archivo

Archivo de la etiqueta: desarrollo personal

El que fuera CEO de Inter Craig Barret comentó poco tiempo después de asumir ese cargo que: “Vamos por una carretera a 150 millas por hora y sabemos que en algún lugar hay un muro de ladrillos, sin embargo lo peor que podemos hacer es parar demasiado pronto y dejar que alguien nos pueda adelantar”.

Para conseguir determinados objetivos hay que asumir riesgos, en ocasiones riesgos que pueden poner en juego la viabilidad de un proyecto o incluso de la viabilidad económica de una organización.

No siempre se está dispuesto a realizar esa apuesta, dar ese paso al frente, se vive bien en nuestra zona de seguridad y se tienen menos preocupaciones cuando los riesgos están controlados o su materialización produce unos daños asumibles y reparables.

Ahora bien, hay veces donde se te presentarán verdaderas oportunidades (en forma de posibles negocios, soluciones o productos), las cuales no están siempre están llamando a tu puerta y si la dejas pasar habrá otro que ocupe tu lugar, que te la arrebate, siempre habrá otro, no lo olvides.

Otras veces no será cuestión de oportunidad sino de supervivencia o se apuesta por una solución o por una estrategia concreta y ponemos nuestro máximo empeño por llevarla a cabo o veremos como la situación se convierte en irreversible.

En estos casos, quedarte quieto supone perder, tal vez asumiendo determinados riesgos perderás más si la cosa no sale bien, pero al final en una situación y en otra el resultado será el mismo.

En este negocio todos lo tenemos, cosas que hemos hecho de las cuales nos arrepentimos y proyectos que han fracasado. Realmente el problema no es equivocarse sino no aprender nada de ello.

Es cierto que a veces cuesta mirar atrás, sobre todo si dirigimos la mirada a lo que hemos hecho mal. Esto es así hasta que te das cuenta de que realmente no has hecho nada especial al resto, te has equivocado, como todo el mundo. Tu en unas cosas, otros en otras, pero el resultado es el mismo.

Para aprender de los errores hay que reconocer nuestra culpa en los mismos. Si pensamos que la culpa ha sido de otros o si hemos tenido mala suerte no se aprende nada porque no terminamos de reconocer que hemos hecho algo o muchas cosas mal.

En nuestra profesión convivimos con el error y con el fracaso, no somos infalibles, a veces tendremos más parte de culpa en un fracaso, otras veces menos, lo mismo sucederá con los éxitos.

La prepotencia no te permite crecer, la humildad sí. La prepotencia te aísla, la humildad te une al grupo. La prepotencia es una muestra de debilidad, tras tu ego no hay nada, la humildad es un síntoma de fortaleza, tras tu ego está todo.

He tenido la oportunidad de conocer a muchísimos desarrolladores de diferentes organizaciones y perfiles y entre ellos a personas muy brillantes. Ahora bien, ninguno es infalible, ninguno lo sabe todo y ninguno es lo suficientemente bueno como para mirar a nadie por encima del hombro.

Cuando uno trabaja en equipo hay que escuchar a todos sus integrantes, a todos, incluso al que ha llegado hace dos días al proyecto. Todos pueden aportar una idea o hacerte reflexionar y mejorar tu planteamiento inicial a través de su confrontación con otro enfoque.

El conocimiento del conjunto es mayor que el individual, ese de por sí debería bastar para que la comunicación sea fluida en el equipo, si a eso le sumas que el personal que se siente integrado en un proyecto está más motivado y a que la comunicación es esencial en cualquier trabajo en equipo, debería ser más suficiente para que te plantees un cambio de actitud y sientas que el grupo, el equipo, hace más fuerte un proyecto, si efectivamente consigues que funcione como un grupo o un equipo, algo que no puedes lograr si te sientes por encima de él.

Hace poco, mientras leía la biografía de Steve Jobs y sentía la pasión que tenía por su trabajo, por sus ideas, me puse a pensar en qué momento perdí la mía.

Pero para perder algo hay que haberlo tenido primero y es lo primero que analicé, ¿sentí alguna vez pasión por mi trabajo o siempre he sido como un autómata programado para ejecutar tareas? Sí, tuve pasión, sentía que lo que hacía podía servir para mejorar mi organización y puse mucho empeño en ello, sin que nadie me lo pidiera echaba horas que nadie sabía que echaba, sin importar la hora, sin importar el día y ponía siempre lo mejor de mi, poco o mucho, pero lo mejor de mi.

La pasión se fue apagando pero el principal culpable fui yo, por dejarme vencer por las circunstancias. Me convertí en un autómata que intentaba ser lo más eficiente posible, pero sin alma.

Tal vez, para que no se terminara de apagar la llama de mi pasión decidí comenzar con este blog, tal vez por eso, tres años después sigo con él, para expresar lo que pienso, para expresar lo que siento.

Me he propuesto como meta recuperar esa pasión para poner mi granito de arena en este negocio porque la única manera de transformarlo es que el corazón, el alma y la pasión supere a los autómatas y a los que ni siquiera llegan a eso.

– Organización que no premia ni los esfuerzos ni los resultados.

– Organización donde solo importa que vengas a trabajar.

– Organización que incluso te pone problemas si quieres hacer un esfuerzo especial para sacar adelante un proyecto.

– Organización que no te plantea una carrera profesional.

– Organización para la que solo importas cuando tiene un problema que solo tu equipo o tu podéis arreglar.

– Organización en la que tus jefes nunca preguntan cómo estás.

– Organización en la que el criterio para mejorar tus condiciones se basa en con quién te relacionas y no en lo que haces realmente.

– Organización en la que no existe comunicación y en la que siempre te enteras de todo por terceros.

– Organización en la que no se fomenta la existencia de unos objetivos generales y en la necesidad de que los equipos y personas estén integrados para alcanzarlos.

Lo peor de todo es que esta lista podría seguir extendiéndose mucho más y seguiríamos identificándonos con más y más elementos de la misma.

Existen diversas circunstancias o situaciones que nos pueden llevar a este antipatrón:

– Productos o versiones del mismo que se liberan, se afianzan en la comunidad de usuarios, pero existe el temor de que surjan errores que afecten a la disponibilidad del sistema (y en consecuencia al trabajo de los usuarios) o la necesidad de evolutivos, lo que obliga a realizar cambios con un alto nivel de presión.

– Que efectivamente se haya llegado a un sistema que cumpla en gran medida las expectativas del usuario pero se sospeche que la infraestructura hardware no pueda dar soporte adecuado en el caso de una gran acogida del producto.

– Que el proveedor no quiera entrar en conflicto con el cliente o el área usuaria si estos llegan a plantearse por qué han pagado tanto para un sistema que se ha desarrollado en un tiempo inferior al previsto.

– Que el proveedor, teniendo diferentes proyectos con el cliente, sospeche que la entrega de un producto a tiempo y con aceptación, afecte a otros proyectos que no han ido tan bien.

– Que un gestor, equipo de proyecto o cualquiera de sus componentes tengan miedo a asumir más responsabilidades por el hecho de tener buenos resultados o a que a partir de ahora las expectativas que se tengan en ellos sean muy superiores a las actuales.

Como estas se podrían enumerar otra gran cantidad de situaciones en las que el miedo al éxito actúa de factor de bloqueo y de freno lo que puede provocar que al final el éxito no sea tanto o que incluso se torne en fracaso.

Me pasa que cuando leo libros, artículos o me fijo en determinadas actitudes interesantes intento aplicar determinados cambios en mi comportamiento personal y profesional siempre tendentes a mejorar de manera individual y, ya sea fruto de ese cambio individual o a través de acciones concretas, tratar de mejorar mi entorno.

¿Lo consigo siempre? que más quisiera yo, pese a que los cambios individuales solo dependen de mi y de nadie más. Cambiar los hábitos resulta complicado y lo que en la teoría parece sencillo, la cruda realidad demuestra que su aplicación no es tan simple.

Lo que sí tengo claro, independientemente de que no consiga aplicar en el ámbito personal o profesional determinados cambios, es que cualquiera puede ser un agente del cambio. Sí cualquiera, estés donde estés, encuentres donde te encuentres, pintes lo que pintes.

Para empezar, tu cambio individual ya de por sí te transforma a ti y a lo que está a tu alrededor porque una visión, actitud o acción diferente hace distinta tu relación con los demás y la forma en que afrontas o enfocas las tareas que haces. No pienses en que los cambios se consiguen de la noche a la mañana, llevan su tiempo, tanto que, en ocasiones, has conseguido tus objetivos y no te has dado ni cuenta.

Por ejemplo, puede resultar complicado que empiece a aplicar metodologías ágiles una organización no acostumbrada a trabajar con ellas o que no las contempla en sus procesos de desarrollo, lo cual a su vez puede verse reforzado con el hecho de que los clientes tampoco las estén aplicando, ante esto, nos podremos preguntar, ¿cómo puedo aplicar las metodologías ágiles en una situación como esta? Tal vez no lo puedas hacer, pero como ya he venido comentando ser ágil es primero cuestión de actitud, lo demás vendrá después. Cambia tu actitud, trabaja de manera ágil, seguro que poco a poco las cosas ya no son como eran porque entre otras cosas y como dije antes, tú has cambiado.

Muchas veces te asaltarán pensamientos del tipo: “si la empresa en la que trabajo no hace nada por mi, ¿por qué voy a hacer algo yo por ella?”, y no te faltará razón cuando los tengas. Las organizaciones y sus gestores son desmotivadores natos, tanto que si se quedasen quietos por lo menos te quedarías igual. Ahora bien, ten en cuenta siempre una cosa, el primer beneficiado por un cambio serás tú y es un error privarte de él por no querer que tu organización se beneficie del mismo.

Entre la teoría y la práctica o entre la teoría y la realidad hay mucho camino, cada entorno es diferente y además varía con el tiempo, te toca a ti asumir el cambio y adaptarlo a tu realidad.

La productividad nace de la persona, elegimos intentar ser productivos o no, eso es una realidad. No existen pastillas, jarabes o dietas milagro para que de la noche a la mañana te plantees la productividad como parte de tu modo de vida.

Sí, es un modo de vida, en lo profesional y en lo personal. Es la búsqueda de una mejora continua en todos los campos de la vida, es la búsqueda de sacar el máximo partido posible al tiempo.

Asociamos productividad siempre a lo profesional pero generalmente quien es productivo en ese ámbito también lo es en lo personal.

Como decía, nace de la persona pero no nace con la persona, es decir, siempre podemos decidir hacia donde ir y una vez elegido un sentido, también elegimos cuándo y cuánto es suficiente.

En cada iteración el feedback del usuario permite que el producto se acerque cada vez más a sus expectativas. Sin embargo si centramos el conocimiento y resultados de cada iteración exclusivamente en el software perdemos la oportunidad de hacer mejoras sobre el proceso, sobre las relaciones entre los distintos equipos implicados en el proyecto, de nuestras decisiones, de nuestras acciones individuales.

Mirar hacia atrás de manera constructiva permite mejorar, pero para ello es necesario hacerlo desde la humildad de reconocer nuestros errores, nuestras debilidades y que algo se podía haber hecho mejor.

Se puede tener amigos dentro de las personas que conforman tu contexto laboral, es algo razonable. Ahora bien, es importante distinguir lo que es la relación dentro de las paredes de tu organización y tu relación fuera de ella, es decir, dentro te debes guiar por sentimientos profesionales y fuera como estimes conveniente.

Si tu relación de amistad te hace perder objetividad y establecer dos tipos de reglas o dos varas de medir, la de tus amigos y la de los demás, te estás echando tierra sobre tus tareas de gestor y si no lo eres, como profesional.

No somos robots y es natural que nuestro trato con las personas que consideramos nuestros amigos sea diferente y puede serlo, siempre y cuando no supere los límites que afecten a una interpretación objetiva de su trabajo y el de los demás.

Ante un hecho X realizado por alguien que sea tu amigo y por otro que no lo sea, las consecuencias deben ser las mismas. ¿Que es difícil?, ¿alguien ha dicho que no lo sea? Yo no puedo ser el que lance la primera piedra, pero eso no quiere decir que no intente ser, cada vez más, lo más objetivo posible.

¿Y que tiene que ver esto con la productividad? Pues mucho. Si uno ve que para llegar a la meta tiene que correr muchos kilómetros más, cuesta arriba y que llegar antes no asegura nada, posiblemente vea mermada su motivación y con ella, su productividad.