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Una de las citas más conocidas de Maquiavelo es la que dice que: “En tiempos de paz hay que pensar siempre en la guerra”, que no es más que una forma de indicar que no conviene relajarse en exceso y que es necesario estar alerta para actuar si fuera preciso.

La forma en que actúas en el momento presente condiciona lo que va a pasar más adelante. Si no sigues evolucionando, si no tienes en cuenta que el mundo sigue girando y que la competencia va a tratar de quitarte lo que tienes, llegará el momento en donde tengas que dar una respuesta y sea demasiado tarde, bien porque no hay vuelta a atrás o aún existiendo un cierto margen de tiempo, no se tiene la capacidad de adaptarse al cambio con la rapidez que sería necesaria.

Por otro lado, no puedes dejar de lado los riesgos, tienes que trabajar para tenerlos bajo control o mitigarlos. Cuando todo va rodado, cuando todo parece fluido, cuando todo parece mas fácil es precisamente el momento en que resulta más complicado tomar decisiones que permitan dar una cierta continuidad a este situación porque surge la autocomplacencia y el espejismo de que somos invulnerables, perdiendo por completo la capacidad de análisis de lo que estamos haciendo bien y de lo que estamos haciendo mal y así es muy difícil trabajar contra los riesgos y sentar las bases para seguir evolucionando y disponer de la capacidad de adaptarse al cambio de manera apropiada cuando sea necesario.

Decía Nicolás Maquiavelo que: “Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten”.

Y es así, el enfrentamiento debe ser el último recurso si es que efectivamente se piensa que con ello se puede conseguir algo, ya que pocas veces se es vencedor absoluto y lo normal es que todas las partes en conflicto pierdan, aunque alguna crea que ha ganado.

Sucede muchas veces que se recurre directamente al enfrentamiento por creer que es el camino más corto y por entender que es lo más fácil, esa es la visión que el gigante cree tener sobre el débil y por eso recurre a ese atajo.

Sin embargo cada vez que se usa esa fuerza el gigante se hace cada vez más pequeño porque produce desconfianza no solo en los afectados directamente por sus actos o por sus decisiones, sino porque los observadores de esa situación empezarán a pensar que ellos pueden ser los siguientes y tomarán precauciones.

El enfrentamiento te aleja y cuando se trabaja en equipo es una de las causas principales de que dejen de funcionar y por ese motivo debe atajarse la situación cuanto antes.

Recuerda también que el liderazgo no se consigue con la fuerza. Con la fuerza solo consigues rehenes.

Contra el enfrentamiento está el diálogo, saber escuchar, entender que no siempre se tiene la razón y que la verdad absoluta no es un patrimonio propio.