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Archivo de la etiqueta: resiliencia

Larry Bernstein ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en Bell Laboratories donde ha desempeñado el puesto de director técnico del área de negocios de sistemas operativos y director ejecutivo. En la actualidad es profesor investigador en el Instituto de Tecnología Stevens en New Jersey.

Lo seguiré repitiendo artículo tras artículo, como un mantra, lo más importante en los proyectos de desarrollo de software son las personas. Por eso es importante que funcionen tanto a nivel individual, como en el grupo al que pertenezca (equipo de proyecto, usuario, responsables técnicos del cliente, etc…), como en las relaciones de esos grupos entre sí.

Si la comunicación o la confianza entre los grupos no es buena, el proyecto necesariamente se resiente. Uno puede ser muy profesional e intentar dar lo mejor de uno mismo, pero no terminas de exprimir tu capacidad, tu potencial, tus ganas si no te sientes respetado por aquellos con quienes trabajas. Si te tratan mal, cada vez será más complicado enfocar tu energía para intentar ser lo más eficiente posible en el trabajo. Podemos tener técnica, resiliencia, experiencia, pero somos seres humanos y los sentimientos y emociones no pueden esconderse siempre porque aunque intentemos obviarlos, estarán ahí.

Larry Bernstein, a lo largo de su extensa trayectoria profesional habrá trabajado en proyectos de diferente tipo y en las más variadas circunstancias y por eso hay que darle valor a su siguiente reflexión: “Las buenas relaciones con el cliente permiten doblar la productividad”.

Nuestra productividad alta o baja no tiene efectos exclusivamente sobre nosotros mismos, sino que también tiene un efecto a nuestro alrededor, de la misma forma que la de los demás también influye en nosotros.

Se suele trabajar en equipo y cuando alguien falla o destaca inevitablemente tiene efectos sobre los demás.

Cada uno de nosotros tiene una capacidad de empuje, una motivación, un nivel de resiliencia, una experiencia, unos conocimientos, una técnica y podemos ser más o menos ajenos a lo que pasa en nuestro proyecto y mantener durante más tiempo nuestra regularidad, sin embargo resulta a largo plazo poder mantener un nivel aceptable de productividad cuando la teoría de las ventanas rotas se ha instaurado en nuestro contexto laboral y la improductividad solo trae más improductividad.

También será complicado que no mejoremos si los hábitos y la capacidad de nuestro entorno son favorables.

Estas características provocan que las caídas o subidas de productividad en un departamento o en una organización sean muy sensibles, ya que tiene influencia no solo sobre personas concretas, sino en equipos de trabajo completos. Es necesario, por tanto, darle al capital humano el valor que se merece.

Las organizaciones para ser competitivas deben estar orientadas a la productividad, poniendo los medios adecuados para poder evaluarla y no dejando su valoración en percepciones personales y subjetivas.

Productividad no es aumentar la carga de trabajo sin más, sino sacar el mayor rendimiento posible de las personas. Se obtienen mejores resultados, aumentando la motivación, que a través del overtime o de la asignación de una carga de trabajo superior a la que que se puede afrontar en una jornada laboral normal (incluso siendo muy productivo).

Todo el mundo tiene días malos, donde uno no rinde todo lo que quisiera, en los que no se alcanza ese umbral mínimo de productividad que cada uno tiene como referencia.

A veces no se trata solo de días, pueden ser semanas o en general una mala racha.

No somos robots y la vida no es una línea recta. Nuestra experiencia, nuestra capacidad de control sobre nosotros mismos, nuestro oficio, nuestra resiliencia, nuestro orgullo, nuestras ganas, pueden hacer que nuestro bajón de rendimiento no sea tan acusado y que volvamos en el menor tiempo posible a tener unos niveles de productividad próximos a los que veníamos desempañando.

Como los malos y los buenos momentos, cada uno de ellos con duración variable, vendrán, soy de la opinión que la productividad es también una cuestión de regularidad, en la que nuestra capacidad de sacar trabajo adelante con eficacia no se debe ver afectada por el hecho de tener un mal día, una mala semana o un mal proyecto. Por supuesto que si no alcanzamos objetivos personales o de empresa (sobre todo estos últimos) pueden tener repercusión, pero como la productividad es regularidad, si mantenemos nuestro nivel revertiremos la situación.

Se entiende por resiliencia a la capacidad de los individuos de sobreponerse a situaciones adversas de cualquier índole.

Todos en nuestra vida pasamos por muchos períodos negativos, de igual manera que también pasamos por muy buenos momentos, lo que pasa es que cuando estamos bien todo parece efímero y cuando estamos mal todo parece eterno.

Superar los malos momentos es fruto de nuestra resiliencia, del espíritu de supervivencia del ser humano, de la propia vida, que avanza sin mirar atrás.

No todas las personas son igual de resilientes, es decir, no todas tienen la misma capacidad de sobreponerse a circunstancias contrarias o desestabilizadoras, por lo que pasan por malos momentos que pueden durar bastante tiempo.

¿Hay algo malo en no tener desarrollada la capacidad de resiliencia hasta tal punto de que los malos acontecimientos sean más fácilmente superables? Lo único malo es que se sufre más (que no es poco), pero somos seres humanos y tenemos debilidades y por lo tanto podemos permitirnos el “lujo” de no ser insensibles a lo que nos rodea o nos acontece.

La resiliencia es objeto de estudio porque se considera en algunos ámbitos, como por ejemplo, los negocios como una virtud cuando se es capaz de ofrecer de mantener la serenidad y la calma ante situaciones complicadas. También en el campo de la psicología tiene su importancia en cuanto al descubrimiento de factores que nos hagan más resilientes facilitará los períodos de recuperación ante circunstancias que nos afecten negativamente.