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Archivo de la etiqueta: desarrollo personal

Motivar con dinero es cortoplacista y crea adicción. En un entorno de estas características siempre se va a querer más dinero porque es lo que se fomenta. Si no se recompensa con dinero el rendimiento termina resintiéndose porque al fin y al cabo el trabajo se convierte en un instrumento para conseguir dinero y pierde importancia en sí mismo.

¡Claro que el dinero es importante! pero utilizarlo como un suplemento vitamínico para conseguir un mayor esfuerzo por parte de personas o equipos concretos es muy peligroso: en primer lugar por lo comentado en el párrafo anterior (se pierde el enfoque en el trabajo y se centra en el dinero) y en segundo lugar porque hay que conocer muy bien el trabajo que realiza cada uno para dar unas recompensas que sean justas y eso es muy difícil. Si se hace mal, la injusticia afectará al rendimiento de todos aquellos que piensen que esa persona no se merece la recompensa (y salvo casos muy claros, siempre habrá quien piense eso incluso cuando el premio sea más que merecido ya que no todo el mundo sabe con suficiente nivel de detalle qué es lo que hacen todos los demás).

¿Cómo solucionar este problema? No es sencillo. Para empezar estoy totalmente convencido de que creando un ambiente de trabajo que favorezca la realización profesional de las personas (que te llene): autonomía, desarrollo profesional, etc… y con un sueldo que supere el umbral que una persona tiene para considerar que puede vivir bien, el deseo por ganar más dinero se aplaca o, al menos, queda en un segundo plano

¿Donde se sitúa ese umbral? Para cada uno es distinto ya que cada cual tiene sus propias expectativas en ese sentido. Hay quien se conforma con más y quien se conforma con menos. La organización debe crear ese entorno laboral y tener como base unos sueldos que superen la media del mercado (en mi opinión, si se tiene personal bien formado, comprometido y motivado es mucho más rentable que tener a personal menos cualificado cobrando una miseria, se trata por tanto, de una apuesta por la productividad y no de una simple contención de gastos).

Trabajar en un entorno así es un privilegio y tanto para entrar como para permanecer en él se requiere cumplir con unas expectativas. Importa el presente sobre los logros pasados, los cuales te pueden dar algo de crédito pero este no puede ser ilimitado.

Es compatible todo esto con una progresión en tu carrera profesional que te pueda reportar otros beneficios que pueden ser desde aumentos de sueldo a tener parte de la jornada semanal o mensual para proyectos propios. Hay muchas fórmulas. También existirá la posibilidad de regresión, si no cumples con las expectativas puedes volver a la situación de partida o salir de la organización.

También es compatible con recompensas puntuales, ¿por qué no?, siempre que sean puntuales y justas, en este caso lo importante es que los resultados no sean consecuencia de la recompensa sino que la recompensa sea consecuencia de los resultados.

El dinero es importante pero pasamos tanto tiempo en el trabajo y llevamos tanto tiempo el trabajo en la cabeza que no es lo más importante una vez que podemos satisfacer nuestras necesidades básicas y nos podemos permitir algún que otro capricho. Eso permite centrarnos en el trabajo si realmente el mismo nos llena, el propósito por tanto, no es solo ganar dinero, sino mejorar: nosotros, la sociedad, el cliente con el que trabajamos, etc…

¿Qué hay quiénes quieren más y más? Hay muchas empresas donde si tienes éxito y aguantas (más lo segundo que lo primero) puedes ganar más dinero, cada cual debe elegir lo que cree que le resulte más conveniente (como decía antes, el listón sobre nuestras necesidades económicas es distinto para cada uno).

¿Qué hay quienes quieren otros trabajos donde el nivel de exigencia no sea tan alto? También existen otro montón de posibilidades.

Hoy has podido tener un día extraordinario o haber vivido un día terrible. Hoy has podido finalizar un proyecto con un éxito rotundo o haber cosechado un estruendoso fracaso. Todos sin excepción vivimos días extraordinarios y terribles y todos hemos tenido éxitos y fracasos en nuestros proyectos.

Tras esos días, viene el de después y ese día en cualquier caso es difícil. Cuando te crees que estás arriba porque no puedes subir más (a corto plazo), cuando estás abajo porque no ves forma de levantar cabeza.

La actitud que tengas el día después te condicionará tu futuro próximo, si decides seguir luchando te será más fácil conservar tu éxito y remontar tu fracaso, si te quedas mirando hacia atrás te será complicado seguir hacia adelante.

Tras el día después, habrá otro que te dará la oportunidad de volver a retomar el camino correcto si el día anterior no te sentiste con fuerza.

Cuando empiezas en esto normalmente piensas que lo realmente complicado es la programación, conforme vas asumiendo más responsabilidad y se empiezan a gestionar equipos de trabajo muchos empiezan a pensar que lo realmente complicado es eso.

No se trata de determinar qué es más fácil o qué más difícil sino de dar a cada tarea que se realiza en un proyecto su valor e importancia adecuada porque al final el éxito o el fracaso es una suma de circunstancias y cuando una de las partes es débil todo se resiente por ese punto.

Por tanto, en un proyecto todos deben sumar y dentro de su marco de actuación hacer el mejor trabajo posible.

La experiencia me ha demostrado que la promoción vertical de los trabajadores es un problema para la organización y para los trabajadores. Desde mi punto de vista se deben combinar las promociones horizontales-diagonales con las promociones verticales.

¿Por qué? Hay personas que donde realmente pueden explotar todo su talento es en una tarea especializada como puede ser la programación o la arquitectura de sistemas y que en el momento en que le sacas de ese hábitat no funcionan porque entran en juego otros factores (desgaste en las relaciones con clientes, con tu propio equipo u otros equipos de tu organización, etc…) donde no se sienten cómodos y como tal no terminan de actuar cómo deben en el puesto que tienen asignado, con lo cual hay dos problemas, estamos desaprovechando un técnico excelente y tenemos un mal gestor.

Después hay otras personas que lo mismo no son tan brillantes en tareas de índole más técnica y sí que lo son en la gestión.

Es difícil encajar cada persona en el lugar donde pueda desarrollar mejor su trabajo porque hay que entender que el contexto de una organización no es estable, a veces hay más negocio, otras veces menos y es necesario adecuar el personal a la realidad. Pero una cosa es que no debamos ser ajenos a esa circunstancia y otra que se piense que el único camino posible es la promoción vertical.

Todos debemos tener sueños que sean nuestros guías invisibles en el día a día. No tener sueños es conformarte con lo que tienes y rendirte realmente a la rutina.

Los sueños deben abstraerse a objetivos y estos deben enmarcarse en un marco temporal. Es una forma de acotar algo que en esencia no tiene límites pero que de no hacerlo así corremos el riesgo de que siempre se queden en eso, en sueños.

Así lo ve Andy Hunt: “Los objetivos son sueños con fechas límite”.

Alcanzar los sueños implica cumplir todos los objetivos necesarios para ello y eso requiere pasar a la acción y la misma debe sustentarse en un marco temporal aunque solo sea para controlar si efectivamente estamos más cerca o no de alcanzar los objetivos.

Al final todo se reduce a la acción, a no esperar impasibles a que otros nos pongan en bandeja lo que queremos porque probablemente eso nunca pasará.

El desarrollo de software es acción, en el día a día, en la adaptación al cambio, en las relaciones con los demás, en el tratamiento de los problemas y todo ello para alcanzar unos objetivos. Estos objetivos a veces coincidirán o no con el sueño de alguien pero lo que sí es cierto que de manera directa o indirecta afectará a los tuyos porque un factor común a muchos de nosotros es querer evolucionar como persona y como profesional.

Los hechos deben suceder a las palabras. Las palabras tienen caducidad si detrás de las mismas no hay hechos consecuentes con las mismas. El problema no es solo que las palabras dejen de tener valor sino que también lo pierde el que las pronuncia.

Las palabras son muy fáciles de ser pronunciadas o escritas, los hechos requieren el valor de la acción. Las palabras son solo teoría, los hechos son la práctica.

Esto no quiere decir que no podamos rectificar, al contrario, si nos hemos equivocado rectifiquemos cuanto antes, pero expliquemos antes por qué lo hemos hecho, después el tiempo dirá si la primera intención era la acertada o no, tal vez el tiempo también dicte si las sucesivas rectificaciones también lo eran.

No se trata tanto de acertar como de ser consecuente con el discurso y con los cambios que se hagan en el mismo. Acertar tiene su valor pero como persona, como gestor o como compañero pierdes valor si tu voz y tus actos siguen caminos divergentes.

El fracaso no es el fin sino que perfectamente se puede considerar, si se aprende de él, como el principio de todo.

Hay muchos que consideran que pensar de esta manera es de perdedores. Para mi es precisamente todo lo contrario. Tener presente que el error y el fracaso es parte de la vida y tener el coraje de levantarte tras la caída, es de ganadores.

Claro que hay ejemplos de personas que han alcanzado el éxito sin apenas mancharse las manos pero también los hay y muchos más que lo han logrado cimentándolo desde las cicatrices de los fracasos.

Me gusta mucho la siguiente cita de Kent Beck que refleja perfectamente este sentimiento: “Si tienes problemas para alcanzar el éxito, fracasa”.

El otro compromiso, tal vez el más importante es el que tiene uno consigo mismo. Este compromiso varía en cada persona en función de su escala de valores.

En el ámbito laboral mi compromiso personal es sacar adelante de la mejor manera posible los proyectos en los que participo, eso no quiere decir que todos vayan a tener éxito sino que lo voy a intentar, que voy a tratar de poner lo mejor de mi, sea mucho o poco, para que el objetivo se cumpla.

Ese compromiso, está por encima de mi contexto laboral. ¿Eso quiere decir que me hago inmune a él? No y muchas veces afecta a mi rendimiento y me genera en demasiadas ocasiones frustración e ira, sin embargo, no recuerdo ninguna situación en la que haya terminando bajando los brazos, incluso cuando la consecución de los objetivos en el proyecto ya no eran posibles.

No soy mejor que tu por esto, quiero que lo tengas claro, es solo mi forma de entenderlo.

Mi compromiso está por encima de lo que puede ofrecerme mi organización porque me niego a estar limitado por la misma, sería un doble castigo, no sentirme valorado y autolimitarme como consecuencia de lo anterior. No obstante, respeto, muy mucho a quien decide que hasta aquí hemos llegado, siempre y cuando sea objetiva la falta de compensación entre lo que compromete la organización y lo que compromete la persona, si bien, y desde mi punto de vista, cuando eso ocurra, el camino no debería ser la autolimitación, sino la búsqueda de otras alternativas profesionales, ya que tu libertad para reducir tu nivel de compromiso debe mantenerse en equilibrio con tu entorno y no es justo que tus compañeros carguen con tus problemas.

Las cicatrices son el framework más valioso en nuestra profesión es algo en lo que la mayoría estamos de acuerdo. Hasta que no terminas por llenarte de barro no aprendes la lección por mucho que te hayan intentado aconsejar antes.

Estamos tan convencidos de que vamos por el camino correcto que no prestamos atención a que todos los mapas indiquen que vamos en la dirección equivocada.

A veces incluso tenemos que caer varias veces en el mismo charco para terminar de darnos cuenta de que nos estamos mojando.

Pero el conocimiento se encuentra ahí, en descubrir qué hemos hecho mal y por qué, debiéndose analizar también el contexto en el que hemos actuado. No es posible realizar un buen análisis y obtener unas conclusiones adecuadas sin analizar en qué entorno o contexto hemos realizado nuestro trabajo, tal vez el problema no se encuentra en haber actuado de una determinada forma sino en haberlas puesto en práctica en un contexto que no era el adecuado.

Jim Horning tiene una cita que resume perfectamente el papel de la experiencia y de los fracasos en nuestro desarrollo personal y profesional: “El buen juicio proviene de la experiencia. La experiencia proviene del mal juicio”.

Cuando las cosas no salen o no van como uno quiere pese a que se pone todo el empeño posible crea frustración. También se produce ese estado y con frecuencia cuando tus tareas dependen de tantas personas que se eternizan y te impiden dar una respuesta rápida ante un problema.

La frustración paraliza, disminuye tu motivación y agota tu energía.

No tengo pastillas que curen la frustración, si las tuviera probablemente no tendría esa sensación tan a menudo. Lo único que he visto que funciona contra la frustración es la acción, actuar con el objetivo de ir venciendo esas barreras y esa resistencia que te impide conseguir tus objetivos.

Es posible que en esa lucha de la acción contra la frustración gane muchas batalla la segunda pero tenemos mucho que decir en esa guerra, que podremos perder, pero no sin luchar y no con los brazos caídos.

¿No has participado nunca en un proyecto que haya fracasado?, ¿no has sentido que actuaciones o decisiones tuyas han contribuido a ese fracaso (aunque haya sido en una proporción pequeña)?, ¿no has conseguido darle la vuelta a un proyecto que estaba abocado al fracaso?, ¿nunca un error tuyo ha tenido consecuencias negativas sobre otros?.

Si la respuesta a todo es que no, es que hasta ahora has tenido mucha suerte o también puede darse el caso de que no quieras verte como responsable de nada de lo ocurrido (en este caso no habrás aprendido nada).

Si todavía no has participado en un fracaso será cuestión de tiempo que alguna de las respuestas a las preguntas del primer párrafo será afirmativa y si asumes tu responsabilidad y analizas tus errores serás un profesional mucho mejor.

No digo que sea una buena noticia un fracaso, no lo es, lo que quiero decir es que las posibilidades de fracasar están ahí y que no somos infalibles (nadie lo es). No por ignorar el fracaso lo vamos a evitar, lo que tenemos que hacer es entender que el éxito y el fracaso forman parte de nuestra actividad profesional (y en general de nuestra vida).