existen situaciones generadas por nosotros mismos que pueden provocar que nos encontremos arriba o abajo. Sobre las primeras situaciones (ajenas a nosotros) nuestra actitud ante las mismas puede influir tanto en su duración como en el provecho que se saque, sobre las segundas al depender exclusivamente de nosotros mismos, podemos manejarlas, si queremos y sabemos, a nuestro antojo.

No basta simplemente con conocer mecanismos o buenas prácticas que sean herramientas que nos ayuden a controlar nuestros altibajos, que si bien ayudan no lo son todo, sino que lo más importante es conocernos y respetarnos a nosotros mismos y a los demás, lo cual aunque pueda parecer lo más sencillo del mundo no lo es.

Por último os dejo una de las múltiples citas que tiene el libro y que se encuentra tanto en su interior como en su contraportada: “Las cimas y los valles está conectados. Los errores que cometes en los buenos momentos del presente crean los malos momentos del mañana. Y tus aciertos en los malos momentos del presente crean los buenos momentos del mañana”.