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Archivo de la etiqueta: liderazgo

Decía Nicolás Maquiavelo que: “Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten”.

Y es así, el enfrentamiento debe ser el último recurso si es que efectivamente se piensa que con ello se puede conseguir algo, ya que pocas veces se es vencedor absoluto y lo normal es que todas las partes en conflicto pierdan, aunque alguna crea que ha ganado.

Sucede muchas veces que se recurre directamente al enfrentamiento por creer que es el camino más corto y por entender que es lo más fácil, esa es la visión que el gigante cree tener sobre el débil y por eso recurre a ese atajo.

Sin embargo cada vez que se usa esa fuerza el gigante se hace cada vez más pequeño porque produce desconfianza no solo en los afectados directamente por sus actos o por sus decisiones, sino porque los observadores de esa situación empezarán a pensar que ellos pueden ser los siguientes y tomarán precauciones.

El enfrentamiento te aleja y cuando se trabaja en equipo es una de las causas principales de que dejen de funcionar y por ese motivo debe atajarse la situación cuanto antes.

Recuerda también que el liderazgo no se consigue con la fuerza. Con la fuerza solo consigues rehenes.

Contra el enfrentamiento está el diálogo, saber escuchar, entender que no siempre se tiene la razón y que la verdad absoluta no es un patrimonio propio.

Las organizaciones necesitan líderes. El ideal es que cada persona en la organización tenga esa capacidad de liderazgo (líderes crean líderes) pero la realidad está lejos de ese objetivo conforme la organización crece de tamaño y si no existe en la misma una cultura que tienda a crear líderes (lo normal es el ordeno y mando).

Los líderes no se limitan a dar instrucciones. Un líder es mucho más que eso porque lo que hacen es marcar un camino y cuentan con la suficiente credibilidad como para que otras personas lo sigan porque entienden que realmente es lo mejor para la organización y para ellos. Un líder se pone al frente en el campo de batalla, en este caso, de la meta que se marca y no se queda agazapado esperando a que los suyos la libren. Y si el equipo cae, el cae con ellos. El líder no se esconde sino que da la cara.

Eso es un líder de verdad, lo demás son mensajeros sin un mensaje porque el que tengan se difumina en el momento en que el líder no se implica y se echa a un lado (un mensaje solo tiene fuerza si el que lo da es consecuente con él, lo demás son palabras vacías), dejando que sean otros los que tiren del carro, los cuales en ausencia de liderazgo se terminan perdiendo en su día a día, salvo que entre ellos salga un líder que se encargue de tirar del carro.

En una cultura no orientada al liderazgo, los falsos líderes tenderán a empequeñecer y a convertir en testimoniales a los líderes naturales que puedan salir de los equipos de trabajo porque saben que la puerta de salida la tienen más cerca conforme estas personas vayan creciendo en la organización y vayan ganando credibilidad.

Los profesionales con alta capacidad técnica y alta productividad son muy demandados en el mercado, sin embargo se suele dejar en un segundo plano a personales que sean capaz de tener una actitud de liderazgo y una capacidad de gestión lo suficientemente válida como para hacer que equipos de personas alineen su esfuerzo para conseguir los objetivos.

Se pueden tener técnicos maravillosos pero muchos de ellos necesitan que les marquen un ritmo, que les indiquen un camino hacia donde ir y que se les cree un contexto en el que puedan sacar el máximo partido posible a su talento.

Las relaciones personales son complicadas porque la vida de las personas con las que tienes que tratar en el proyecto son diferentes y sus prioridades y visión de la realidad y de los problemas no serán iguales a las que tú tengas (tampoco será igual su estado de ánimo y tampoco será igual probablemente al que tuvieran hace un mes o al que tendrá dentro de dos). Se trata de tener empatía, de tener claro que es importante trabajar con consensos y que también será necesario tomar decisiones y entrar en situaciones de conflicto porque desgraciadamente no siempre se consigue todo por la vía más diplomática (el todo el mundo es bueno en la realidad no funciona y provoca desequilibrios).

De la misma forma que dos no se pelean si uno no quiere, dos no pueden trabajar juntos si uno no quiere.

Se trata de habilidades personales, las cuales se cimentan en la experiencia y en el conocimiento de contextos concretos (hay personas que tienen de manera innata habilidades personales pero su efectividad no es la misma en todos los contextos). La teoría es un background a tener en cuenta pero no es un elemento decisivo en comparación con otras variables como la experiencia o las propias habilidades del individuo.

Alistair Cockburn sobre este asunto opina lo siguiente: “Toda la teoría del mundo no garantiza que la gente pueda funcionar o trabajar bien junta. Cada individuo tiene efectos extraños sobre los demás: puede incrementar la confianza o provocar inesperados ataques de ira”.

De lo que es la figura de Steve Jobs me quedo con:

– Su capacidad de liderazgo (pese a que tuviera comportamientos que no comparto en absoluto). Aún así, las personas que asumían cómo era, iban con él hasta el final, porque sabían que independientemente de que fuera de una determinada manera, nunca traicionaba a sus principios y nunca traicionaba a Apple.

Sin esa capacidad de liderazgo hubiera sido imposible conseguir todo lo logró, porque cuando a las personas se les exige más allá de lo que humanamente parece posible y eso se prolonga en el tiempo, la mayoría termina por reventar y levantar el pie del acelerador, sin darse cuenta de que lo mismo se encuentran a poca distancia del objetivo. Con Jobs lo apretaban hasta el final.

– Su energía, su hambre, su espíritu emprendedor.

– La fidelidad a sus ideas y sus principios.

– Su visión de que el éxito de un producto llega a través de su calidad (expresada en todos los detalles del mismo).

– Su capacidad para ver mercados donde nadie los había visto.

– Su capacidad para inventar e innovar y convertir esas ideas en realidades.

– Su capacidad para crear una cultura dentro de Apple que le sobreviva.

Después de todo esto, ¿seguiré sin comprarme un producto de Apple? De momento sí, aunque tras el estudio de la vida de Steve Jobs, me he sentido muy tentado de hacerlo.

Creo en las tecnologías abiertas y eso choca con la concepción de producto de Apple. Pero hoy, a diferencia de hace unos meses, contemplo a los productos de Apple como una opción más, no les cierro las puertas.

Soy muy exigente con el trabajo de las personas que tienen algún tipo de relación profesional conmigo y también lo soy con aquellas personas que de alguna u otra forma están a mi cargo, ellos lo saben.

Por ese motivo mi objetivo es intentar facilitar el trabajo de quienes colaboran conmigo independientemente de lo que eso suponga para mi, intentando además que la mayoría de las veces sea iniciativa mía. Cabría esperar que esta cadena siguiera hacia arriba, eso sería lo ideal, pero lo realmente importante es que el equipo que depende de cada uno pueda desarrollar su trabajo de la mejor manera posible.

No hace mucho un compañero me dijo que temía que yo pudiera reventar, yo le respondí que había algo peor que reventase yo y es que reventásemos los dos.

En una entrevista preguntaron a Steve Wozniak si en la actualidad su mente funcionaba como cuando tenía veinte o treinta años (hay que tener en cuenta que en el colegio midieron su cociente intelectual y se situaba por encima de 200) en los que fue referente para la construcción del Apple II considerado por muchos como el primer ordenador personal tal y como hoy lo conocemos (hay otros muchos candidatos a tener esa distinción y probablemente sean varios los que tengan ese honor, dependiendo del criterio que se tenga a la hora de definir el concepto de ordenador personal.

Desde mi punto de vista, es más que probable que Apple a día de hoy no existiera de no ser por el Apple II y no solo por ser el motor económico inicial de la compañía sino por el hecho de siguió siendo motor años después cuando los proyectos del Apple III y el Lisa fracasaron y el Mac no terminaba de arrancar.

A la pregunta Steve Wozniak respondió que su mente seguía funcionando de esa manera pero que realmente ya no tenía el tiempo y la energía para seguir creando y que centraba su esfuerzo en pequeños proyectos.

Wozniak con esta respuesta ha mencionado un aspecto fundamantal a la hora de sacar adelante un proyecto y no es otro que la energía y por extensión la motivación como motor generador de la mismas. Se puede tener un talento excepcional pero si no te sientes motivado no sacas proyectos adelante.

De ahí la necesidad de que existan líderes que sean capaces de obtener lo mejor de aquellas personas que todavía se sientan con la energia y motivación suficiente para seguir afrontando retos. Esto fue una de las principales virtudes de Steve Jobs.

Considero fundamental, para la gestión de un departamento, de una organización y por supuesto de un proyecto de desarrollo de software que exista una visión global de los objetivos por parte de los stakeholders.

Dentro de las tareas que tienes encomendadas tienes tus propios objetivos pero siempre destinados a satisfacer un objetivo mayor. Cuando se pierde ese enfoque, se pierden las sinergias, la colaboración y cada pieza trata de funcionar, de mantenerse a flote, ande o no ande la máquina en la que se encuentran.

Para conseguir esto se requieren de políticas de comunicación, de coordinación y de dinamización efectivas, con personas decididas y convencidas de que la suma de las partes en conjunto vale más que por separado. Encontrar personas que tengan esa amplitud de miras es muy complicado, ya que además de esa cualidad se requieren habilidades de liderazgo.

En un departamento TIC, por ejemplo, los eternos conflictos entre los departamentos de desarrollo y sistemas vienen provocados precisamente por eso, por no compartir objetivos comunes.

En un proyecto de desarrollo de software, con su complejidad, su incertidumbre, donde las condiciones de partida lo mismo son muy negativas, si los distintos grupos de personas implicados no comparten el mismo objetivo con respecto al sistema, la batalla está perdida.