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Archivo de la etiqueta: resultados

El esfuerzo denota intención, ganas, el deseo por mejorar y querer conseguir unos objetivos y como tal se debe valorar.

Desgraciadamente, cuanto más lejos está la gestión de las trincheras, más borroso se hace el trabajo que hace cada uno y se confunde la gente que se esfuerza y los que se esfuerzan por aparentar que se esfuerzan.

El efecto desmotivador que tiene esto es devastador.

Sin embargo, al final de todo están los resultados. Deming realizó una reflexión demoledora sobre esto: “Estamos siendo arruinados por los mejores esfuerzos”, viniendo a decir que los resultados son los verdaderos jueces de todo esto.

Como decía antes, el esfuerzo se debe valorar pero tarde o temprano tendrás que conseguir resultados. El esfuerzo te dará más cuerda, pero nada más.

Con esfuerzo la recompensa llegará, tal vez no ahora, tal vez no en este proyecto o en esta organización, pero llegará. Para ello, tendrás que asumir la derrota pese a haberte dejado la piel, aprender de los errores (si no es imposible), volverte a levantar y seguir intentándolo con esa actitud.

Hay una cita de Steve Jobs que me parece rotunda: “Estoy tan orgulloso de lo que no hacemos como de lo que hacemos”.

Enfocar los esfuerzos hacia lo realmente importante, hacia aquellas tareas y proyectos que sabemos que podemos hacer bien, que nos pueden proporcionar un beneficio y eliminar todas aquellas que son una carga permitirá optimizar el rendimiento y los resultados.

Saber a qué decir que sí y saber a qué decir que no, es tan importante tanto a nivel de decisiones tácticas o estratégicas a nivel organizativo como dentro de un proyecto.

Eliminar lo intrascendente, lo que requiere un gran esfuerzo a cambio de resultados mediocres, permitirá que nos centremos en hacer mejor lo que realmente resulta importante.

Menos es más si sabemos donde orientar nuestra dedicación.

Lo fácil es asociar un incremento de la jornada laboral a un intento por incrementar la productividad en lugar de aplicar otras estrategias que probablemente tendrían mejores resultados.

La productividad es la capacidad de generar más resultados efectivos (que sirvan) por unidad de tiempo. Con esta definición se podrá pensar: “Bien, si es capaz de hacer X en t, si le incremento un 10% t, x también se incrementará en un 10%”.

Error.

Tal vez en máquinas eso funcione, pero en personas no. Nadie es capaz de mantener un ritmo de manera sostenida (sí de tener una media o una regularidad), un incremento de horas tal vez permita generar a corto plazo más trabajo efectivo, pero ¿y a la larga? lo más normal es que la productividad se diluya entre el número de horas de la jornada laboral.

¿Quieres hacer a la gente más productiva?, ¿quieres que superen la media de la organización? Para empezar no los desmotives (es importante este detalle, comento que lo primero que hay que hacer antes de motivarles es no desmotivarles porque desgraciadamente se tiene la tendencia a que las decisiones que se toman, más allá de motivar producen el efecto contrario) y a continuación premia de manera objetiva el cumplimiento de resultados.

Y conseguir los resultados no es lo mismo que ejecutar trabajos. Para ejecutar trabajos ya te pagan, la bonificación debe llegar cuando se superan unos objetivos que van más allá de lo normal, así como las penalizaciones deberán llegar cuando el rendimiento sea inferior a lo esperado.

Más tiempo, ¿más productividad? No, más tiempo, mayor temperatura en la silla.

¿Asegura la productividad buenos resultados individuales o colectivos? Desde mi punto de vista, la productividad es una variable importante para alcanzar objetivos pero no es el único factor que condiciona los resultados.

Se ha podido sacar mucho trabajo adelante por unidad de tiempo y además estar bien realizado pero si el enfoque que se ha dado no ha sido el adecuado es posible que no se consigan los objetivos de la organización (el proyecto no ha salido bien) e individuales (si el proyecto no sale bien es complicado que individualidades destaquen, salvo que hayan logrado evitar una caída al precipicio).

En el ámbito de una organización los resultados que se obtienen de manera general y los que se obtienen en los proyectos que has participado condicionarán mucho tus resultados individuales, es decir, has podido estar a la altura, rendir como el que más, pero si en conjunto la cosa no marcha será complicado obtener más recompensa individual que el hecho de haber seguido progresando y evolucionando como persona y como profesional a través del conocimiento y experiencia que te ha proporcionado la tarea realizada (que no es poco pero que sienta mejor con reconocimientos de carácter tangible).

Hay que estar preparado para ser productivo y que no se consigan resultados. Esto puede dar lugar a pérdida de motivación porque existe un riesgo elevado de caer en una dinámica perdedora o conformista (que al final es lo mismo) pero hay que analizar el por qué no se alcanzan esos resultados y cuál ha sido realmente tu papel.

Si has hecho tu trabajo bien, de manera eficiente y productiva y no salen las cosas, ¿te has parado a pensar que hubiera ocurrido si realmente no le hubieras puesto la implicación, interés y ganas con que has hecho tus tareas?, hubiera ido mucho peor. El problema de esto es que cuando los resultados son negativos resulta complicado ver algo en el fango.

Las empresas tienen como objetivo ganar dinero, cuanto más mejor. Si hay personas que se juegan su capital, si hay accionistas que realizan inversiones, lo normal es que quieran recuperarlo más un tanto por ciento de interés.

El romanticismo está reñido con el dinero, sin embargo tras los proveedores hay personas, equipos de proyecto y con ellos el trato es diferente. Ellos tienen las instrucciones de intentar que el proyecto sea lo más rentable posible y después a ellos le pedirán cuentas por los resultados obtenidos.

Los números son fríos y te pueden aupar o hundir de manera injusta si detrás de quienes lo analizan no ven más allá de ellos. Se puede tener unos resultados excelentes en un proyecto pero a costa de futuros negocios con el cliente y se pueden tener resultados no tan buenos pero dejar muchas puertas abiertas a nuevos contratos.

Por encima de los números debe estar la satisfacción del cliente. Como es lógico no vale todo, hay que establecer unos límites, no se puede tirar el dinero para dejar contento al cliente, salvo que detrás del trabajo haya otros que lo permitan recuperar (y con creces), esto hay que analizarlo y quien lo debe hacer no es el jefe de proyectos, sino quien maneje el estado de la cuenta con el cliente. El trabajo bien hecho persiste, el que solo persigue ganar el mayor dinero posible si se hace descuidando los resultados, lo único que deja perenne es un muro con el cliente.

La satisfacción del cliente es una inversión, para ese y para otros. El mejor comercial es un cliente que le habla bien a otro de tu empresa. El proveedor debe evaluar los riesgos, debe intentar hacer los proyectos rentables pero sin olvidar que el servicio debe ser el mejor posible. La clave es alcanzar el equilibrio, no es fácil, si lo fuera todas las empresas tendrían un éxito continuo y no es así.

En un mercado con tanta competencia, no basta con ser bueno, ya que los competidores también lo son, hay que destacar, marcar la diferencia, eso se puede conseguir de muchas formas, pero la más segura es conseguir la satisfacción del cliente.

Hace unos días Juan Roig, presidente de Mercadona, indicaba que los problemas económicos de España continuarán hasta que se solucione la falta de productividad de nuestras organizaciones, tanto públicas como privadas. Estas palabras es conveniente tomarlas en serio porque proceden de un gestor que ha conseguido que su empresa obtenga más beneficios que El Corte Inglés.

No existe una cultura orientada a la productividad en muchas organizaciones, las promociones, los aumentos de sueldo, etc… están ligados en la mayoría de los casos a criterios subjetivos, sin una base que lo sustente, lo que da lugar a que aquellos que sean más amigos de, hayan hecho más la pelota a, hayan aparentado más o que simplemente estén en el sitio justo en el momento adecuado son lo que terminan teniendo mejores condiciones laborales, ascensos y aumentos de sueldo.

Esto supone una lacra para la productividad de las organizaciones porque termina por desmotivar a la gente más comprometida y productiva, los cuales se terminan buscando otro puesto de trabajo y si se quedan reducen su capacidad de obtener resultados, ya que al fin y al cabo, le van a pagar igual independientemente de lo que se esfuercen. Hay muchas veces que se olvida que la capacidad de encaje de una persona no es infinita.

Es más cómodo gestionar sin tener en cuenta la productividad y los resultados, en primer lugar porque requiere menos esfuerzo (no es necesario realizar análisis) y en segundo lugar porque es menos comprometido y te hace pasar peores momentos, ¿qué pasa si tienes que priorizar el ascenso o el aumento de sueldo de personal que tal vez hace menos ruido, pero es capaz de llevar a sus espaldas un montón de trabajo bien hecho, que el de otra persona más próxima a ti y/o que se está continuamente quejando de sus condiciones, aunque no haya hecho absolutamente nada para merecerlo (o que incluso debería estar dando gracias todos los días por conservar su puesto de trabajo)?.

La gestión no orientada a la productividad y a los resultados, puede funcionar en tiempos de extrema abundancia económica, en los que el negocio casi que viene maś a ti que tu a él, pero cuando la burbuja se rompe y la realidad que se escondía tras ella, sale a relucir, o se cambia y se evoluciona o se está condenado a malvivir o desaparecer.

El único combustible de larga duración de la productividad somos nosotros mismos. Nuestra visión sobre el trabajo, sobre lo que creemos que debemos hacer y comportarnos y los objetivos personales que nos fijemos son el verdadero motor de nuestros actos en el ámbito laboral y lo que nos ayudará a continuar de esta forma. También nuestra formación y experiencia personal y profesional contribuirán a su durabilidad.

Hay acelerantes de la productividad, como por ejemplo notar que se consiguen resultados, el reconocimiento, la consecución de objetivos parciales o finales, etc… que incrementan la motivación y como consecuencia la productividad. Estas circunstancias son como chispas, pueden incrementar nuestra productividad un tiempo, pero una vez pasado su efecto se volverá al estado anterior (en el mejor de los casos) ya que en ocasiones estos subidones tienen como efecto secundario su adicción de manera que si no sentimos una de estas circunstancias puede ocurrir que entremos en un bucle de dudas (¿lo estaré haciendo bien?, ¿sirve para algo todo esto?, ¿por qué me cuesta tanto sacar adelante esta tarea?, ¿por qué ahora no me dicen que les gusta lo que hago?, etc…) que dará lugar a una reducción de nuestro rendimiento, principalmente por una pérdida de confianza en nosotros mismos (algo totalmente injustificado ya que la confianza no es algo que transmita un virus o nos llegue por ósmosis, la confianza nos la creamos nosotros mismos y nadie más, por mucho que nos digan que hacemos bien o mal nuestro trabajo, la única valoración que debe valer para nuestras tareas es la que nos hagamos nosotros mismos y cada uno de nosotros sabemos si hemos podido dar en un proyecto o en una tarea todo lo que se podía acorde a las circunstancias individuales de cada uno y del contexto del trabajo encomendado).

También hay retardantes de la productividad como el hecho de que no se valore de manera objetiva o justa nuestro trabajo de manera que impida la consecución de determinados hitos u objetivos personales, como por ejemplo, ascensos, mejoras de las condiciones laborales, aumentos de sueldo, etc… Cada uno de nosotros conoce perfectamente, tal y como he comentado en el párrafo anterior lo que nos merecemos en el ámbito laboral, para ello es necesario hacer autocrítica y mirar con una visión imparcial hacia afuera (lo mismo he trabajado bien, pero hay otros que lo han hecho mejor, lo mismo he trabajado bien pero las circunstancias de la organización no me permiten cumplir los objetivos). Si percibimos que se ha sido injusto con nosotros, eso crea desmotivación y desconfianza lo que tendrá efectos negativos en la productividad (y más duraderos que la chispa que mencionaba anteriormente, ya que la rabia tarda más en eliminarse). Al final, para alcanzar de nuevo el equilibrio ya sea en la misma organización o en otra (si se decide cambiar de aires al no atisbar vías de solución) es siempre importante la existencia de esa base personal que constituye la productividad de cada individuo.