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Otro antipatrón que revela la falta de experiencia de un programador o de un equipo de desarrollo es la acumulación a nivel de código fuente de funcionalidades de negocio en un elemento de la interfaz.

De esta forma no se consigue una adecuada separación de capas entre la vista y el negocio de manera que quedan acopladas y se dificulta en consecuencia el mantenimiento del elemento de la interfaz y en general de la propia aplicación si este antipatrón se ha aplicado de manera sistemática.

Si se aplica este principio de Sun Tzu en un proyecto de desarrollo de software precisamente lo que estás haciendo es sentar las bases precisamente para que haya una guerra entre los stakeholders, unos contra otros o todos entre sí.

Un proyecto no se puede basar en el engaño sino en la confianza.

El engaño puede funcionar para una parte hasta que es descubierto. En ese momento no le funciona ni a esa parte, ni a ninguna, ya que lo más probable es que el proyecto se estrelle salvo que se reaccione pronto, que salga del mismo quien o quienes han engañado y se intente, dentro del ambiente de recelo que se habrá creado, volver a construir la confianza (eso requerirá muchos más hechos que palabras).

Ahora bien, fuera de un proyecto, cuando lo que se trata es competir entre organizaciones dedicadas a este negocio que luchan por un determinado segmento del mercado y no tienen ningún tipo de alianza, estamos hablando de otra cosa, de la subsistencia de la propia empresa.

Eso nunca justificará, desde mi punto de vista, el engaño ante el usuario final de unos productos o de unos servicios, ya que de la misma forma que en un proyecto, eso supondrá más pronto que tarde la aniquilación de quien engaña (además de hacer un daño importante al negocio en general, ya que la credibilidad del mismo, se construye entre todos los que participan en él), si bien, el engaño o el despiste sí que lo puedo entender en un ambiente de competencia ya que no pretenderás ganar la partida si tu adversario conoce todas tus cartas y él tiene la oportunidad de cambiar o elegir las suyas.

Últimamente estamos observando en todos los sectores como hay determinados proveedores que están tirando los precios, poniendo además el sector en una situación complicada porque están acumulando bastante mercado y los resultados que están obteniendo no son nada positivos (restando credibilidad al resto).

Puede ser una estrategia comercial asumir ciertas pérdidas con el objetivo de conseguir determinados clientes, sin embargo, cuando se convierte en una estrategia global para conseguir negocio, podemos pensar, sin mucho riesgo a equivocarnos, que van a intentar no perder dinero en todos los casos.

¿Cómo se consigue la cuadratura del círculo? La única forma es poner a equipos donde el coste hora del desarrollador sea muy reducido y eso solo se consigue con personal con poca experiencia o cualificación.

Tanto para los que contratan como para los proveedores es importante que tengan en consideración un indicador que cita Barry Boehm y es que hay un factor de productividad superior a diez si estás haciendo un determinado trabajo, tarea o proyecto con personal cualificado en lugar de personal no cualificado.

Hay veces que la vida sonríe a la organización a la que pertenecemos o a nosotros, aparentemente sin grandes sacrificios se consiguen buenos resultados, incluso superiores a los esperados. Sin embargo, como la vida es una espiral de buenos y malos momentos, lo que antes se alcanzaba con las puntas de los dedos, ahora se encuentra a kilómetros de distancia.

Muy probablemente los buenos momentos tuvieron su por qué, realmente no vinieron solos, siempre hay una causa y un efecto. Tal vez estabas bien posicionado, tal vez las condiciones de mercado favorecían a tu organización, tus productos o tus servicios gustaban, estabas de moda, el equipo de trabajo se encontraba motivado y alineado con los objetivos de la organización, se tomaron buenas decisiones, se tenía menos competencia, se tenía hambre por conseguir cosas, etc…

Los malos momentos también tienen un origen y no necesariamente porque las condiciones externas hayan cambiado excesivamente. Hay que tener en cuenta que no estamos solos, estamos en mundo lleno de competencia y que evoluciona (tanto el mundo como la competencia). Si tus competidores se hacen más fuertes en términos de metodología, productividad, marketing, calidad, etc…, te terminarán superando y quitándote mercado y, más que probablemente, tus mayores talentos y/o tu personal más comprometido, lo que te hará caer en una espiral que de no salir pronto de ella puede dejar la organización en una situación muy difícil.

Llegará un día, por tanto, en que te des cuenta que tu competencia se ha multiplicado y el mercado al que puedes aspirar se ha reducido, ante esto solo queda actuar, analizar qué te ha llevado ahí, ser autocrítico y plantear un plan de acción y ejecutarlo. Esto podrá salir bien o mal, ya que lo mismo no se acierta o incluso acertando la situación era tan complicada que no se ha podido resolver, por lo menos con el nivel de satisfacción que hubiera sido deseable.

Lo que no te sacará de la situación comprometida es la simple espera de que vuelvan las condiciones que te hicieron tener éxito, eso es lo mismo que esperar que alguien o algo, que además no sabes quién es, te resuelva el problema. Si te quedas sentado, lo mejor que vas a conseguir va a ser una entrada de primera fila hacia la nada.

Tener buenas referencias es importante, tanto por lo que puedas presentarles a potenciales clientes como por la posibilidad de esos buenos clientes actúen, sin quererlo, como tus mejores comerciales.

Puedes tener un comercial excepcional, pero si una organización pide consulta a otra y da malas referencias, lo tienes complicado.

Las buenas referencias vienen a través de un trabajo o un producto de calidad en el que el cliente se encuentre satisfecho y vea que la inversión realizada ha merecido la pena, algo que en los momentos actuales es mucho más complicado que hace años, ya que las disponibilidades presupuestarias no son las mismas, lo que tiene como consecuencia un aumento de la exigencia.

¿Cómo se sabe que un cliente es bueno? Eso tienen que evaluarlos las personas con poder de decisión en la organización, que tendrán que analizar el posicionamiento y grado de influencia de la empresa a la que se le presta el servicio o se le vende el producto y su relación con otras.

Una vez que se llega a la conclusión de que el cliente puede merecer un trato especial, el siguiente paso será analizar hasta dónde llega la inversión, es decir, si el servicio requiere un nivel de calidad superior al contratado o tiene un alcance mayor (o se le quiere ofrecer), ¿hasta cuándo se puede llegar?. Es muy importante plantearse los límites porque de no hacerlo al final lo mismo no merece la pena.

Con productos es más sencillo, al fin y al cabo ya lo tienes hecho y lo que le estás ofreciendo es un acuerdo de licencias, aquí si puede haber más manga ancha y lo mismo hasta te interesa dejar la licencia a un precio simbólico (lo de darla gratis tiene como inconveniente que lo mismo desde el cliente no se termina de valorar como se merece lo que ha recibido).

Quiero matizar lo del gratis, ya que doy por hecho que el producto no es software libre (aunque el software libre no tenga por qué ser gratis) o tiene una versión comercial.

Cuando se trata de amor, cuando se trata de amistad sí que es entendible y hasta exigible que se esté para los buenos y para los malos momentos.

Si se trata de vínculos profesionales o comerciales debería ser diferente. De bien nacido es ser agradecido y por tanto se debe tener un trato especial con quien en circunstancias favorables se ha acordado de ti, pero dicho trato no debe suponer una pérdida económica que no sea asumible y eso lo debe entender la otra parte.

En el mundo de los negocios las adhesiones incondicionales no deben existir y si las hay se debe estar dispuesto a compartir con la otra parte un lugar en el limbo, ¿estás seguro que en caso contrario harían lo mismo por ti?.

Casi todo en la vida son transacciones. Yo te doy y espero que de alguna manera me lo devuelvas. No se trata de dinero o que te devuelvan exactamente lo mismo que has dado sino que de alguna manera te correspondan con algo que te sirva (y no todo lo que te sirve tiene que ser necesariamente útil).

El casi lo pone el amor. Cuando se ama se diluye el deseo de proporcionalidad. Se ama a pocas personas realmente, a tu pareja, tus hijos, tus padres, hermanos y algunos miembros de tu familia. Para todo lo demás, las relaciones se sustentan en el intercambio.

Si no entregas nada lo más probable es que no recibas nada, si entregas cosas buenas lo más probable es que te sean correspondidas y si no es así la relación terminará por difuminarse.