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Archivo de la etiqueta: orientación a la contabilidad

Cuando la contabilidad en los proyectos se convierte en un mantra se corre el riesgo que los componentes del equipo pierdan su enfoque en el producto y se centren en los números.

Si en el equipo hay personas que son nuevas en este negocio, desde su inicio se le está marcando con fuego que lo que importa es que el proyecto sea rentable y que lo demás es secundario.

Quienes se hayan criado en la cultura del producto se sentirán frustrados cuando se les pida explícita o implícitamente que vayan terminando, incluso sabiendo que van a existir funcionalidades que no se van a entregar o que se sabe que no funcionan. Quienes se hayan criado en un ambiente libre de basura vivirán muy incómodos en un ambiente que genera basura.

El problema no es tener presente los números, es necesario hacer un seguimiento de los mismos, el problema es cuando el proyecto gira alrededor de los números y no del producto.

Es cierto que cuando un proyecto está mal vendido o cuando las condiciones impuestas por el cliente son muy negativas se produce un desequilibrio importante si se quiere aplicar la cultura del producto, ya que ir hasta las últimas consecuencias, lo cual es una apuesta muy importante y arriesgada, te puede traer consigo un proyecto con unos resultados catastróficos y esto en determinadas organizaciones puede suponer tener que despedir a gente, cuando no poner en juego su propia viabilidad.

¿Qué se hace en estos casos? La respuesta es difícil.

En primer lugar lo que hay que entender es que se tome la decisión que se tome, se trata de una decisión en el ámbito de un proyecto, es decir, si una organización o un equipo de proyecto tiene una cultura de trabajo orientada al producto, una actuación concreta no tiene por qué en tela de juicio una trayectoria.

Sin embargo hay que tener en cuenta dos cosas: Cuando se acumulan las excepciones se crea una trayectoria y que crear un precedente puede ser peligroso

En segundo lugar hay que analizar qué supone para la organización unas pérdidas en ese proyecto, ¿qué vale más el dinero que se va a perder o no seguir una estrategia y filosofía general de calidad en el producto?.

En tercer lugar hay que tratar de reconducir el proyecto en consenso con el cliente, habrá muchos que no acepten una renegociación (y en muchos casos estarán en su derecho, sobre todo si el precio no lo han puesto ellos) pero habrá otros que estarán dispuestos a poner de su parte para que el proyecto esté más equilibrado.

En cualquier caso, incluso en las circunstancias más extremas es necesario intentar conseguir la satisfacción del usuario o por lo menos aproximarnos a ella, eso es algo que no se debe despreciar nunca, hay que intentarlo, poner lo mejor de nosotros para conseguirlo, pero para eso es necesario creer en una cultura orientada a la calidad del producto.

Existen personas expertas en atribuirse méritos que les corresponden a otros (o que por lo menos no le pertenecen en exclusiva) y en no asumir culpas o errores (o compartirla con terceros) propios.

Estos ladrones de cuerpos aprovechan la gestión ineficiente de muchas organizaciones para medrar a sus anchas en las mismas y hay quienes llegan a sobrevivir el tiempo suficiente en ellas como para escalar tan alto que prácticamente les hace ser invulnerables y a la par hacer todavía más ineficientes a las mismas.

Los ladrones de cuerpos no tienden a llevarse bien entre sí, chocan, y eso genera tensiones que también afectan al funcionamiento de la organización. En ocasiones, como en “Los inmortales” se llega a tal punto que solo puede quedar uno, si bien, en otros casos, se opta por la creación de taifas que permite a cada uno, gestionar un área de trabajo o unos determinados tipos de clientes que hacen que los problemas solo aparezcan ante la aparición de conflictos de intereses.

Los ladrones de cuerpos han prosperado en épocas de bonanza económica en la cual los ingresos económicos eran tales que camuflaban la mediocridad y en donde factores como la motivación, la productividad y el cuidado de tu equipo y del cliente eran secundarios ante modelos de gestión orientados a la contabilidad. Total si salía mal un proyecto casi seguro que el cliente iba a poner más dinero, si se perdía un cliente seguro que tras él se encontraba otro, si salía un miembro del equipo entraría otro, tal vez no tan bueno, pero probablemente más barato.

Hoy día el contexto no es tan favorable a los ladrones de cuerpos, hoy en día la importancia de que los equipos funcionen es fundamental y para eso se requiere compromiso y confianza. Pese a esto, seguirán apareciendo y dependerá muy mucho de los gestores, que esta especie invasora entre en peligro de extinción.

Todavía hay algo peor que la orientación a la contabilidad y es la orientación a la nada.

A esto se llega cuando ya no solo desprecias al producto y al cliente, sino que desprecias a tu propia organización, no importándote siquiera que su balance sea positivo o negativo.

Las personas que forman parte de este antipatrón, solo tienen una preocupación, mantener su puesto de trabajo mientras les interese mantenerlo pero con el menor esfuerzo posible, aunque eso lleve a cargar sobre otros responsabilidades que le corresponden, a falsear datos o a aparentar la realización de unos esfuerzos que son solo eso, apariencia, como una caja de bombones sin nada dentro.

Cuando nos olvidamos del producto y del cliente y solo se piensa en los beneficios es cuando entramos de lleno en este antipatrón.

De hecho, para muchos, demasiados diría yo, que están en este negocio, el producto y el cliente son solo un mal necesario que hay que pasar para ganar dinero. El daño que le está haciendo este tipo de personas a este sector va a requerir mucho tiempo y muchos esfuerzo para intentar recuperar de nuevo un equilibrio y un prestigio que ha desaparecido.

Cuando se tiene una empresa se quiere ganar dinero con ella, ese no es el problema, sino la forma o el método empleado para conseguirlo, el cual si se aleja del producto y del cliente, salvo que tengas muy buenos contactos, podrá producir unos resultados razonables a corto plazo, tal vez a medio, pero nefastos a largo.

El beneficio debe ser el resultado de creer en el producto en que se desarrolla y en conseguir la satisfacción del cliente, ese beneficio atrae más beneficio. Otro tipo de prácticas, han devaluado nuestro sector, con precios basura que favorece precisamente a quien hace basura, lo que tenemos que preguntarnos es si queremos seguir desarrollando basura o queremos realmente hacer software de calidad y crecer con el mismo.

La orientación a la calidad del producto y a la satisfacción del cliente requiere en primer lugar una creencia firme en que los objetivos se consiguen a partir del cumplimiento sistemático de esa meta y en segundo lugar para romper las barreras de los precios basura hay que competir a través de un gran productividad de los equipos de proyecto (productividad no es igual a echar a más horas, productividad es ser eficiente) cuyo combustible sea personal con talento, implicado con la idea de la empresa, implicado con el producto, implicado con las satisfacción del cliente, motivado y con recursos de proceso, formativos, metodológicos y de arquitectura que permitan hacer más con menos.

Lo más importante en el desarrollo de un producto software es que el cliente se encuentre satisfecho con el mismo y para ello es necesario para empezar que el mismo funcione y cumpla sus expectativas.

Sin embargo, si solo nos quedamos en eso corremos el riesgo de caer en este antipatrón, aquel en el que se piensa que todo lo que está detrás de la interfaz de usuario no importa y que lo fundamental es ejecutar el trabajo, después ya le tocará a otro mantenerlo y a otros sufrir una arquitectura inestable.

No debe ser así, un desarrollo orientado a la contabilidad, a los beneficios tal vez pueda encontrar justificación a actuar de esa manera, pero un desarrollo orientado a la calidad integral del producto y del servicio que proporcionamos a un cliente nunca debería encontrar justificación a entregar un software con esas deficiencias.