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Archivo de la etiqueta: metas

Es fundamental saber hacia dónde se quiere ir, cuáles son los objetivos y esto es extensible tanto a las personas como a las organizaciones.

De lo contrario, al no tener referencias, se vive en un continuo cortoplacismo en el que los árboles te impedirán ver el bosque incluso en circunstancias que puedan resultar evidentes.

El cortoplacismo y la ausencia de referencias son muy peligrosos ya que en estas circunstancias te encuentras como un barco a la deriva.

Supongamos que tenemos objetivos, ¿qué tal si planificamos todas las acciones necesarias para alcanzarlo?. Pues que probablemente hayamos ganado en conocimiento de la situación por el análisis necesario para realizar la planificación y hayamos perdido tiempo ya que buena parte de lo planificado no servirá de nada una vez que el contexto previsto en el que se van a ejecutar las acciones varíe (y variará).

Comenta Ron Jeffries que (traducción libre): “Cómo podemos saber lo lejos que podemos llegar si normalmente no vamos tan lejos”.

Tiene razón y es uno de los riesgos de la planificación: plantear acciones sobre escenarios abstractos sobre los que no se tiene un conocimiento o un dominio concreto y sobre los que no se tiene un control.

Es por eso que resulta más adecuado el concepto de plan (planteo las acciones a realizar en mi contexto actual) y el concepto de evolución centrado en los objetivos (sé a dónde quiero llegar, probablemente no conozca el camino, pero si mido bien los pasos estaré más cerca de la meta).

Dave Winer es un escritor, emprendedor y desarrollador de software americano con una dilatada y variada trayectoria profesional, centrada principalmente en los campos de la gestión de contenidos, blogs y podcasts.

La suerte es importante. Estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado marca muchas veces la diferencia entre conseguir el éxito o no. La suerte está ahí, a veces nos quiere mirar otras veces no.

Yo creo más en el trabajo, en el esfuerzo personal por alcanzar nuestras metas. Después podremos o no conseguir nuestros objetivos, pero siempre será más factible que no intentarlo.

Sobre este tema, Dave Winer realiza la siguiente reflexión (traducción libre): “Para obtener un producto software útil hay que luchar por cada solución y por cada funcionalidad. La suerte influye, pero no se gana por tener suerte sino por haber luchado en cada pulgada”.

Joseph Carl Robnett (J.C.R.) “Lick” Licklider es considerado una de las figuras más importantes de la historia de la informática ya que entre otras cosas, proporcionó la visión para la creación de una red de ordenadores a nivel mundial antes de que fuera desarrollada, lo que dio lugar a Arpanet y posteriormente a Internet.

Me ha llamado mucho la atención la siguiente reflexión de Joseph Licklider: “La gente tiende a sobreestimar qué se puede hacer en un año y a subestimar qué se puede hacer en cinco o diez años”.

Soy de la opinión de que el corto plazo y las prisas hacen mucho daño al cumplimiento de objetivos. Lo realmente importante se tarda tiempo en conseguir porque es el resultado de la consecución de muchas metas intermedias.

La falta de paciencia destruye los objetivos y los sueños.

Detrás de todas las metas y objetivos que nos marcamos y luchamos se encuentra el propósito que sirve de motor a las mismas.

Al cumplimiento de un objetivo, aparecerán nuevos retos a los cuales seguirán otros. El propósito permanecerá, podrá tener algunos cambios, pero es como nuestra sombra ya que nos acompaña a todos lados.

El propósito no algo a corto, medio o largo plazo, sino que es aquello a lo que se pretende llegar, pero es atemporal, ya que se encuentra dentro de nosotros mismos, como un molde esperando a ser rellenado. El cumplimiento de nuestras metas reúne los ingredientes, los mezcla de la forma adecuada y los vierte en el recipiente.

¿Cuál es nuestro propósito?, ¿qué nos mueve?, identificarlo resulta fundamental porque de lo contrario es como tener delante nuestra un mapa, un vehículo pero no saber a dónde ir. Conocer el destino no lo es todo, hay que llegar allí y ahí es donde entramos nosotros para poner los medios adecuados para llegar a él.

Existen gestores que opinan que el esfuerzo de la organización para conseguir que los empleados sean productivos está ya incluido en el sueldo.

Esto podría ser en aquellos casos donde existe un variable que se pueda obtener mediante la consecución de hitos posibles cuyo logro es medible mediante criterios objetivos. Pero ni siquiera en estas circunstancias está hecho todo el trabajo, ya que después es necesario mantener un entorno productivo.

Sobre esto, lanzo una serie de preguntas y con la respuesta que vosotros mismos les deis, podréis llegar a la conclusión de cuánto hace vuestra organización por mejorar (o mantener) la productividad:

– ¿Conoce cada trabajador cuáles son los objetivos que tiene que cumplir en el ejercicio en curso?.

– ¿Se plantean al trabajador objetivos adicionales como resultado de tareas o trabajos que requieren una especial dedicación y/o que pueden ser críticos o importantes para la organización?.

– ¿Se premia al trabajador por la consecución de esos objetivos?.

– La consecución de objetivos, ¿es medible objetivamente?.

– Trabajadores que tienen un nivel de responsabilidad parecido, ¿tienen un reconocimiento por el cumplimiento de objetivos similar?.

– Un incumplimiento sistemático de objetivos, ¿tiene consecuencias?, ¿tiene consecuencias para unos empleados sí y otros no?.

– ¿Tienen empleados con un nivel de responsabilidad similar unas condiciones laborales similares?, es decir, ¿tienen un sueldo parecido?, ¿tienen una jornada laboral parecida?, ¿tienen el mismo número de picos de trabajo?.

Todo requiere un tiempo, solo que la mayoría de las veces no sabemos cuánto se necesita. No conocerlo da lugar a que se abandone antes de tiempo o que la impaciencia provoque que se modifique la planificación realizada para conseguir los objetivos que nos habíamos marcado.

No se trata de esperar indefinidamente ya que no siempre se alcanza lo que se quiere pero sí de analizar el por qué de las causas que han podido provocar que en el tiempo X que llevamos o que nos habíamos fijado para alcanzar nuestras metas, no hayamos logrado nuestros objetivos. Tras ese análisis se puede decidir si continuar con nuestra estrategia o variándola, redefinir los objetivos o abandonarlos y pensar en otro tipo de retos.

Lo más importante de todo es tener la conciencia de que todo requiere un tiempo de gestación, en el cual mediante la aplicación de una serie de acciones que hemos llevado a cabo en el mismo y teniendo siempre presente lo que queremos, se alcanzarán o no (porque nos hemos podido equivocar) los objetivos.

Lo que no se puede pretender es que todo se consiga de la noche a la mañana, hay que tener paciencia y trabajar de manera adecuada.

Para mi son dos conceptos distintos. Si se prioriza es porque existen unos objetivos que dan sentido a esas prioridades.

La situación contraria, en la que las prioridades condicionan los objetivos provoca una desviación de sus propósitos, ya que estarán supeditados a decisiones provocadas por el día a día, por el corto plazo, por las limitaciones del presente.

Es fundamental tener en cuenta cómo estamos para plantearnos a dónde queremos llegar, pero si antes de marcar el mapa con una X condicionamos nuestras actuaciones con prioridades del presente, nos quedaremos a mucha distancia de nuestro objetivo, en el caso además de que hayamos tenido la fortuna de elegir el rumbo adecuado.