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Archivo de la etiqueta: Nicolás Maquiavelo

Los seres humanos somos impulsivos, siempre estamos en alerta para dar una respuesta y nuestros sensores son nuestros sentidos.

Sin embargo, la solución no pasa por una reacción directa, salvo en circunstancias que supongan un peligro real, sino que debe pasar a través del razonamiento, de la comprensión de las circunstancias, de su contexto y del problema de fondo. Se trata de unir piezas y no de tomar decisiones desde una visión parcial que probablemente nos proporcione una visión errónea o deformada de la realidad.

Llegar a eso requiere tener un control sobre nuestras emociones y saber medir adecuadamente los tiempos, esto no es nada sencillo, por eso nos equivocamos muchas veces, incluso siendo conscientes del problema de fondo que tiene la realización de acciones guiadas por impulsos.

Me parece muy interesante la siguiente cita de Nicolás Maquiavelo, que desde mi punto de vista, expone un hecho que marca la diferencia para ser un buen gestor: “En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven”.

Muchos equipos no funcionan porque el líder o sus líderes no dan ejemplo de lo que predican, lo que provoca una pérdida de confianza por parte de las personas que lo integran y también, y en última instancia, una falta de respeto: “me pides lo que no eres capaz de ofrecer”.

¿Cómo se puede pretender un sobreesfuerzo de un conjunto de personas si quién lo pide no es capaz de hacerlo?, ¿quién puede pretender implicación si quién lo pide no es capaz de implicarse?.

Quien guía debe ser el primero en recorrer el camino.

Ser un equipo consiste en estar todos a una, sí, cada uno con su rol, pero todos dispuestos a dar lo mejor de sí mismos y a cumplir las mismas reglas.

Nicolás Maquiavelo resume todo esto de la siguiente manera: “Es un mal ejemplo no observar una ley, sobre todo por parte del que la ha hecho”.

Decía Nicolás Maquiavelo que: “no puede haber grandes dificultades cuando abunda la buena voluntad”.

En el desarrollo de software es esencial la buena voluntad de las partes para tratar de conseguir buenos resultados, es cierto que después, podrán ser mejores o peores, pero en ese contexto el trabajo es mucho más fácil porque independientemente de los objetivos individuales de cada persona o de cada equipo, habrá un objetivo general que todos querrán alcanzar.

Con buena voluntad aumenta la empatía, se empieza a cimentar la confianza, se eliminan trabas a la comunicación y mejora la interacción entre las personas, algo fundamental para llevar adelante un proyecto de desarrollo de software en el que lo más importante para conseguir los objetivos son las personas.

En el momento en que las personas dejan de colaborar, empiezan a poner resistencias, a crear muros, a no cumplir con sus compromisos, la dificultad crece exponencialmente. Esto hace daño dentro de un equipo pero se convierte en insufrible cuando los equipos se enfrentan (por ejemplo desarrolladores y área usuaria) porque todo se ralentiza, se convierte en más burocrático, se multiplican las explicaciones, se incrementa o aparece el síndrome de la última versión, cada parte radicaliza sus posturas, los desarrolladores querrán salir cuanto antes del proyecto y el área usuaria si entiende que no se han alcanzado los objetivos no querrán que salgan nunca (un error, desde mi punto de vista por ambas partes, que deberían tratar de dar una salida lo más digna posible al proyecto).

La buena voluntad puede ser un estado inicial pero no es un estado permanente, todos son responsables de mantenerla independientemente de que haya (que los habrá) momentos de crisis.

Decía Nicolás Maquiavelo que: “Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten”.

Y es así, el enfrentamiento debe ser el último recurso si es que efectivamente se piensa que con ello se puede conseguir algo, ya que pocas veces se es vencedor absoluto y lo normal es que todas las partes en conflicto pierdan, aunque alguna crea que ha ganado.

Sucede muchas veces que se recurre directamente al enfrentamiento por creer que es el camino más corto y por entender que es lo más fácil, esa es la visión que el gigante cree tener sobre el débil y por eso recurre a ese atajo.

Sin embargo cada vez que se usa esa fuerza el gigante se hace cada vez más pequeño porque produce desconfianza no solo en los afectados directamente por sus actos o por sus decisiones, sino porque los observadores de esa situación empezarán a pensar que ellos pueden ser los siguientes y tomarán precauciones.

El enfrentamiento te aleja y cuando se trabaja en equipo es una de las causas principales de que dejen de funcionar y por ese motivo debe atajarse la situación cuanto antes.

Recuerda también que el liderazgo no se consigue con la fuerza. Con la fuerza solo consigues rehenes.

Contra el enfrentamiento está el diálogo, saber escuchar, entender que no siempre se tiene la razón y que la verdad absoluta no es un patrimonio propio.