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Archivo de la etiqueta: crisis

Cada vez más muchas organizaciones están dirigiendo sus miradas a la adquisición de productos software o a la adaptación de los mismos a sus necesidades, dejando de lado el desarrollo a medida.

Motivos:

– Coste. Será más barato hacerse con la licencia de un producto (o todavía más si es gratuito) o contratar servicios para adaptarlo a tus necesidades (es un desarrollo a medida pero partiendo de un producto, es decir, de una base sólida a partir de la cual realizar las adaptaciones y evoluciones que se necesiten) que desarrollar desde cero una solución que hace lo mismo o prácticamente lo mismo.

Existen muchas empresas que han ganado mucho dinero con el desarrollo a medida, en unos casos aplicando internamente políticas orientadas a productos (esto que hemos hecho allí, lo aplicamos aquí haciendo un par de retoques y lo vendemos como si lo hubiéramos desarrollado desde cero), en otros sobredimensionando costes (que después no se correspondían a la calidad de los resultados) y en otros rehaciendo lo que deberían haber hecho bien antes (mantenimientos perpetuos).

Sin embargo, la crisis del software pasa factura y los clientes de estos servicios están cansados de no obtener unos resultados acordes con el dinero que pagan. Si a esto le sumamos la crisis económica actual donde no se pueden (o no se deben) cometer los dispendios de antaño, el impacto sobre el desarrollo a medida resulta evidente.

– Riesgo. Embarcarse en un proyecto de desarrollo de software presenta riesgos, porque desde que se contratan los servicios hasta que se obtiene la versión definitiva del producto, pueden pasar muchas contingencias que supongan un incremento de los costes, un retraso en la planificación o incluso que finalmente el proyecto termine en un cajón.

Con la que está cayendo, tener certeza de que lo que necesito lo voy a tener prácticamente de inmediato y con un presupuesto controlado, es un argumento de mucho peso a la hora de elegir entre un producto o un desarrollo a medida.

Los desarrollos a medida seguirán existiendo, tanto en la vertiente de adaptación de productos como en la de desarrollos de soluciones desde cero, ya que existirán necesidades no cubiertas por soluciones ya existentes o se quiera tener un control total sobre el proceso de desarrollo del producto.

Algunos lectores del artículo “Desarrollo de software. ¿Qué es caro?, ¿qué es barato?” probablemente serán de la opinión que el mercado en la actualidad impone unas condiciones como consecuencia de la crisis y de la concepción que se tiene sobre nuestra profesión como consecuencia de la continuada crisis del software, en donde si quieres ser competitivo no tienes más remedio que aplicar una política de precios muy agresiva y que eso condiciona en gran medida el resultado de los proyectos.

Es una buena foto de la realidad, no lo puedo negar, pero también es la evidencia del triunfo de la mediocridad, que ha sumido nuestro sector en una espiral que entre todos tenemos que parar, antes de que nuestras condiciones laborales sean todavía más precarias.

Dado que las reglas del juego son esas, si queremos cambiar las cosas debemos aceptar la situación tal como es. Puedes ser una empresa de servicios de desarrollo de software excepcional pero para que te conozcan de verdad te tienen que contratar (o por lo menos que lo haga otra entidad muy allegada a aquella) y si la deriva actual ha llevado a una política de precios agresiva tendrás que convivir con ella.

Es conveniente analizar en primer lugar si es posible bajar precios minimizando el impacto sobre la masa laboral, ¿es posible reducir alguna de las partidas de gastos fijos?, ¿es posible mejorar la productividad?, ¿es posible enfocar parte de nuestro negocio a la instalación, soporte y adaptación de productos propios o libres?. Es más que probable que sea posible, en época de bonanza se cometen excesos que se institucionalizan.

Tal vez, si el cliente al que se quiere llegar es interesante, a lo anterior se pueda sumar una reducción de las expectativas de beneficio (siempre de manera sensata, teniendo en cuenta la naturaleza y complejidad del proyecto a realizar).

Otras estrategias interesantes puede ser ofrecer pilotos a precio de coste o a coste cero (sobre todo si nos basamos en la utilización de productos).

Ahora bien, una vez que llegamos al cliente, es nuestra oportunidad. Si queda satisfecho, es más que probable que en el futuro se acuerde de nosotros o que incluso quiera continuar la relación con otro tipo de proyectos. Es en este momento donde podemos empezar a ajustar la política de precios a unos términos más razonables, aunque sea poco a poco, proyecto a proyecto.

¿Estamos condicionados por el mercado? Sí, pero no hay que olvidar que somos en gran parte culpables que el mercado se haya vuelto así y que para darle la vuelta, tenemos que adaptarnos a las reglas del juego, para desde dentro y poco a poco, empezar a revertir la situación.

Hay momentos de crisis en los proyectos y cuando se trabaja en varios simultáneamente, se pueden producir solapamientos de momentos críticos o bien que las soluciones conflictivas se sucedan.

Lo peor que puede pasar en estas situaciones es actuar perdiendo la calma, correr como un pollo sin cabeza (que es lo que da el nombre a este antipatrón).

Es cierto que, a veces, son tus superiores los que te hacen actuar así (ocurre en ellos, este antipatrón), pero en la medida de lo posible y en el margen que tengas tienes que intentar tomar las decisiones sin precipitarte e intentando mirar más allá de los fuegos que estás sofocando (claro que no es fácil, nadie dijo que lo fuera).

Cuanto mejor aguantes la presión, mejor gestor serás, porque además sabrás administrar cómo la presión le llega a las personas que trabajan contigo, estos deben ser conscientes de la situación, hacerse también responsables de la misma, pero no ahogarles en la presión, porque bajo la misma tal vez se consiga ejecutar más trabajo o hacer las cosas antes, pero lo más probable es que el resultado no sea bueno y se haya apagado un incendio para que después aparezcan dos o uno más grande.

Tras las crisis hay que seguir trabajando a buen ritmo y si en las mismas dejas tocado al equipo o dejas tocada tu relación con respecto al mismo, será complicado mantener la motivación y una buena comunicación con el equipo.

Existen multitud de circunstancias que llevan a situaciones de crisis en los proyectos, por lo que lo más probable es que tarde o temprano en el proyecto en el que estás trabajando ahora tendrás un momento de crisis y si tienes la suerte de que en este no te encuentras ninguno, no pasará mucho tiempo en que te toque uno en el que la sufras.

Cuando hay crisis, hay presión, presión ejercida en muchos casos por personas que no alcanzan a comprender la complejidad del problema y que solo quieren un resultado. Esa presión a su vez es recibida por los gestores del proyecto y estos de una u otra manera la transfieren al resto del equipo.

Es importante en este tipo de circunstancias, que cada cual sepa qué es lo que nos estamos jugando, para eso es necesario informar, explicar y no simplemente dar instrucciones porque sí.

La crisis puede durar semanas, incluso meses, la presión, el exceso de trabajo, hará mella en el equipo y es conveniente tratarlo de manera adecuada, intentando comprender las circunstancias individuales de cada uno dentro de un contexto global en el que o todos colaboran en la consecución de un objetivo o lo que queda es el desastre.

Si durante la crisis no has actuado bien, te has dejado llevar por la presión y no has tratado de manera adecuada a tu equipo o al resto de stakeholders, te condicionará el proyecto. Puede que hayas apagado un fuego, el que se ve, pero has podido provocar otros que no se ven.

Los proyectos de desarrollo de software, sobre todo aquellos de gran tamaño donde se tardan muchas iteraciones en tener una parte importante del mismo en funcionamiento o más todavía, aquellos que siguen un ciclo de vida en cascada, sufren importantes contingencias que pueden provocar que el mismo se vaya de las manos, por mucho empeño que se tenga y por mucho esfuerzo que se invierta.

¿Contingencias? Pues de todo.

Entre ellas es muy típico encontrarnos con el caso de algunas, como por ejemplo: funcionalidades mal definidas o implementadas, priorización deficiente de los desarrollos, procesos que antes eran de una forma, después son de otras y más tarde se vuelven a modificar, etc… que después nadie quiere hacerse responsable y todavía más si después nos encontramos con responsables funcionales que se van y luego vienen otros con otras ideas o enfoque y a los que le ha tocado continuar con los trabajos.

Al final, cuando los plazos se echan encima y/o el presupuesto empieza a agotarse, vienen las prisas y se empiezan a pedir responsabilidades generalmente al lado equivocado, el de los desarrolladores. Llegado a este punto, sobre todo si se piden explicaciones en niveles superiores de la jerarquía, llega la crisis.

¿Esto por qué no está?, ¡me he gastado tanto y no tengo resultados!, yo pensaba que esto estaba más avanzado y todavía le queda mucho, ¡lo necesito para ya!, y todo ese largo etcétera que estamos acostumbrados a escuchar.

Las crisis no se arreglan gritando o presionando más, sino que requieren un trabajo ordenado y el mismo empieza asumiendo cada parte que existe un problema y el papel que ha desempeñado en que se produzca. Eso realmente es lo más importante y difícil para solventar la crisis, reconocer que hay un problema y que se ha sido parte de él.

No se trata de hacer tábula rasa con lo que ha pasado. Quien se ha equivocado debe asumir las decisiones que ha tomado y el trabajo que ha realizado (o si no ha sido culpa directa suya, hacer como propias las decisiones de sus antecesores en su rol) y asumir las consecuencias de la misma. No obstante, eso es algo que cuando mejor corresponda al proyecto se deberá tener en cuenta.

Una vez que se reconoce el problema, se asumen decisiones y errores, ya queda el camino despejado y el esfuerzo liberado para comenzar a realizar las acciones necesarias para reconducir el proyecto, algo que por otra parte tampoco será fácil.

Puede parecer que todo vale por ganar contratos en tiempos de crisis (y en tiempos de no crisis). Se tiran los precios, se ofrece lo posible y lo imposible y nada parece lo suficientemente difícil.

¿Qué pasa después? Desgaste y más desgaste, tijeretazos al alcance, la calidad por los suelos y cuando no un montón de código que no se comporta como quiere el usuario.

Los proyectos de desarrollo de software valen lo que valen, todo es optimizable, lo mismo el alcance de los trabajos se adapta a otros desarrollos previos y basta con hacer adaptaciones, todo eso es analizable, ahora bien, cuando lo que se ofrece es a todas luces imposible, lo más probable es que realmente lo sea.

Si no hay dinero para hacer un desarrollo, busca si existe un producto que se ajusta a tus posibilidades, si no hay ni una cosa ni la otra, lo mejor es que se espere a disponer de presupuesto suficiente, siempre será mejor eso que tirar el dinero o invertir una cantidad que se te multiplicará después en tareas de mantenimiento correctivo y evolutivo con una deuda técnica importante.

Teniendo en cuenta que buena parte del negocio del desarrollo de software se centra en las administraciones públicas y conociendo las enormes dificultades presupuestarias que éstas van a seguir teniendo a lo largo de este año y que en el mejor y más optimista de los casos sería como mucho parecida a la del año anterior, mi visión no puede ser nada halagüeña en lo que se refiere a las expectativas comerciales.

¿Quiere decir esto que se acabó todo y que hay que cerrar el chiringuito? Quiero decir que las reglas de juego han cambiado, como ya lo hicieron el año pasado y en menor medida en el 2009 y que provocará probablemente reestructuraciones en todos los sentidos en gran parte de las empresas que se dedican a este negocio, ya que es necesario adaptarse a un entorno en el que hay una mayor escasez de la que ha sido la principal “fuente alimentaria” y será necesario ser más competitivo comercialmente y en capacidad de producción para mantener la misma porción de tarta. Quien no se adapte, lo pasará mal, muy mal.

También estamos en un momento donde surgen otras posibilidades propiciadas por la explosión definitiva del acceso a Internet a través de terminales móviles, donde el volumen de negocio potencial se dispara respecto al que ha habido en años anteriores.

Si antes cabía incluso la posibilidad de elegir posibles trabajos o negocios, la posibilidad de elegir ha caído en picado. Como es lógico hay que pensar los problemas que puede llevar consigo cada proyecto pero si se quiere mantener el sustento será necesario incrementar el nivel de riesgo asumible y esto no será solo por las características propias del trabajo a realizar, sino por la necesidad de ofrecer unos precios y condiciones mejores o iguales que la competencia. La única forma de poder ser competitivo es mejorando el proceso de producción, permitiendo obtener mayores y mejores resultados por unidad de tiempo.

Sin una mejora en la producción, el éxito comercial (que ya de por sí es complicado en estos momentos) se puede convertir en una pesadilla, ya que lo mismo se consigue pan para hoy pero lo que esperará mañana será mucha hambre.

Para conseguir mantener el nivel de negocio, será necesario trabajar mucho más que antes a nivel comercial, si la cantidad de trabajo que dedicas a esto es similar o menor, piensa que algo está yendo mal porque salvo que todos los planetas se hayan alineado con las coordenadas de tu empresa, será prácticamente imposible mantener el nivel de ingresos haciendo lo mismo. Si antes eran necesarios diez tiros desde la línea de tres para meter tres tiros, ahora lo mismo hay que tirar catorce veces para meter dos.