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Archivo de la etiqueta: improductividad

Nuestra productividad alta o baja no tiene efectos exclusivamente sobre nosotros mismos, sino que también tiene un efecto a nuestro alrededor, de la misma forma que la de los demás también influye en nosotros.

Se suele trabajar en equipo y cuando alguien falla o destaca inevitablemente tiene efectos sobre los demás.

Cada uno de nosotros tiene una capacidad de empuje, una motivación, un nivel de resiliencia, una experiencia, unos conocimientos, una técnica y podemos ser más o menos ajenos a lo que pasa en nuestro proyecto y mantener durante más tiempo nuestra regularidad, sin embargo resulta a largo plazo poder mantener un nivel aceptable de productividad cuando la teoría de las ventanas rotas se ha instaurado en nuestro contexto laboral y la improductividad solo trae más improductividad.

También será complicado que no mejoremos si los hábitos y la capacidad de nuestro entorno son favorables.

Estas características provocan que las caídas o subidas de productividad en un departamento o en una organización sean muy sensibles, ya que tiene influencia no solo sobre personas concretas, sino en equipos de trabajo completos. Es necesario, por tanto, darle al capital humano el valor que se merece.

Las organizaciones para ser competitivas deben estar orientadas a la productividad, poniendo los medios adecuados para poder evaluarla y no dejando su valoración en percepciones personales y subjetivas.

Productividad no es aumentar la carga de trabajo sin más, sino sacar el mayor rendimiento posible de las personas. Se obtienen mejores resultados, aumentando la motivación, que a través del overtime o de la asignación de una carga de trabajo superior a la que que se puede afrontar en una jornada laboral normal (incluso siendo muy productivo).

En muchas organizaciones se mantiene el personal improductivo sin saber muy bien el motivo, hay veces que se toman medidas y algunos de ellos salen de la mismas, pero generalmente suele haber supervivientes que son el caldo de cultivo para seguir creando improductividad.

Se piensa de manera errónea que son inofensivos, ya que se cree que su improductividad está controlada, de manera que hay otras personas que cubren sus tareas y que el único coste (que no es poco) que pueden suponer para la organización son sus sueldos.

Nadie trabaja con los ojos cerrados y con los oídos tapados. Se trabaja dentro de un entorno y sentir cómo te comprometes, cómo te sacrificas, cómo intentas hacer cada vez mejor tu trabajo e incrementar la cantidad de tareas realizadas con calidad por unidad de tiempo (productividad), mientras que hay otros que son ajenos a todo esto, afecta.

Tal vez el compromiso personal y/o la recompensa recibida por nuestro trabajo, retrase, incluso por mucho tiempo, la sensación de que te estás sacrificando y que estás sufriendo un desgaste que otros que cobran, algo menos, igual o más que tú no la tienen. Hay que tener en cuenta que hay vida después del trabajo y que un sobreesfuerzo en el trabajo y unos marrones que comerse de manera continúa afectan a la vida personal.

Al final, pasa que muchos trabajadores empiezan a notar que están haciendo más que los que se les debía exigir, se hace media aritmética y se está por encima de esa media y esto se traduce en una disminución de la productividad que además suele ser progresiva.