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Archivo de la etiqueta: inteligencia

Tener un gran conocimiento teórico siempre resulta interesante porque te permite una capacidad de análisis basada en las diferentes percepciones de personas que probablemente han tenido una gran experiencia en la materia.

No obstante, el verdadero conocimiento es la aplicación real del mismo en la práctica. Algo que no resulta nada sencillo porque siempre aparecen multitud de variables no recogidas en los libros y que tendrás que gestionar.

No estamos libres de equivocarnos, es más, los errores nos permiten crecer, pero la probabilidad de error cuando estamos trabajando en las trincheras es mayor cuanto más te separe la teoría de la práctica.

La experiencia (real) es la que termina enriqueciendo los conocimientos teóricos.

Ya lo decía Aristóteles: “La inteligencia no consiste sólo en el conocimiento; sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”.

Comenta Stephen Hawking que: “La inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios”. Y es así, si no lo haces, estás abocado a no evolucionar, a esperar sentado a que otros (personas y circunstancias) decidan tu suerte.

Adaptarse al cambio requiere tener mentalidad abierta, no estar atado a prejuicios y contemplar más posibilidades que las que nos pueden parecer, a priori, más válidas.

En los proyectos de desarrollo de software trabajamos en un entorno de incertidumbre, en el que las condiciones cambian, en donde se pasan de situaciones supuestamente bajo control a otras que se nos escapan de las manos, en donde las que eran las mejores decisiones la semana pasada requieren ser revisadas.

Adaptarse al cambio no es improvisación sino entender la propia naturaleza del desarrollo de software. Ahora bien, la línea que la separa ambos conceptos es muy delgada, de ahí que sea una habilidad la adaptación al cambio, primero por la detección de la necesidad (y la inteligencia y el valor para darnos cuenta de que tenemos que actuar en consecuencia) y en segundo lugar porque todo se debe tratar de hacer con intención, no vale cualquier respuesta, la que tomemos, pese a estar equivocada, no debe basarse en un prueba y error, salvo que no seamos capaces de detectar que una de las opciones sea la mejor.