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Archivo de la etiqueta: pruebas de implantación

Hace poco expuse en un artículo lo que eran las pruebas de aceptación. En muchos casos, se utiliza indistantemente un término u otro para referirse a lo mismo, en otros, su alcance está solapado. Respeto a quien maneja dichos conceptos como crea conveniente. Tanto en este artículo como en el anterior, les voy a dar el sentido (acertado o no) que creo más adecuado para cada uno.

Para empezar, ¿por qué la confusión entre un término y otro? Pues principalmente porque suelen venir en el mismo plan de pruebas y ejecutado por las mismas personas, sin embargo la orientación de un tipo de pruebas y la otra es distinta.

Las pruebas de implantación están orientadas a una revisión de requisitos no funcionales del producto en un entorno de preproducción de calidad. ¿Por qué de calidad? Un entorno de estas características que sea muy distinto al de producción o cuyos resultados no sean extrapolables al mismo provocará en muchos casos conclusiones erróneas y en otro generará muchas dudas sobre el cumplimiento o no de las especificaciones no funcionales.

De esta forma, se considerarán pruebas de implantación por ejemplo, las pruebas de carga o stress, las relacionadas con la seguridad del sistema, etc…

Si un producto no supera las pruebas de implantación establecidas (para ello se requiere la definición de umbrales de cada métrica cualitativa o cuantitativa que se decida medir) no debería pasarse a producción aunque supere las pruebas de aceptación (que se podrían desarrollar en paralelo a las pruebas de sistema), de las cuales también se podría obtener un feedback interesante para las pruebas de implantación, ya que las acciones de los usuarios en las aplicaciones son imprevisibles y el valor de su testing (adicional a la propia validación de requisitos) puede ser muy importante.

Uno de los aspectos que más me preocupan en el desarrollo de proyectos informáticos es que el producto llegue al entorno de producción con el menor número de errores funcionales, que tenga un buen rendimiento y sea fácilmente mantenible a nivel de código y de documentación.

Esto que parece de perogrullo, es tremendamente difícil sobre todo si nos encontramos con proyectos de una gran envergadura con un parque de usuarios heterogéneo en localizaciones dispersas con distintos nivel de calidad en su ancho de banda.

Después de analizar las metodologías de desarrollo clásicas como Métrica v.3 y tratar de hacer uso de ella en mis proyectos (más bien un subconjunto de ella, pero aunque sea un subconjunto, por definición de Métrica v.3 sigue siendo Métrica v.3) he llegado a la conclusión de que sin ser una mala opción, hay algunos aspectos que sí es conveniente centrarse y en otros menos:

– Plan de proyecto. Contendrá el cronograma del proyecto (lo mejor es que ese cronograma se mantenga con una herramienta informática compartida: Redmine, dotProject, etc…), por lo que valdrá con una referencia a la url donde se puede seguir el cronograma del proyecto, el equipo de proyecto (igualmente lo mejor es que ese equipo de proyecto se vaya actualizando, por tanto lo mejor es una herramienta informática compartida y si es la misma que la del cronograma, mejor que mejor y se sepa si así lo desea el cliente su imputación de horas al proyecto) y la documentación que deberá acompañar al proyecto.

– Lo fundamental en un proyecto de desarrollo de software son los requisitos. La empresa que posea analistas con la suficiente capacidad para obtener del usuario lo que quiere (cosa tremendamente difícil) tienen una ventaja muy importante respecto a sus competidores. Este catálogo de requisitos es fundamental tenerlo actualizado en todas las fases del proyecto, incluido el mantenimiento. Si es necesario dedicar tiempo a una fase del proyecto concreta esta es el análisis de requisitos. El catálogo de requisitos debe ser completo y fácilmente inteligible por el usuario. Si hay presupuesto en el proyecto y puede facilitar el proceso de desarrollo el analista puede trabajar con los diagramas de casos de uso.

– Modelo de datos. Muy importante tenerlo documentado en la versión 1 del proyecto. Para posteriores versiones, si en el mantenimiento hay presupuesto y tiempo (aspectos no siempre disponibles) se puede mantener la documentación del modelo de datos, en caso contrario no pasa nada, siempre hay herramientas que te los puede obtener por ingeniería inversa a través de la base de datos.

– Interfaz de usuario. Es fundamental que el usuario conozca y valide la interfaz de usuario, ya que es donde ellos van a trabajar, de nada vale saber lo que quiere el usuario si después la interfaz de usuario no es ágil. Por este motivo también conviene invertir en esta fase del proyecto. Cuanto más se aproxime esta interfaz de usuario a su implementación real, más conciencia tendrá el usuario de lo que se va a encontrar y por tanto más posibilidades de éxito existen en el proyecto.

– Arquitectura del sistema. Debe ser breve, conciso y cuanto más gráfico mejor. Es importante para proyectos donde se deleguen funcionalidades en terceras herramientas (motor de tramitación, plataformas de autenticación y firma electrónica, etc…).

– Plan de pruebas (unitarias, integración, sistema, implantación y aceptación). Aunque es una realidad que nosotros, los clientes, tengamos nuestros propios medios para garantizar la calidad de las entregas, son absolutamente necesarias dos premisas: Que la empresa desarrolladora realice un primer filtro de pruebas muy importante (nunca es perdido el tiempo que se dedica a probar) y que se entregue un manual de pruebas al cliente donde como mínimo se pueda garantizar, tras realizar las pruebas, que el sistema funciona y que además verifica los requisitos funcionales y no funcionales más importantes.

– Manual de usuario. Debe estar siempre actualizado. Ser muy completo y tener casos de uso reales en los que se refleje, al menos, el 90% de la casuística del programa. Si el manual está accesible on-line por los usuarios mejor que mejor, independientemente de eso es aconsejable que sea también fácilmente imprimible.

A todo lo anterior es necesario sumar la necesidad de utilizar un sistema de control de versiones buenos, como por ejemplo Subversion y hacer un buen uso del mismo (política correcta de etiquetado de versiones, etc…), utilizar unos mecanismos estándar para el despliegue de los proyectos: MAVEN + Hudson + Artifactory, por ejemplo y algo fundamental, un libro blanco de desarrollo que homogeinice los desarrollos que se realizan para tu organización.