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Archivo de la etiqueta: ritmo

Cada canción tiene su tempo y fuera de él ya no suena igual de bien. Cada proyecto también lo tiene y puede variar en función de su contexto.

Es muy difícil conseguir ese ritmo porque queramos o no siempre vamos detrás de las circunstancias que rodean al proyecto. Podremos gestionar riesgos (algo que es recomendable) pero no podremos salvar todos.

Y no solo es cuestión de un ritmo de proyecto, sino de nuestro propio ritmo dentro de él, porque aunque seamos solo una parte del mismo y creamos que nuestro papel no es tan trascendente, sí que lo es. Es cierto que el peso dependerá del rol que desempeñemos, pero lo que se construye es la suma de los ladrillos que ponemos (y quitamos).

Ir muy rápido no es sinónimo de ir bien, tener un buena velocidad es positiva si se incrementa el valor del producto de manera proporcional a la inversión realizada, con una deuda técnica adecuada a las características del proyecto y de los recursos disponibles.

Miyamoto Musashi, realizó la siguiente reflexión (traducción libre): “Cualquiera que sea el camino, el maestro de la estrategia no parece rápido… Por supuesto, la lentitud es mala. La gente realmente hábil nunca llega fuera de tiempo, todo lo hacen con intención, y nunca parecen ocupados”.

Desarrollar software requiere una cierta estabilidad, todavía más si cabe cuando el proyecto es complejo e intervienen diferentes equipos de trabajo.

Estabilidad no es renunciar a la adaptación al cambio, sino es mantener una línea de trabajo y una coherencia. Claro que es posible elegir lo que se va a desarrollar en la próxima iteración, aunque eso suponga rehacer funcionalidades ya implementadas. Lo importante es que el responsable funcional conozca las consecuencias y el coste y asuma sus responsabilidades como también debe hacerlo el equipo de desarrollo en caso de que se equivoque.

Los bandazos son el resultado de que se produzcan con frecuencia: cambios de prioridades o parones dentro de un sprint, parones entre iteraciones, cambios de interlocutores, cambios de enfoque radicales en las expectativas u objetivos del proyecto, cambios en capacidad de esfuerzo que puede asumir el equipo, etc…

No se trata, insisto, de eludir o rechazar la adaptación al cambio, se trata de que los cambios sean razonados y no fruto de caprichos o negligencias.

Los equipos para poder rendir de manera adecuada necesitan tener un ritmo. Las paradas y arranques, los continuos cambios de criterio, no benefician en nada a la capacidad de producción de los equipos y al proyecto e inciden en costes evitables ya que todo camino iniciado y no culminado requiere de nuevo volver al punto de origen y eso no es gratis.