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Archivo de la etiqueta: empatía

Los profesionales con alta capacidad técnica y alta productividad son muy demandados en el mercado, sin embargo se suele dejar en un segundo plano a personales que sean capaz de tener una actitud de liderazgo y una capacidad de gestión lo suficientemente válida como para hacer que equipos de personas alineen su esfuerzo para conseguir los objetivos.

Se pueden tener técnicos maravillosos pero muchos de ellos necesitan que les marquen un ritmo, que les indiquen un camino hacia donde ir y que se les cree un contexto en el que puedan sacar el máximo partido posible a su talento.

Las relaciones personales son complicadas porque la vida de las personas con las que tienes que tratar en el proyecto son diferentes y sus prioridades y visión de la realidad y de los problemas no serán iguales a las que tú tengas (tampoco será igual su estado de ánimo y tampoco será igual probablemente al que tuvieran hace un mes o al que tendrá dentro de dos). Se trata de tener empatía, de tener claro que es importante trabajar con consensos y que también será necesario tomar decisiones y entrar en situaciones de conflicto porque desgraciadamente no siempre se consigue todo por la vía más diplomática (el todo el mundo es bueno en la realidad no funciona y provoca desequilibrios).

De la misma forma que dos no se pelean si uno no quiere, dos no pueden trabajar juntos si uno no quiere.

Se trata de habilidades personales, las cuales se cimentan en la experiencia y en el conocimiento de contextos concretos (hay personas que tienen de manera innata habilidades personales pero su efectividad no es la misma en todos los contextos). La teoría es un background a tener en cuenta pero no es un elemento decisivo en comparación con otras variables como la experiencia o las propias habilidades del individuo.

Alistair Cockburn sobre este asunto opina lo siguiente: “Toda la teoría del mundo no garantiza que la gente pueda funcionar o trabajar bien junta. Cada individuo tiene efectos extraños sobre los demás: puede incrementar la confianza o provocar inesperados ataques de ira”.

Es cierto que la motivación de un equipo no solo necesita de palabras pero también lo es que muchas veces el compromiso de un integrante del equipo trasciende lo que es la organización en la que se encuentra, centrándose en lo que son sus compañeros.

Tal vez mi organización me ignore pero mi compañero no.

Por encima de enfoques, estrategias, metodologías, estándares, se encuentra el respeto por el trabajo de los componentes de tu equipo y porque te preocupes por lo que les pasa. Si eres responsable de un equipo de proyecto lo importante no es lo que tu sientes sino lo que sienten quienes trabajan contigo.

Las personas entienden cuándo te preocupas y cuando estás comprometido con ellas, por eso a veces no es necesario preguntar cómo se sienten o qué necesitan, si bien es conveniente que lo hagas de vez en cuando pero no lo hagas como un robot que tiene programada esa pregunta cada cierto tiempo, hazlo porque lo sientes.

Comenta Ed Yourdon que la mejor manera de evitar un Death March Project es no participando en esa locura.

Básicamente lo que viene a decir Yourdon es que poca solución hay cuando las condiciones para la realización del proyecto no son realistas.

Lo peor de todo esto es que la mayoría de la gente que sufre este tipo de proyectos (por parte del proveedor) no son los que han tomado la decisión de participar en él. Probablemente si ellos sufrieran en primera persona la frustración de tener que trabajar innumerables horas, con un desgaste considerable en las relaciones con los que te rodean (dentro y fuera del trabajo) para obtener unos resultados inciertos (por decir algo), se lo pensarían más de una vez.

Esta falta de empatía con tus equipos de trabajo o ese exceso de ambición puede llevar a estas situaciones que, además, pueden terminar volviéndose en su contra porque si el proyecto va mal salpica a todos. Lo que pasa es que en demasiadas ocasiones los culpables no aparecen o ya están lo suficientemente lejos como para que les afecte.

Todos quisiéramos llevarnos bien con todo el mundo pero no es así. Cada cual tiene su manera de ver las cosas, defiende lo suyo y tiene distintos niveles de empatía.

En el trabajo hay que ser profesional y que por encima de todo se encuentre el deseo de sacar el trabajo adelante de la mejor manera posible.

Habrá días donde no puedas ver a alguien, con razón o sin razón, pero una vez pasado el tiempo suficiente, si hay una tarea o un proyecto donde se requiere la participación de ambos hay que mirar hacia adelante para ejecutarlo.

No tienes por qué olvidar, no tienes por qué engañarte a ti mismo y opinar de manera diferente sobre esa persona, pero sí hay que ser profesional y centrarte en el cumplimiento de los objetivos que tienes marcados.

Sucede en todos los trabajos pero en el desarrollo de software este tipo de circunstancias están a la orden del día. Proyectos con presupuestos muy limitados, ofertas imposibles y metodologías arcaicas, no ayudan a crear los mejores ambientes de trabajo posibles.

Si se dirigen los problemas hacia lo personal y no se le da un enfoque profesional, los problemas terminarán por ahogar el proyecto.

La empatía es una gran virtud para toda aquella persona que la desarrolle. Todas las personas tenemos de forma innata capacidades empáticas en distinto grado y que con la suficiente preparación y experiencia pueden utilizarlas en los distintos ámbitos de su vida.

En el ámbito laboral y si nos centramos en el negocio de las TICs, pueden existir en una organización excelentes profesionales en el ámbito técnico y un conjunto de personas tremendamente comprometidas con su trabajo, sin embargo y desde mi punto de vista, la combinación perfecta de perfiles humanos se consigue cuando se logra integrar en el grupo a personas que tienen desarrollada la capacidad de la empatía. No son condición ni suficiente ni necesaria para que una organización o un departamento funcionen bien o tengan éxito, pero integrándolas con los perfiles necesarios la maquinaria estará muchísimo mejor engrasada y, por tanto, preparada para conseguir mejores resultados.

Existe una gran cantidad de bibliografía que trata el tema de la empatía, yo os voy a dar una definición que, como es lógico, se encuentra influida por lo que he leído sobre esta temática. La empatía es, a grandes rasgos, la capacidad para poder ver y sentir las cosas desde la perspectiva de otra persona. Las personas que tienen desarrollada esta capacidad tienen la cualidad de entender mejor el entorno que les rodea, de conocer realmente cómo se sienten las personas con las que de una u otra forma colaboran contigo y de esa forma poder dar una respuesta más personalizada a sus necesidades, ya que es como si esas sensaciones las tuviera uno mismo.

La empatía no es leer los pensamientos, sino leer a las personas y no se trata de ningún tipo de magia, es una cualidad real, ¿a cuántas personas conocemos cada uno de nosotros que podemos saber cómo se encuentran sólo con mirarlas a los ojos?, pues bien, eso es empatía y como he dicho existen distintos grados que amplían su alcance tanto verticalmente, es decir, la cantidad de información que eres capaz de percibir de la otra persona a través de una mirada, de sus gestos, del tono de su voz, de sus palabras, como horizontalmente, es decir, la cantidad de personas con las que es posible obtener este tipo de información.

Insisto, la empatía es una cualidad inherente a las personas, no es cuestión ni de magos, mentalistas o gurús, es algo que tenemos todos (como he dicho antes, cualquiera puede tener este tipo de capacidad, otra cosa bien distinta es cuanta viene ya de serie con el modelo y hasta donde es posible desarrollarla) y que por tanto puede ocupar cualquier perfil dentro de tu organización. No obstante, existen algunos tipos de perfiles dentro, por ejemplo, de una empresa de desarrollo de software que sí que resulta conveniente que tengan desarrolladas las capacidades de empatía, como por ejemplo las personas que tratan con clientes (tanto técnicos como comerciales) y las personas que gestionan recursos humanos (responsables de recursos humanos, jefes de proyecto, jefes de equipo, etc…).

La empatía es algo que se puede trabajar y por tanto mejorar y ayuda mucho la experiencia personal y profesional que tenga cada uno de nosotros, porque cuanto más grande sea, más posibilidades existirán de entender, comprender y asimilar las diversas situaciones desde el punto de vista de otra persona.